Reportaje:FÚTBOL | La azarosa historia del mejor portero de todos los tiempos, según Bobby Charlton

El soldado alemán que conquistó Inglaterra

Desde su retiro en Castellón, Trautmann cuenta, a los 82 años, su vida: fue prisionero tres años de los ingleses y después triunfó en Wembley

Desde la terraza de su casa de Almenara, en Castellón, Bert Trautmann, alemán, contempla el mar a unos 30 metros mientras cuenta en un fluido inglés su fascinante historia. A los 82 años, conserva la mente lúcida y el cuerpo enjuto -mide 1,87 metros- en recuerdo de aquel gran portero que fue. El mejor que pasó por el mítico estadio de Wembley, según la asociación del fútbol inglés.

El viejo Trautmann empieza el relato por la enorme manifestación en su contra que se organizó en Manchester en 1949: unas 50.000 personas salieron a la calle con pancartas que amenazaban con boicotear al club, el Manchester City, si fichaba finalmente a aquel prisionero. "El primer partido lo jugué fuera de casa, con el equipo de los reservas, y vinieron a verme 27.000 personas, cifra récord para un filial", recuerda con una sonrisa de satisfacción; "lo más gracioso es que ni ellos ni yo sabíamos que iba a convertirme en un gran portero".

Ganó la Copa en 1956 con una vértebra del cuello rota: "Si lo hubiera sabido... Peligraba mi vida"

Cómo iba a saberlo. Tenía entonces 26 años y apenas había empezado a probar de guardameta. Por casualidad, mientras mataba el rato en un partidillo con sus compañeros del Prisoner of War Camp 50, en una zona entre Liverpool y Manchester, se lesionó y decidió ponerse bajo los palos: "Fue la primera vez, aunque antes, de pequeño, había practicado el balonmano, el tenis, toda clase de deportes. Era un atleta natural". Fue el principio de una rutilante carrera que prolongó hasta los 41 años.

El sargento paracaidista alemán Bert Trautmann fue apresado por el ejército aliado el 25 de marzo de 1945, cerca del río Rin, en Alemania, cinco semanas antes del final de la Segunda Guerra Mundial: "Estaba feliz. Fue una liberación para mí. Un alivio. Estaba cansado de huir. Me había escapado dos veces. En Rusia me capturaron y nos usaron para reparar las carreteras. Después atacaron los alemanes y me escapé. En Francia me pasó algo parecido. La situación cambiaba muy rápido. De todo el tiempo que estuve en la guerra, de 1940 a 1945, en la línea de frente sólo pasaría tres meses. A veces estaba tan cansado que caminaba y dormía a la vez". ¿Llegó a matar a alguien? "No; los muertos no se ven. Tú disparas y no sabes ni dónde va. Y, cuando coges prisioneros, piensas que tienen madre y padre como tú. Los aliados me enviaron primero una semana a Bélgica, a una vieja fábrica de ladrillos. Y a mitad de febrero, a Inglaterra. Las condiciones de vida fueron buenas en mis tres años de prisionero. Trabajé en granjas y fui conductor de un comandante".

Comenzó, cómo no, a practicar el fútbol en Inglaterra: "Jugamos contra aficionados ingleses y, tres años después, me fichó el Saint Helen's, de Regional. Cuando me liberaron, me presenté voluntario un año más como desactivador de bombas para el Gobierno británico. Me querían cinco grandes clubes: entre ellos el Arsenal y el Tottenham. Opté por el Manchester City porque en Inglaterra se dice que, cuanto más al norte, mejor es la gente". No quiso volver a Alemania: "Mi casa había sido bombardeada y no tenía ni para ropa. Al menos, en Inglaterra sí podía comprármela". Un año y tres meses después fichó por el City, "un equipo modesto que me permitió lucirme porque nos disparaban mucho". Y pasó en él 15 años.

El agradecimiento de Trautmann al pueblo británico es intenso: "El mayor honor para mí fue que me aceptaran como ser humano. En aquellos días era muy difícil. Había mucho odio. Me siento más inglés que alemán porque fueron muy justos conmigo. Fui muy afortunado de salir vivo de la guerra. Mi educación comenzó cuando llegué a Inglaterra. Y consistió en ir a hablar con la gente, a contarles mi vida". En 2004, la reina Isabel II le nombró Oficial del Imperio Británico. ¿Le molesta que le llamen nazi? "Me lo llamaron al principio. Hasta que empecé a explicarles que yo, a esa edad, no tenía personalidad propia".

