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Editorial:

Violador de permiso

El reciente crimen de L'Hospitalet -el asesinato de dos mujeres, policías en prácticas, presuntamente a manos de un recluso condenado por violación que disfrutaba de un permiso de fin de semana- ha vuelto a poner en entredicho la aplicación de medidas de reinserción social a este tipo de delincuentes. La cuestión se plantea por el perfil psicopático que, en muchos casos, tienen los delincuentes sexuales, capaces de compaginar una conducta penitenciaria intachable con su predisposición a delinquir de nuevo.

No es la primera vez que se produce una tragedia de tales características. Por eso, llama la atención que el sistema penitenciario insista en aplicar a este tipo de reclusos los criterios de reinserción al uso, cuando parece obvio que necesitarían un tratamiento específico, incluso de carácter psiquiátrico, y un control muy estricto, sin desechar el electrónico, en el supuesto de concesión de permisos carcelarios. Aunque la reinserción sea deseable, su aplicación a delitos vinculados a comportamientos psicopáticos es problemática. Algunos expertos señalan que son sujetos irrecuperables.

El presunto asesino de las dos policías en prácticas, condenado muy joven por violación en 1986, volvió a cometer el mismo delito en 1992 mientras disfrutaba también de un permiso. Y en otro posterior fue denunciado por una joven por intento de agresión sexual, aunque el caso fue inexplicablemente archivado. El sistema penitenciario, no obstante, no desesperó de poder reinsertarlo con vistas a su salida definitiva de prisión en 2005, y lo inscribió en un programa de tratamiento de presos condenados por delitos sexuales. Ese tratamiento no parece que fuera el adecuado para un violador reincidente, por más que el psicólogo de la prisión certificara por escrito su "actitud favorable". Muchos informes médicos señalan la gran habilidad simuladora de los psicópatas.

El error parece ser haber aplicado las habituales medidas de reinserción a quien no estaba en condiciones de sacar provecho de ellas. Existen conductas delictivas -cierto tipo de homicidas, violadores y, en general, delitos que tienen por sujeto pasivo a menores- que, además de objeto de la ley penal, pueden ser también, y quizás en mayor medida, un problema psiquiátrico. Sería conveniente reflexionar sobre el acierto de aplicar sin más la política penitenciaria de reinserción a reclusos necesitados también de otro tipo de terapias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de octubre de 2004