Reportaje:

Tahúres de alta tecnología

Tres jugadores hacen saltar la banca de un casino con un microordenador

Tiene todos los ingredientes para haber sido un delirio imaginario, una escena de película que pocos habrían creído. Pero, una vez más, la realidad ha superado la ficción y un agujero legal ha convertido en millonarios a tres presuntos tahúres que hicieron saltar la banca del casino del hotel Ritz de Londres a golpe de escáner, microchip, teléfono móvil, valentía y un poquito de suerte.

No se conocen sus nombres y sólo hay de ellos una descripción más bien escueta. Ella es una húngara de 32 años definida como "chic y guapa". Ellos, dos serbios de 33 y 38 años. Una noche, hace ahora casi nueve meses, se acercaron al casino del hotel Ritz, en Piccadilly, para desafiar a la banca pertrechados de nuevas tecnologías. La primera noche apenas levantaron sospechas cuando se retiraron a descansar a sus habitaciones, en la otra acera de Piccadilly, con 100.000 libras en los bolsillos (145.000 euros). No es un mal premio, pero tampoco una cantidad exorbitante para un casino frecuentado por príncipes árabes, multimillonarios y playboys de la noche londinense.

La policía británica ha renunciado a pedir procesamientos porque no puede probar que se cometió delito

Pero cuando la hermosa húngara y sus dos compañeros reaparecieron al día siguiente, sus triunfos sí llamaron la atención de los servicios de seguridad del casino: esa noche hicieron saltar la banca de la ruleta acumulando premios por valor de 1,2 millones de libras (1,73 millones de euros). El trío fue detenido y su dinero confiscado por la policía, que se quedó para su detallado estudio las cintas en las que los equipos de seguridad habían filmado todos los movimientos de tan afortunados apostadores.

Las primeras investigaciones revelaron que su victoria podía deberse a la utilización de un ingenioso sistema tecnológico que les permitía reducir de 37-1 a tan sólo 6-1 las posibilidades de adivinar en qué cifra se posaría la bola de la ruleta. Un escáner escondido en un teléfono móvil permitía medir la velocidad a la que el crupier había lanzado la bola, dónde había empezado esta su viaje circular y con qué inclinación efectuaba su descenso. Todos esos factores eran analizados por un ordenador microscópico que enviaba un mensaje a la pantalla del teléfono móvil con tiempo suficiente para que el trío pudiera apostar a los seis números con más probabilidades de que se asentara la bola.

El trío de tahúres quedó en libertad bajo fianza y durante nueve meses no han podido abandonar el Reino Unido y han tenido que presentarse periódicamente en comisaría. Pero, tras nueve meses en esa situación, la policía ha renunciado a pedir su procesamiento porque no podría probar ante un jurado que se ha cometido algún acto delictivo. No está claro que se les pudiera acusar de haber obtenido el dinero con engaños y tampoco estaban violando la Ley del Juego, que se remonta a 1845 y condena a aquellos jugadores que ganan a la ruleta interfiriendo físicamente en el trayecto de la bola o de la propia ruleta. Nada dice sobre el cálculo de probabilidades, ordenador mediante.

El caso tiene notables connotaciones con el que se falló en España en junio pasado entre el Casino de Madrid y el productor discográfico y cinematográfico Gonzalo García-Pelayo. García-Pelayo ganó 100 millones de pesetas hace más de 10 años después de estudiar con paciencia infinita los resultados de una ruleta del local y reducir así el número de probabilidades de obtener el premio. El casino no discutió su victoria, pero le prohibió la entrada a partir de entonces.

En junio, el Tribunal Supremo le dio la razón a García-Pelayo con el argumento de que los casinos tienen derecho a prohibir la entrada a los tramposos, pero en este caso no se trataba de una trampa, sino de un paciente cálculo de probabilidades. El tribunal recomendaba a los propietarios de casinos que cambiaran de sitio las ruletas y mejoraran su diseño y puesta a punto para romper los cálculos de otros jugadores que intentan aumentar sus posibilidades de ganar mediante ese método.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 13 de diciembre de 2004.

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