De los 10 a los 14 años perteneció a las Juventudes Hitlerianas: "Había una gran recesión. Ni comida ni dinero. Siete millones de parados. Llegó Hitler al poder y éramos muy pobres. Habíamos visto mucha sangre y muchos tiros y queríamos un cambio. Hitler usó el Tratado de Versalles, de 1918, para su propaganda: prometió trabajo y comida y lo cumplió, pero no sabíamos que traería también la guerra. Lo mejor que le pasó a Alemania fue perder la guerra. Así pudo ingresar en Europa".

Alemania ya había comenzado la guerra contra Polonia y Checoslovaquia cuando, con 17 años, Trautmann se apuntó de voluntario al ejército. Suspendió el examen para intérprete de morse y optó por el paracaidismo. Estuvo en Crimea y Moscú: "Se habla mucho de la batalla de Stalingrado, pero hubo muchos Stalingrados en Rusia". ¿Estuvo al corriente de las barbaridades de los nazis en los campos de concentración? "Vi pequeños campos de concentración en Rusia, sí, pero no podía pararme a mirar porque me mataban los propio alemanes".

Trautmann alcanzó su cima deportiva en 1956. Ganó la Copa de Inglaterra en una cita legendaria ante el Birmingham en la que jugó los últimos 15 minutos con una vértebra del cuello rota (3-1): "Después lo vi por televisión y aún hice tres o cuatro paradas más. Fue como estar inconsciente. Como caminar en la niebla. Si hubiera sabido que tenía el cuello roto, me habría ido. Mi vida estaba en peligro. Siete meses después volví a jugar". El conservador fútbol británico premió la proeza del meta alemán nombrándole mejor futbolista del año en Inglaterra, el primer extranjero que lo conseguía.

En 1964 recibió un homenaje del fútbol inglés. Unas 50.000 personas se reunieron en el estadio de Main Road para ver enfrentarse a un combinado de los dos conjuntos de Manchester, el City y el United, contra la selección inglesa. Allí estaban algunos de sus grandes amigos y rivales, como Bobby Charlton, que dijo de él que había sido el mejor portero de todos los tiempos. La asociación del fútbol inglés dio después una alineación ideal de Wembley que reza así: Trautmann; Spencer, Hapgood; Blanchflower, Wright, Bobby Moore; Matthews, Carter, Milburn, Bobby Charlton y Finney.

"Mire, ¿no es maravilloso que lo conserve 50 años después?", dice Trautmann, entusiasmado, mientras agita una tarjeta que le dedicó hace más de medio siglo su colega Ricardo Zamora. Le conoció en Alemania en 1952. "Desde Zamora, sólo otro portero español, Zubizarreta, me ha llamado la atención", afirma quien considera que el número uno de la historia no fue Pelé, sino Di Stéfano: "El único que fue defensa, medio y delantero a la vez".

Trautmann nunca fue convocado para la selección alemana: "En aquellos días, Alemania no contaba con quienes estaban en el extranjero". Le sería compensado más tarde a través de una larga vinculación con la federación germana. Primero, como relaciones públicas de la selección en el Mundial de Inglaterra 66; después, en la Eurocopa inglesa del 96: "Nunca quise ser entrenador, pero me saqué el título en Colonia y la federación, dentro de su programa de formación de técnicos en el extranjero, me propuso formar entrenadores en distintos países". Así pasó los siguientes 16 años, viajando por lugares exóticos: "A los 56 años me retiré. Ya estaba cansado de viajar. En 1990 vine a Almenara por unos amigos. Me gustó y compré esta casa. Es lo único que tengo. No gané mucho dinero en mi carrera. España me gusta por tres razones: por el tiempo, porque con la pensión del Gobierno alemán no podríamos vivir allí y porque la gente es agradable y liberal". Atento a todo: "Leo mucho. España ha sido campeona del mundo de balonmano, ¿verdad?", concluye Trautmann antes de despedir al periodista y pedirle si sería posible ir a ver algún partido del Villarreal, que le pilla cerca y del que le han hablado tan bien.

Bert Trautmann, en su residencia castellonense de Almenara, muestra sus medallas.
Bert Trautmann, en su residencia castellonense de Almenara, muestra sus medallas.ÁNGEL SÁNCHEZ
Trautman, entre Paul y Revie, en su época en el Manchester City.
Trautman, entre Paul y Revie, en su época en el Manchester City.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de febrero de 2005.

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