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Entrevista:DANIEL CLAVERO | Ciclista, compañero y amigo de Pantani

"Marco no quería morir"

El 13 de febrero de 2004, a media tarde, Marco Pantani se asomó al descansillo desde la puerta entreabierta de su habitación en un hotel de Rimini. Habló con un grupo de gente que esperaba el ascensor. "No sé si habrá un mañana para mí", les dijo, con el tono de quien bromea. Pocas horas después, en la misma habitación, Pantani murió, víctima de la cocaína. Daniel Clavero, madrileño, fue ciclista al lado de Pantani, fue amigo de Pantani, le alojó en su casa de Las Rozas, siempre creyó que Pantani volvería a ser un ciclista grande. Dani Clavero aún cree que Pantani no ha muerto, está convencido de que cualquier día aparecerá por allí, por su casa, le dirá, "Dani, vamos a salir un poco en bicicleta, vamos a hablar un poco de la vida, de las mujeres, de los coches, del ciclismo". Dani Clavero no se perdona la muerte la Pantani. "Es el mayor fracaso que pueda tener una persona", dice.

"Él daba vida a los que le rodeaban. Me niego a creer que su muerte no fuera un accidente"

"Cuando luchas tanto por alguien y el resultado es el que es... Es mi mayor fracaso"

Pregunta. ¿Se acuerda aún de Pantani?

Respuesta. Sí. El otro día fui a rescatar la agenda de un móvil que se me está estropeando y allí estaba su número. Y fui incapaz de borrarlo sabiendo que él habitualmente cada mes o cada dos meses cambiaba de número y que no me serviría aunque estuviera vivo. Pero fui incapaz de borrarlo porque todavía no me lo creo. Pienso que en cualquier momento le voy a poder llamar, voy a poder hablar con él. Me di cuenta de que realmente no lo he superado, de que no me puedo creer todavía que es verdad. Lo mantengo ahí porque para mí sigue vivo.

P. ¿Cuál es la imagen de Pantani que le asalta más? ¿Los momentos gloriosos, los tristes de los últimos meses?

R. Yo guardo los momentos buenos. Estar juntos, compartir un montón de cosas juntos, luchar juntos en las carreras, la persecución que sufría... Y me acuerdo sobre todo de él, de una persona sensible, aunque de cara al exterior quisiera dar una imagen más dura, que no era sino el caparazón que había puesto para poder tener algo de intimidad. Era sencillo, sincero y muy sensible.

P. ¿Cómo conoció a Pantani? ¿Cómo fue que acabó en su equipo, el Mercatone Uno?

R. Cuando corría en el Vitalicio hice un par de buenos Giros. En el 98 quedé quinto y en el 99 noveno. Yo andaba muy bien y se fijaron los medios en mí, y luego corrí en el Polti, otro equipo italiano. Coincidió que en el Mercatone buscaban un escalador para completar el equipo, y Martinelli, su director, le habló a Marco de mí. Y como ya me conocía, dijo que sí.

P. Y allí se hizo inseparable de Pantani...

R. Es que sólo hacía su calendario, sólo corría con él, sólo me concentraba con él. Y de la convivencia surgió la amistad. Y eso cuajó sobre todo el último año, en 2003, en que estuvimos desde enero hasta junio todo el día juntos. Vino a vivir a mí casa, en Las Rozas. Creo que nos separamos como mucho una semana.

P. ¿Quería Pantani huir de Italia? ¿Por qué se vino con usted?

R. Marco buscaba la paz, la tranquilidad. Aquí encontraba lo que en Italia no tenía. Yo le protegía, cortaba con la prensa, con todo. Yo decía a los periodistas que no, que no podíamos hablar, que era todo una cuestión privada. Y mucha gente no lo entendía. Yo tenía que evitar que la presión que tenía en Italia también la sufriera aquí. Yo quería que él encontrara la paz y el sosiego que necesitaba para ordenar sus ideas, para montar en bici, para centrarse en lo que tenía que centrarse. Para volver a ser el del Giro del 99, su momento más alto, el Giro que ganó y que le quitaron dos días antes de terminarlo. Sus exhibiciones...

