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Una muestra de Alfaro y Sempere toma el testigo de la colección Capa en el castillo de Santa Bárbara

El castillo de Santa Bárbara, cenit orográfico de Alicante, retomó ayer su papel de primer activo cultural de la ciudad con una muestra escultórica, con obras de Andreu Alfaro y Eusebio Sempere como reclamo más llamativo. La iniciativa artística es la respuesta de la Administración -el Ayuntamiento y el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)- a la huida de los fondos de la Colección Capa, que en el último lustro se han exhibido en las dependencias de la fortaleza.

Las muestra escultórica es la primera entrega de la nueva etapa del rol cultural del Castillo de Santa Bárbara, bajo el título genérico de Simposium Escultura Alicante. El convenio entre el Ayuntamiento y el IVAM prevé la instalación de tres exposiciones de similar calado a la inaugural hasta 2007.

La primera exposición de nuevo ciclo abrió ayer sus puertas al público, tras la inauguración oficial presidida por el alcalde, Luis Díaz Alperi, y la directora del IVAM, Consuelo Ciscar. La propuesta artística incluye cuatro exposiciones, que permanecerán abiertas hasta el 6 de marzo. La muestra más llamativa, si cabe, es la del escultor valenciano Andreu Alfaro, que recoge 99 dibujos y 10 esculturas en la sala Taberna, aparte de otros siete conjuntos escultóricos de gran tamaños ubicados en las zonas abiertas del castillo.

La sala del Cuerpo de Armas alberga la muestra titulada Metamorfosis de la escultura: artistas contemporáneos del IVAM, con piezas de Cabrita Reis, Toni Gragg, Yoko Ono y Richard Serra. Este apartado se completa con una obra de Juan Muñoz, que realizó en 1992 y que se exhibe al público por primera vez. En la sala Polvorín, se han instalado 11 esculturas de los fondos municipales de Eusebio Sempere, correspondientes al período 1968- 1981. Y, por último, la sala Noble acoge el montaje L'Anima della Pietra, del artista veneciano Fabricio Plessi.

Aparte de las exposiciones, el castillo acogerá conferencias y perfomances. Y para que la sensación de reestreno sea más real, la organización han remozado los sistemas de ventilación e iluminación. El lavado de cara ha llegado incluso hasta al ascensor, imprescindible para que el visitante supere el brusco salto de altitud -desde el nivel del mar a la cima del Benacantil- perfectamente relajado para saborear el apetitoso bocado cultural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004