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Reportaje:Atenas 2004 | ATLETISMO

Arranque en alerta roja

La cita es crucial para combatir las consecuencias desmoralizadoras que ha tenido el 'escándalo Balco'

Santiago Segurola

Toda clase de turbulencias amenazan al atletismo, que arranca hoy en los Juegos. El momento no puede ser más crítico. Las peores noticias se han sucedido en los últimos meses. El impacto del escándalo Balco tiene consecuencias desmoralizadoras. No puede ser de otra manera: buena parte de los atletas más relevantes de Estados Unidos y unos cuantos de Europa están manchados por su participación en un caso masivo de dopaje. A la cabeza figuran estrellas como Tim Montgomery, plusmarquista mundial de 100 metros, o el británico Dwain Chambers, la gran esperanza europea en las pruebas de velocidad. Utilizaron un anabolizante de diseño, el THG, para burlar los controles. La droga era indetectable hasta que alguien, posiblemente Trevor Graham, ex entrenador de Montgomery y Marion Jones, envió a la Agencia Antidopaje Estadounidense una jeringuilla con restos del producto, antes desconocido. El escándalo cuestiona y altera todos los órdenes del deporte. Se reúne el fraude, el negocio y el ataque frontal a la credibilidad del atletismo, que estos días tiene más o menos la consideración del ciclismo. Y eso no es una gran noticia.

Es una época de atletas sin carisma. Veteranos como Gebrselassie y El Guerruj son los que concentran la simpatía
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A las consecuencias del escándalo se ha añadido el penoso incidente protagonizado por los velocistas griegos Konstantinos Kenteris y Ekaterini Thanou, dos figuras de primer nivel. Uno es campeón olímpico de 200 metros. Ella es subcampeona olímpica y campeona europea de 100. Los dos han estado bajo sospecha los últimos años. Su tenacidad para evitar los controles, o escaparse de ellos, o desaparecer del mapa, no tiene paralelo. El caso resultaba tan clamoroso que los aficionados alemanes les silbaron antes y después de sus victorias en los Campeonatos de Europa. La gente no creía en ellos, pero la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) practicó la política del avestruz. Nunca se interesó por controlar como se debía a dos atletas que ponían en peligro el sistema. El fracaso de la IAAF ha sido clamoroso en este asunto. La intervención del Comité Olímpico Internacional (COI), el organismo que ordenó el control por sorpresa de los dos atletas griegos, ahora fuera de los Juegos después de su cómica negativa a pasar el control, ha puesto punto final a la falacia y ha dejado a la IAAF en una situación muy desairada.

Cualquier renovación del crédito en el atletismo pasa por una política intolerante con el dopaje, sin concesiones a las estrellas. Jacques Rogge, el presidente del COI, sale reforzado precisamente por su decidida actuación contra Kenteris y su entorno. Pero el estado de las cosas no invita al optimismo. La sucesión de malas noticias ha tenido consecuencias en los atletas y su proyección pública. Es una época de atletas sin carisma, salvo raras excepciones. Son los veteranos como Haile Gebrselassie o Hicham el Guerruj los que aún concentran la simpatía y la atención de los aficionados. Maurice Greene podría pertenecer a esta estirpe, pero su entorno no le beneficia. La carrera de 100 metros ha producido demasiados escándalos, lo mismo que algunos de los entrenadores que agrupan a los mejores velocistas. Tanto Trevor Graham, ex entrenador de Montgomery y Jones, como John Smith, que dirige desde hace siete años a Greene, se han visto salpicados por los casos de dopaje de varios de sus atletas.

Atenas es crucial para el futuro del atletismo. La gente necesita creer en lo que ve, necesita disfrutar de estrellas de garantías, de atletas que produzcan el efecto de Ovett y Coe al comienzo del decenio de los 80. Alrededor de ellos se generó un entusiasmo contagioso en Europa. Quizá los Juegos sean capaces de alumbrar nuevos astros. Ninguno hay más excitante que Kenenisa Bekele, el pequeño etíope que ha llegado para tomar el relevo de Gebrselassie, el atleta más querido por los aficionados.

Hoy se disputa la final de los 10.000 metros, una carrera de emociones. A la admiración que produce el nuevo campeón se añade el impresionante respeto que genera Gebrselassie. Será uno de los grandes momentos de los Juegos, como ocurrirá con la carrera de los 5.000 metros, en la que Bekele se medirá al joven keniano Kipchoge, el hombre que le derrotó en los Mundiales de París. Para El Guerruj, que hoy comienza las eliminatorias de los 1.500, los Juegos llegan como la última oportunidad de coronar una carrera que tiene de todo menos el título olímpico. Será el favorito sentimental.

A España le corresponde un papel secundario. El equipo debuta con las malas vibraciones que han producido los españoles en otros deportes. A Paquillo Fernández le corresponderá un papel decisivo. Ningún atleta despierta más esperanzas. Una buena actuación quizá ayudaría a girar la sensación de fracaso de España en Atenas.

El velocista estadounidense Maurice Greene, en una sesión de entrenamientos.
El velocista estadounidense Maurice Greene, en una sesión de entrenamientos.REUTERS
El Guerruj, tras ganar los 1.500 metros en los Mundiales de París 2003.
El Guerruj, tras ganar los 1.500 metros en los Mundiales de París 2003.AP

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