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Entrevista:LA RIBOT | Artista

"Estoy demasiado metida en la ternura"

Un jardín de El Escorial. La Ribot, vestida, pero poco, llega a los cursos de verano para hablar sobre el cuerpo. "En Londres estoy bien, pero me voy a Ginebra".

Pregunta. ¿Y eso?

Respuesta. Llevo 7 años en Londres y me da pena dejarlo, pero me apetece. Mi marido, Gilles Jobin, es coreógrafo y le interesa más Ginebra. Tiene una escala más humana, más habitable, más familiar.

P. La aldea civilizada.

R. Eso, un sitio pequeño en el que haya de todo y todo esté cerca.

P. ¿No echa de menos España?

R. Vengo mucho por trabajo, por no perder lazos y vidilla; echo de menos la lengua, la inmediatez, la cultura...

P. Aunque trabaja en silencio.

R. Sí, pero la lengua es el lenguaje, y el silencio también tiene un lenguaje. Y no es sólo eso: es la forma de vivir, de entender...

P. ¿Y de entender la política?

R. No, estaba encantada de haberme perdido a Aznar.

P. ¿Cómo nos veía desde lejos?

R. Podemos decir ¿sórdidos? ¿Un poco como la Europa que estamos construyendo?

P. ¿La Europa del adosado?

R. Ginebra es como si me fuera a vivir a una urbanización, no tiene por qué ser un adosado. Mi vida es interesante mientras no permanezca fija en un sitio.

P. Hablemos de arte. ¿Sigue vigente la performance?

R. ¡Espero que siga vigente mucho tiempo! Las artes vivas no han muerto. La danza, el teatro y la performance siguen siendo fundamentales en vivo, y nunca es lo mismo verlo en directo, en acción, que verlo grabado. El cine ha ayudado mucho al testimonio a la documentación, pero una actuación en vivo no se puede sustituir.

P. Pero cambia sus actuaciones.

R. Sí, ahora he acabado un ciclo largo, y si no hago más esas piezas, se acabó, ¡ya no se ven más!

P. ¿Y qué queda, entonces?

R. La vulnerabilidad permanece, y la idea de romper el límite entre espectador y actuante, crear un espacio común, hacerme más tolerante, más abierta...

P. ¿Y se desnuda el espectador?

R. En ese momento él tampoco tiene intimidad, también está desnudo, no necesita estarlo físicamente. El desnudo es vulnerable y a la vez salvavidas. Con que el espectador sea activo intelectualmente...

P. Ya, claro, pero...

R. Es verdad, sí, ahora la parte física me interesa más. La experiencia del cuerpo es fundamental para abolir otros límites, pero justo ahora estoy tratando de entender cómo. Hay otra ruptura que no es sólo espacial y temporal: es física; pero dónde están esos límites, no tanto entre actor y espectador, sino en cuanto lo que uno y otro sentimos como experiencia común y se parece más al mundo tangible...

P. ¡Está hablando de sexo!

R. Sí, ja, ja, igual estaba haciéndome la tonta... Pues sí, no hay mucho más que pensar.

P. ¿Lo único, lo de siempre?

R. Bueno, la música también es una experiencia común física.

P. Sensorial.

R. Y física.

P. ¿Y la prostitución?

R. Y el esquí. Y labrar...

P. Pero eso no es explotar el cuerpo y el alma...

R. El alma sólo la explotan los filósofos.

P. Y los curas.

R. También. Y los poetas.

P. Su arte, tan moderno, ¿tiene que ver con lo primitivo?

R. Sobre todo las cosas nuevas. Estoy tratando de dar un salto más guerrero, de ser más cañera, más política. En la pieza 40 espontáneos exijo que les paguen.

P. ¿Los alquila como público?

R. ¡Eso sería más perverso, llevarlos de público! Juego con el concepto de extra de cine y el amateur, pero estoy demasiado metida en la ternura, y aunque también tiene su punto terapéutico, definitivamente tengo que meter más caña.

P. ¿Más feminismo?

R. Siempre he pensado que soy mujer por casualidad, pero claro, esa casualidad pesa mucho.

Abolir el poder

María Ribot (Madrid, 1962) es bailarina de origen, coreógrafa de oficio y performer, artista y diva de espíritu. "María Callas, La Callas. María Ribot, La Ribot". Ése es su nombre artístico ("de machista no tiene nada, es puro divismo popular"), con el que ha paseado ya medio mundo, desde la Tate de Londres a Nueva York, enseñando sus Piezas distinguidas, un proyecto basado en el desnudo estático, en el que lleva trabajando 10 años y del que acaba de salir. "Se trataba de mostrar la vulnerabilidad del cuerpo, de abolir el poder entre el que actúa y el que mira, o algo así, quitarme poder petulante, pero sin dárselo al otro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de agosto de 2004

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