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Entrevista:Miguel Ángel Gil Marín | Consejero delegado del Atlético de Madrid

"El club dejaría el estadio por 100 hectáreas"

Miguel Ángel Gil Marín, máximo accionista del Atlético junto a su familia con el 71% de las acciones -Enrique Cerezo, el presidente, posee el 18%-, encarará mañana el último acto de la intervención judicial del club durante cinco años: las cuentas presentadas a la asamblea general deben incluir el asiento contable de que una empresa de los Gil adeuda 16,2 millones de euros a la entidad rojiblanca por "simulación de contratos".

Miguel Ángel Gil Marín (Madrid, 1963) viste camisa azul y vaqueros. Habla de carrerilla. Confiesa que aceptaría vender el estadio Calderón "si la oferta fuese buena" y que se ha sentido "un apestado" durante los cinco años de judicialización del Atlético, del que es el máximo accionista. Una época que incluye episodios como la absolución final por parte del Tribunal Supremo, en julio pasado, de su padre, Jesús Gil, fallecido en junio, y de Enrique Cerezo, el actual presidente, por la apropiación indebida de 256.000 acciones del club, pero que le condenó a él por estafa, "simulación de contrato", a un año y medio de prisión -nunca se vio entre rejas- al haber firmado que la entidad debía 16,2 millones de euros a Promociones Futbolísticas, una empresa de los Gil, por comprarle cuatro futbolistas desconocidos. Precisamente mañana, cuando esa deuda de los Gil con el Atlético sea incluida en los asientos contables y los interventores se lo certifiquen a la Audiencia Nacional, concluirá el periodo judicial rojiblanco.

"Tendrían que coincidir por primera vez en la historia los intereses de las instituciones con los del club"

"No venderemos a Torres. Ya hemos rechazado ofertas que eran como un solomillo para un indigente"

"Comparto muchos de los valores de mi padre, pero es cierto que su talante hacía que algunos nos rehuyeran"

Pregunta. Mañana, en la asamblea, un accionista le va a recusar como consejero delegado.

Respuesta. No tiene ninguna posibilidad de prosperar. Además, quien lo va a pedir sólo representa a un 0,5% del accionariado. Tomé la precaución de firmar todos los contratos en calidad de director general, pero no era necesario, puesto que la sentencia del Tribunal Supremo me inhabilita para ser elegido por sufragio, o sea para ser un cargo electo, pero no para otra cosa.

P. ¿Estarán presentes los interventores judiciales?

R. Sí, les hemos invitado, aunque no era obligatoria su presencia.El último auto de la Audiencia Nacional dice que deben certificar que el club ha hecho constar en sus cuentas la deuda que tiene contraída con él Promociones Futbolísticas. Como eso está en ellas, se les han entregado. Cuando ellos lo confirmen, se acabó.

P. Se dice que la situación económica del club es muy delicada, que su deuda se acerca a los 400 millones.

R. La situación, después de dos años en Segunda y cinco de judicialización, es razonablemente buena. La deuda real es de 120 millones. Ésa es una cifra asumible para el volumen de negocio que tiene en este momento esta sociedad. Si se coge en un balance la parte del pasivo, se llega a una conclusión errónea y no hay peor mentira que una media verdad. Si mañana cogiésemos el pasivo de cualquier empresa del Ibex, pensaríamos que tiene una deuda muy significativa.

P. ¿Se va a vender el estadio Calderón?

R. Es una posibilidad. No depende de nosotros. Hemos invertido en él 30 millones de euros. Cambiamos toda la grada por un problema de aluminosis e hicimos muchas reformas. Si hubiésemos tenido claro irnos, no habríamos invertido. Todo depende de que nos hagan una propuesta que sea buena para el club.

P. Se da por hecho.

R. Se está creando un debate falso. El Atlético no va a vender. Otra cosa es que coincidan por primera vez en la historia los intereses de las instituciones con los del Atlético. Los Juegos Olímpicos [en alusión a los posibles de 2012] cambian a una ciudad y estamos obligados a colaborar con ese proyecto. Si, además, eso supusiera una mejora patrimonial del club, estaríamos obligados a hablarlo.

