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Necrológica:

Francisco Javier Ayala-Carcedo, científico y académico

Francisco Javier Ayala-Carcedo murió el 29 de noviembre de 2004 en Burgos (donde había nacido el 19 de septiembre de 1948), a causa de un cáncer de timo.

Ayala-Carcedo era doctor ingeniero de minas por la Escuela de Madrid y, como tal, trabajó en Chile en la época de la Unidad Popular. Militante del Partido Socialista chileno, detenido por los militares después del golpe (11 de septiembre de 1973), fue torturado y luego encerrado en el Estadio Nacional de Santiago, desde donde salió hacia España gracias a los buenos oficios de la Embajada española, a cuyo frente estaba, como embajador, el granadino don Enrique Pérez Hernández, ya fallecido. Ayala no fue el único español que salvó su vida gracias a nuestros diplomáticos destinados entonces en Chile.

Ayala-Carcedo, una vez de vuelta en España, ingresó, como investigador, en el Instituto Geológico y Minero y desde allí desarrolló una producción científica impresionante en artículos, investigaciones y libros. En la actualidad era profesor de Riesgos Ambientales en la Universidad Politécnica de Madrid, asesor del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de las Naciones Unidas y miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York. Fue él quien dirigió una obra, tan clarificadora como magna, que se titula Historia de la tecnología en España (2001). La realidad del cambio climático en España y sus principales impactos ecológicos y socioeconómicos o Análisis de sostenibilidad y alternativas al Plan Hidrológico Nacional son una muestra de los muchos trabajos publicados por Ayala en este campo del cambio climático.

Quienes tuvimos la suerte de conocer y de querer a Paco Ayala sabemos de su bonhomía y de su actitud profundamente solidaria. También de su amor por el trabajo y por el rigor científico. En los últimos tiempos, afrontó la enfermedad que, él bien lo sabía, era mortal, con una entereza envidiable. Se ha ido un hombre de aquellos sobre cuyo talento y sus espaldas se construye un país. No lo olvidaremos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 2004