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VISTO / OÍDO

Desfranquización

Algo de lo que está pasando ahora llega con 30 años de retraso. Una cierta desnazificación, y una recuperación de valores humanos frente a las murallas de los grandes señores españoles, del nazismo o fascismo a la española, con santos y señas arcaicas. No es que no haya murallas entre los grandes señores españoles y los siervos de la gleba con automóvil y piso en las afueras, con hipotecas que no les dejan dormir: pero esos grandes de España saben ya que ciertas libertades les convienen. La libertad de hipotecarse es fundamental; es el consumismo, al que no se puede llegar sin ciertas libertades del individuo y sin cierto dirigismo de su mente. Con Franco hasta 1975, el español se perdía unos conceptos que daban sentido al mundo. Excepto los malos, que se absorbían rápidamente: el guerrero de la vida, la calidad de única de la civilización occidental, la política de bloques, la guerra fría... Ah, pero no tuvo la serie de cambios de época.

Por ejemplo, los que representan en 1968 un rechazo del antiguo mundo tanto en Praga frente al comunismo como en París frente a Napoleón. Es que el Código Napoleón estaba vigente y organizaba su burguesía. Y todo el juego del Reino Unido y Estados Unidos: la revolución sexual, por ejemplo; la contracultura. En 1975 murió Franco de su muerte natural, y pareció que se derrumbaba la Vieja España, que mantenía su revolución burguesa. Hemos tenido tres o cuatro en el siglo pasado: la que se produjo contra la aristocracia y la clase militar desde la guerra de Cuba a la de África, y trajo la República; la que Franco protagonizó en la República que trataba de limitar que fuese también de los campesinos y trabajadores -"No es esto, no es esto", gritó el burgués Ortega y Gasset- y que buscaba una democracia al terminar la guerra, más basada en Estados Unidos que en Europa. Vino a quedar frustrada en la Constitución. Lo que había que hacer a la muerte de Franco se toca ahora, con libertades sexuales consagradas, murallas a la religión totalitaria, intentos tímidos de claridad en las almas. Se ve cómo se ponen los señores de la guerra: a punto de ataque. Y eso que no se toca el capital, al que estos cambios conviene aunque no quieran asumirlos. Veamos si pueden cortar el impulso de las libertades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de enero de 2005