P. ¿Es su pretensión abandonar el Calderón?

R. El escenario real es que tenemos un estadio de tres hectáreas que se usa cuatro horas al mes. Si podemos cambiarlo y ofrecer 365 días de servicio, mucho mejor. Eso depende de cambiar un estadio muy bonito y al que tenemos cariño, el primero yo, por otro, el de La Peineta, con una concesión por muchos años, que es mucho mejor: mejores accesos, adaptado a los discapacitados, mayor aforo, mejor estéticamente... Un estadio no te da ningún tipo de rentabilidad. Vale como patrimonio lo que vale su solar. Si podemos irnos a otro, aunque no sea nuestro, soy partidario de hacerlo siempre que pasemos de tres hectáreas a más de cien.

P. ¿Y eso cuándo sería?

R. Como consecuencia de cualquier estudio de cambio de ubicación. Tenemos una deuda asumible y un estadio en propiedad. Así que nos podemos quedar en él.

P. ¿Y la ciudad deportiva?

R. Estarían todos los campos de entrenamiento, un pequeño estadio convertible en otro con capacidad para 70.000 espectadores, todas sus residencias, un sitio para la cantera y un centro de ocio en el que los socios tengan canchas deportivas y piscinas, así como la posibilidad de ir al cine o hacer compras.

P. O sea, un centro comercial.

R. No; un centro social en el que los atléticos puedan convivir y compartir sus inquietudes.

P. ¿Por qué han creado una sociedad, División Inmobiliaria, cuyo único activo es el Calderón?

R. Intentamos crear una unidad de negocio para rentabilizar al máximo el estadio. Esa sociedad ingresa seis millones y queremos que aumente. Además, es más fácil que las empresas financieras apuesten por nosotros invirtiendo en ladrillos porque suelen tener mucha prevención ante las sociedades deportivas.

P. Suena raro quitar el estadio al club, que tiene deudas, para cedérselo a otra empresa que no las tiene.

R. Es que el Calderón sigue dependiendo completamente del Atlético. En la medida en que el club tiene sus activos y sus pasivos, el Atlético ha pasado de tener un estadio en propiedad a tener el 100% de una empresa que es propietaria del estadio. A efectos prácticos, es lo mismo, pero no en la capacidad de gestión.

P. ¿Y ustedes qué ganan?

R. Nada. Quien ingresa es el club, no el señor Cerezo o el señor Gil. Nadie se puede lucrar. Somos transparentes. Llevamos cinco años intervenidos y auditados. Esto es sota, caballo y rey.

P. ¿En qué ha cambiado el club tras la muerte de su padre?

R. En mucho. Ahora hay más gente que se quiere involucrar en él. Yo coincido con muchísimos de los valores de mi padre, pero es cierto que su talante hacía que algunos sectores nos rehuyeran.

P. ¿Cuándo van a vender a Fernando Torres?

R. Es más que un jugador. No nos planteamos su venta. Hemos rechazado ofertas que eran como que un indigente rechazase un solomillo. Así que más motivo para no venderle ahora.

P. ¿Por qué son siempre deficitarios los clubes?

R. El mejor gestor de una empresa naufragaría en un club de fútbol. No sólo estás obligado por la ley de sociedades y el código civil, el mercantil o el penal, sino también por una tutela estatal a través del CSD, que analiza tus cuentas y decide si puedes o no vender tus activos, como los inmobilarios. También estás condicionado por la prensa, por cualquier asociación del tipo Salvemos el Calderón o Salvemos a Ibagaza...

P. ¿Su labor sin su padre...?

R. Tengo más protagonismo. Comparto la gestión con Cerezo, que es el mejor presidente posible porque está consiguiendo que se acerquen al club todos los colectivos, la clase política, la iglesia, el mundo del arte, del cine...

P. ¿Se han sentido apestados en algún momento?

R. Es evidente que sí en estos últimos cinco años. Tras cinco buenos, llegaron otros malos. Compareciendo cada 15 días en los juzgados y padeciendo un juicio paralelo por los medios y los aficionados muy injusto a mi parecer.

P. Ustedes fueron condenados.

R. Todo ha quedado en un contrato simulado, sin componente económico. Por eso no hay condena por apropiación indebida. Era un contrato que afectaba exclusivamente al balance del club. Nos han revisado más de 15.000 contratos. Después de cuatro meses de administración judicial, de pasar una auditoria interna durante dos temporadas, de pasar una intervención fiscal..., te queda la satisfacción de haber hecho las cosas relativamente bien.

P. ¿Vendería sus acciones del club si la oferta fuera buena?

R. En este momento, no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de diciembre de 2004