Columna
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Eslogan

El cardenal de Madrid, sin pretenderlo, ha puesto en bandeja un eslogan impactante para la capital: "La ciudad donde se peca masivamente". Esto puede aportar más turistas que el Museo del Prado, el Bernabéu, y los Juegos Olímpicos. "Pecar masivamente", en boca de un obispo, suena a Sodoma y Gomorra, lujuria pura y dura, incentivos que mueven mucho a la gente y a las agencias de viajes.

Para millones de ciudadanos, la concupiscencia no es pecado, sino derecho elemental que conviene ejercer de vez en cuando, o más si fuere menester. Pero esa cuestión no resulta tan fácil para inmensas minorías refugiadas en el onanismo a falta de otros interlocutores. En ese caso, vengan ustedes a Madrid, y asunto concluido. ¿Será esto es Jauja?

Conviene advertir a los incautos que no todo el monte es orégano, y que eso de "masivamente" es un ente de ficción que sólo se lleva a cabo en los interiores de las personas, en deseos que no llegan a cuajar. El eslogan susodicho puede volvérsenos en contra al comprobar los turistas que aquí no se comen un rosco, de no ser que dilapiden su dinero por los lupanares, espesuras de la Casa de Campo o esquinas estratégicas. Pero es que a lo mejor el señor cardenal se refería en su alocución a la multitud de pecados urbanísticos, medioambientales, viarios, laborales, estéticos y sanitarios que aquejan a Madrid. Y entonces el eslogan episcopal se convierte en lamento airado, compartido por ecologistas, organizaciones cívicas y público en general. Cosas, en fin, que si no se solucionan de inmediato, aportarán datos poco halagüeños para la candidatura olímpica. Va a tener que pedir explicaciones el alcalde al cardenal por esa frase un tanto apocalíptica.

También anda apocalíptica Esperanza Aguirre, sobre todo desde que volvió de China. Es más, pudiera dar la impresión de que nuestra presidenta ha vuelto tocada por el maoísmo y la incontinencia verbal. Ha comparado los acontecimientos policiales suscitados tras la agresión al ministro Bono con los "inicios del Holocausto". Es tremenda la señora. ¿Qué pretende?

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