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Medidas contra el fraude

El futuro del transporte público pasa por la equidad. Y el elemento que ahora la rompe es el tifus, es decir, las personas que deciden entrar sin pagar. Para luchar contra el fraude, la ATM y los operadores ferroviarios proceden a cerrar las estaciones y dificultar su acceso, salvo que se disponga de tarjeta. Pero el proceso es más que lento y, sobre todo en el metro, el impago está extendido. La puerta elevada y la necesidad de pasar el billete a la salida son medidas que contribuyen a dificultar que alguien se cuele, pero no lo impiden.

Para combatir más decididamente el fraude (que ronda ya el 10% según algunas encuestas) acaba de entrar en vigor una ley aprobada este verano por el Parlament que establece el derecho a retener a quien no lleve billete o lleve uno inadecuado. Los atrapados serán sancionados. Si pagan de inmediato, se les aplicará el 50% de descuento, aunque dispondrán de un mes para hacer efectiva la sanción íntegra. Transcurrido este tiempo, las empresas podrán proceder a cobrarla por medios similares a los utilizados por los municipios para las multas de tráfico. Es decir, instando al embargo de una cuenta.

El mayor número de infracciones es el viaje sin billete, pero hay otras formas de estafa. Sobre todo en Renfe y Ferrocarrils, hay quien viaja entre varias zonas empleando una tarjeta de una sola zona, cuyo precio es menor. Y se ha detectado una segunda fuente de fraude más imaginativa: la persona que viaja con la tarjeta de un jubilado, con frecuencia familiar que no piensa utilizarla ese día.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de octubre de 2004