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VISTO / OÍDO

A la derecha de Dios

"Dios es un intelectual de izquierda", se decía en la lejana Francia en la que todos eran intelectuales de izquierda, de Sartre al vagabundo -clochard- que acostaba su botella de tinto en un cochecito de niño muerto. Luego se dijo que "Dios es una mujer", y la frase se extendió por la izquierda de Estados Unidos post-Vietnam, con su "nueva izquierda" (hoy son neoconservadores, como en España), su revolución sexual y juvenil (es lo mismo) y su ufano Kennedy. Después cayó el nombre de Dios: dejó de interesar. Algo más tarde se perdió la palabra intelectual. Cayó en desuso. Y la de izquierda.

Son cuestiones verbales: el mundo sigue andando. Las recordé el martes, viendo un Aznar pasado de moda, con su bufanda pasada de moda, en la pasada de moda Universidad de San Pablo (privada, dicen: no sé si pontificia, o de quiénes: es el CEU) hablando ante sus herederos y los herederos de sus herederos, explicar cómo fue el trío que hizo caer el muro de Berlín que "sólo querían los intelectuales de izquierdas". El trío era el de Reagan, Juan Pablo II y Margaret Thatcher. Creo que había más personas metidas: el propio Franco hizo mucho. Y los intelectuales de derecha: a la derecha del Dios Padre, de Pan o como sea, como el mismo Aznar. Su propio abuelo ya tuvo grandes premoniciones en algunos artículos. Yo, que no soy intelectual ni de izquierdas (un puto rojo), he pensado en la catástrofe mundial que fue la caída del muro, aparte del desastre moral que fue elevarlo. Se perdió un equilibrio, los países del Tercer Mundo fueron abandonados a la pura hambre, la misma Rusia está gobernada por un viejo espía medio fascista, la media Alemania de los malos nunca se ha rehecho, y hasta el marine que veíamos ayer rematando un herido en el suelo, y continuando los actos heroicos que había comenzado con las torturas en las cárceles, es consecuencia de la caída del muro de Berlín.

El valiente trío que Aznar mencionó tiene escaso mérito. A mí, por mis citadas desviaciones, me parece más bien lamentable. Tengo en cambio antigua predilección por otro: el que formaron Kennedy, Jruschov y Juan XXIII. El de la llamada "coexistencia pacífica". Empezaron a dibujar un mundo posible para todos. Pobrecillos. A Kennedy le mataron, a Jruschov le echaron del cargo y le relegaron a una isla lejana; Juan XXIII murió, y su sucesor, el pobre papa Luciani, tomó una tarde una tacita de café y se quedó tan muerto como Arafat.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de noviembre de 2004