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Nueve horas con Luxemburgo

El nuevo técnico del Madrid somete al equipo a una jornada intensiva supervisada por Sacchi

Sentado en la grada de la Ciudad Deportiva de Las Rozas, Butragueño habló al oído de Arrigo Sacchi durante media hora. Luego, Arrigo Sacchi saltó al campo y soltó un soliloquio al oído de Vanderlei Luxemburgo, haciendo gestos con las manos, como ese que los técnicos del fútbol usan para significar la presión. "¡Presión al balón!". El sol se puso y la temperatura bajó de los cero grados. El agua comenzó a congelarse, pero Luxemburgo se mantuvo impasible, muy serio. Tal vez, el nuevo entrenador del Madrid estaba perplejo. Pero calló y se fue a la ducha lentamente, con Sacchi siguiéndole de cerca, sin parar de decirle cosas, de hacer ese gesto que significa "bascular", "presionar".

De las diez de la mañana hasta las siete de la tarde, Luxemburgo dedicó el día de ayer a conocer lo que tiene entre manos. Por la mañana los jugadores hicieron series de resistencia anaeróbica, y por la tarde rondos y técnica individual. Para terminar, el entrenador escuchó al director general de fútbol hablarle de la presión. Justamente lo que no entrenó ayer el Madrid.

Antes de empaparse en la doctrina de Sacchi, Vanderlei Luxemburgo dedicó el primer día de trabajo intensivo a estudiar el estado físico y técnico de la plantilla que han puesto a su cargo. En sus manos no se vieron ni ordenadores, ni walki talkies, ni las células fotoeléctricas que anunciaba su repertorio. Dicen en Brasil que Luxemburgo es uno de esos científicos que implantaron la tecnología en el fútbol. Sin embargo, los métodos que puso en práctica ayer se remontan a la antigüedad clásica del deporte de la pelota.

En la sesión matinal, Antonio Melo, el nuevo preparador físico, puso a los jugadores a correr alrededor del campo para medir su resistencia anaeróbica: dos series de tres minutos, dos de dos, y otras dos de uno. En las series de tres minutos, Ronaldo dejó claro que su futuro no está en el medio fondo. Sus compañeros le sacaron cien metros. Fue tan penosa la actuación de Ronaldo, que al verle Luxemburgo no pudo reprimir la risa. Beckham, Guti, Raúl, Helguera, Salgado y Figo iban como tiros. Los demás, no tanto. Ronaldo se retiró con el rostro congestionado. "Estoy cansado", dijo.

Después del ejercicio, los jugadores se reunieron para comer y echar una siesta en el hotel de la Ciudad Deportiva. Allí, Luxemburgo charló con algunos -especialmente con Raúl- de forma individualizada.

La jornada intensiva de ayer, con una sesión de mañana y otra de tarde -que también se prevé para hoy- no fue una iniciativa de Luxemburgo. Mariano García Remón, el ex entrenador, ya tenía previsto hacerlo. Lo que no tenía previsto García Remón era un entrenamiento como el que Luxemburgo diseñó para la tarde de ayer. Ahí se vio mucha conducción de balón, muchos ejercicios de coordinación cogiendo la pelota con las manos y mucho entrenamiento de dominio técnico. En fin, muchos gestos a la voz carioca de "¡vai!". El repertorio resultó ajeno a los jugadores del Madrid, más acostumbrados a los partidos en campo reducido. En la grada, escuchando a Butragueño pero con la mirada clavada en el entrenamiento, el rostro de Arrigo Sacchi reflejaba un gesto imperturbable de jugador de póker.

Los jugadores ejecutaron el nuevo programa en un clima distendido, con el aire reprimido que les caracteriza cuando les enfocan las cámaras. Los muchachos han olido revuelo y esta semana prefieren pasarla de puntillas. Después de recibir al cuarto entrenador en ocho meses, después de atender las razones de Queiroz, Camacho y García Remón -y con tres directores generales, Valdano, Butragueño y Sacchi, cambiando la estrategia-, a los futbolistas ya no parece sorprenderles nada. De modo que el rondo que mandó ayer Luxemburgo fue ejecutado con ese rigor imperturbable, profesional, con el que la gente avisada cumple órdenes.

Apostado en un costado, Sacchi esperó el final para abordar a Luxemburgo ante la prensa, los seguidores y los jugadores, y darle un largo veredicto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de enero de 2005