P. ¿Era una persona triste?

R. Está claro que cuando una persona es el segundo rostro más conocido de Italia, después de Berlusconi... Le quisieron convertir en un diablo, pero cuando murió fue todo lo contrario, la gente le quería más. No sé si quisieron hundirle, pero la gente lo interpretó al revés. Nunca se le condenó por nada, nunca dio positivo... Al final la gente le quería más, era un mártir, lo encumbraron como persona. La gente quiere a los que están más próximos, a los que se equivocan como tú, los que cometen errores, se caen. La gente no busca un superhombre, un superhéroe. La gente busca a una persona, simplemente eso.

P. Los meses que estuvieron juntos en España, ¿usted creyó que Pantani volvería a ser el de antes, que volvería a ser ciclista?

R. Mi lucha era ésa. Y de hecho, creo que si no se cae en la etapa de lluvia del Giro 2003, en Chianale, cuando se quedó 10 minutos sentado en la cuneta, habría terminado entre los cinco primeros. Ya se había vuelto a ver al gran Pantani, la gente se volvía loca. Después de aquello había un proyecto para ir al Tour. Pensé que volvía. Y la bici le podía dar lo máximo, que era ir al Tour.

P. ¿Quería volver al Tour porque estaba picado con Armstrong?

R. Él no hablaba especialmente de Armstrong, de que le hubiera hecho daño, aunque estaba claro que no era santo de su devoción. Él quería volver al Tour por él mismo, porque es el Tour, porque había ganado el Tour, porque el Tour le volvía loco. Hubo años en que no le invitaron, y eso lo vivíamos bastante mal porque sabíamos que le habría ayudado mucho en sus problemas. Si tú eres ganador del Tour, si eres el mejor escalador de la historia, si eres único, irrepetible, si tienes un equipo y quieres ir al Tour, lo lógico es que te inviten. Y no volvió al Tour, no le dejaron.

P. ¿Volvió a verlo después de aquel Giro?

R. Sí, lo volví a ver en noviembre. Estuvo por aquí, unos días en mi casa. Estaba normal, bien, no le vi peor que antes. Después seguí sabiendo cosas suyas por Manuela Ronchi, su agente, o gente allegada a él. Y no me podía imaginar que acabara así. Cuando oí la noticia me quedé helado. Y sigo sin creérmelo. Cuando luchas tanto por alguien y por algo, para que esté bien, y el resultado es el que es, es el mayor fracaso que puedas tener. Y yo lo he tenido. Y así, pensando que sigue ahí, que puedo hablar con él en cualquier momento, tapo mi fracaso personal.

P. ¿Conocía sus problemas con la cocaína?

R. Lo sabía todo el mundo.

P. Pero, usted, como amigo, estaría más preocupado por ese problema...

R. Mi preocupación era salvarle como persona. El ciclismo era el medio.

P. ¿Marco le hablaba del problema de la cocaína?

R. No, no hablábamos de eso, intentábamos centrarnos en lo que es la vida. Sólo hablábamos de la familia, de la bici, de olvidarnos de todo, de la coca, de las sanciones, de la UCI, de las presiones, de la prensa... Y pensábamos que cuanto más largo fuera el aislamiento, mejor. Pero el problema lo llevaba dentro de él.

P. Rompió con todos, con la familia, con su novia...

R. Podría ser la soledad que uno busca cuando está mal. La buscaba para no molestar a nadie, para no implicar a nadie. Y la soledad, al final, te acaba matando. La soledad es lo más terrible en la vida. Él acabó solo. Separado de familia y amigos. El problema le llevó a desconfiar de todo el mundo.

P. ¿Usted cree que Pantani quería morir? ¿Cree que su muerte fue un accidente o un suicido?

R. Él no quería morir. Era una persona viva, quería la vida. No quería la muerte. Más todavía, él daba vida a todos los que le rodeaban, irradiaba felicidad, ganas de luchar, ilusión, él era el primero que tiraba de nosotros. No me creo que hiciera nada meditado. Me niego a creerlo. Fue un accidente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de febrero de 2005