Reportaje:MÚSICA

Mônica Salmaso: delicadeza vocal

El premio, además de algo de dinero, incluía la grabación de un compacto. Fue lo que me llevó a participar. Resultó mejor de lo que esperaba porque en cada una de las eliminatorias salían fotos y comentarios en la prensa". En 1999, el Visa-Edição Vocal contribuyó a que Mônica Salmaso fuese un poco más conocida fuera de São Paulo. Y, sobre todo, le permitió grabar el extraordinario Voadeira. Antes ya había editado los afrosambas de Vinicius de Moraes y Baden Powell, con Paulo Bellinati, y Trampolim. "En realidad quería estudiar periodismo, pero no me gustaba aquel momento tenso de elegir y pensaba que, asistiendo a clases de canto, me calmaría un poco y dejaría de comerme las uñas. Cuando empecé las clases algo se despertó en mí".

Dos meses después renunciaba a su futuro como reportera y abandonaba el curso preparatorio para entrar en la Universidad. La suerte vino a verla: el director de teatro Gabriel Villela estaba montando una obra y necesitaba una cantante joven para una escena con cánticos. "Una actriz se acordó de la amiga de la hija de una amiga suya y le dijo que conocía a una cantante estupenda. Se lo inventó todo. Fue un regalo de los dioses".

Tenía 18 años. Luego comenzó a cantar en locales de São Paulo como el Vou Vivendo o el Café París. Allí conoció a Eduardo Gudin, que tenía la idea de organizar un grupo llamado Noticias dum Brasil, y le propuso grabar los afrosambas. "Yo conocía los cuatro más populares, pero no sabía que se trataba de una obra. Tiene una densidad melódica que combina conmigo".

A Mônica Salmaso (São Paulo, 1971) se la pudo escuchar por primera vez en disco en uno del cantante y compositor Mário Gil. Más tarde en Canções de ninar, un delicioso disco para niños "que se hizo medio sin querer y acabó arrasando". Una bellísima voz de mezzosoprano de timbre oscuro, delicada y sobria: la de la Orquesta Popular de Câmara, prodigiosa formación que dirige el pianista Benjamim Taubkin. "Una experiencia excepcional para una cantante. Porque quien canta se coloca en una posición destacada y los músicos le acompañan, pero en esta orquesta hay doce personas y la voz es uno de sus colores".

Iaiá llega tras cuatro años sin grabar. En Biscoito Fino, el atípico sello discográfico de la banquera Kati Almeida. "Cada dos meses, gracias al proyecto Ponto InComum, organizábamos un concierto con músicos que tuviesen un trabajo en común. Eso me permitió investigar y aprender con todos los invitados". Iaiá es fruto de aquellos encuentros: "Creo que en Brasil existe una nueva generación que está mirando hacia atrás con el fin de poder continuar andando. Porque la música popular brasileña se detuvo en los grandes nombres que la hacen hace ya muchos años".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0024, 24 de septiembre de 2004.

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