OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Enchufes

Hoy en día que está tan de moda hablar de prevaricaciones, enchufaos, trepas, y todo ese argot referido a toda la gente que vive bien o lo intenta a costa de sus conocidos o familiares, a sus amigos bien influenciados o a ese politiquillo que conoció hace un par de veranos en un club de Xàbia, ahora es cuando recuerdo que no hace falta mirar tan alto para encontrar todo eso. En empresas de nuestra comunidad hay de todo esto en cantidades industriales.

Yo trabajé en una de ellas. Y algunas de las cosas que allí pasaban y, por lo que sé, siguen pasando, son escandalosas. Y yo me pregunto, ¿de qué le sirve a un peón trabajar y cumplir con sus horarios y sus obligaciones si su cara, sus amistades o sus relaciones sexuales no son del agrado de su jefe? En la referida empresa no le sirve para nada, porque se va a ir a la calle igualmente. Pero si sus amigos tienen varios apellidos, están relacionados con alguna organización caritativa, o sus esposos pertenecen a alguna alcaldía de la sierra valenciana (en la que la empresa tiene intereses), entonces da igual que no trabajes ni dejes de trabajar, que tengas una moral más que dudosa, o incluso en comisaria seas conocido, tienes un puesto de trabajo garantizado de por vida.

El hecho es que en una empresa de nuestra tierra, con cien años de historia a sus espaldas, la manipulación y la discriminación siguen siendo el pan de cada día, y se sigue juzgando a las personas por quién conocen y con quién se acuestan. ¿Por qué criticar a los políticos cuando los "agricultores" de la vega valenciana obran de igual o peor manera?

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 12 de octubre de 2004.

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