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Reportaje:Atenas 2004 | CICLISMO

Contra el reloj y los elementos

El renqueante Gutiérrez y el pletórico Galdeano, maltratados por la UCI en el orden de salida de la crono de hoy

A Iván Gutiérrez se le iluminaron los ojos. "¿De verdad?". No creía a su director, Eusebio Unzue. "Que sí; tranquilo, que voy a Atenas; que el día de la contrarreloj te seguiré con el coche", le prometía. Y, para hacer honor a su palabra, el responsable del equipo Illes Balears-Banesto incluso estaba dispuesto a compartir habitación con quien hiciera falta porque ya no había plazas hoteleras.

Gutiérrez, el mejor contrarrelojista español -ganó el campeonato nacional con dos minutos de ventaja y ganó al estadounidense Lance Armstrong, el de los seis Tours, en la Vuelta a Murcia-, se cayó el sábado durante la carrera en línea. Se levantó y se recalentó dos vueltas para alcanzar al pelotón. Se volvió a recalentar luego y anduvo vigilante y trabajador para sus compañeros. Y, cuando quiso darse cuenta, cuando se paró un momento a pensar, se vio el antebrazo derecho pura carne y sintió dolor en las costillas y en las piernas, que le quemaban. A los 200 kilómetros se bajó y se deprimió. Se olvidó de comer. No se dio cuenta de que tenía hambre. Quería morirse. Por la noche, cuando probaba su primera comida del día, se desvaneció en el comedor de la Villa Olímpica. En la cama se mareaba. Apenas durmió. Se levantó dolorido y triste. Llamó al médico: analgésicos. Telefoneó a Unzue: "No vengas, no merece la pena".

Manolo Saiz, el director del conjunto de Igor González de Galdeano, el otro contrarrelojista español, ni le prometió acompañarlo ni hizo el más mínimo intento de viajar a la capital olímpica. "Viendo por la tele la cantidad de controles de seguridad, se me quitaron las ganas", dice desde Cantabria; "además, seguro que no iba a poder trabajar con tranquilidad".

Por lo menos, Galdeano no se cayó el sábado. Hasta se exhibió trabajando para Valverde un par de vueltas. El domingo estaba tan fresco que se fue con su mujer, Nerea, a ver la carrera femenina. Quien desde que se retirara de la contrarreloj de los Mundiales con problemas respiratorios no ha brillado excesivamente ha seguido después una rutina tranquila. Pero dice Marcelino Torrontegui, el eterno optimista, que no hay que equivocarse, que está que se sale, muy bien, muy bien, muy bien...

Mientras no se dedica a reforzarle la autoestima a Galdeano, Torrontegui le trabaja la columna a Gutiérrez, le manipula las vértebras, le relaja. Luego, Rubio, el otro masajista, le trabaja los músculos, le venda las quemaduras, le protege los antebrazos para que no le rocen las heridas con los acoples de la cabra, le ata fuerte las muñecas para que no se le doblen, le dosifica los nolotiles, los gelocatiles, los antiinflamatorios... El cerebro, la moral, no tiene Gutiérrez quien se lo trabaje. Así que recurre a la automortificación. El domingo estaba tan tirado que ni pudo subirse a la bicicleta, pero el lunes y el martes, sufriendo, penando, con lágrimas en los ojos, fue capaz de acoplarse, de dejar recta la espalda, tanto que se podía haber dejado encima una taza de café y no habría derramado ni una gota; de conocer el recorrido de la contrarreloj por la costa de Vuliagmeni, más allá de El Pireo. Tan bien le ha ido el tratamiento que se arrepiente de haberle dicho a Unzue que no fuera a Atenas. Pero ya es tarde.

La contrarreloj es hoy. Pero otra contrariedad se sumó ayer a los españoles en forma de lista de salida. Basándose en criterios inescrutables -"los del dedo", denuncia Paco Antequera, el seleccionador-, la UCI ha decidido que el último en echarse a pedalear sea el alemán Ullrich. Le da, así, la ventaja de conocer las referencias de sus rivales, de los Hamilton, segundo por la cola; Rogers, tercero, o Bodrogi, cuarto. Y, en esta curiosa jerarquía invertida, el campeón olímpico, el ruso Ekimov, venerado por Armstrong, es el sexto, Gutiérrez, el décimo; Galdeano, el vigésimo, y el gran Paulinho, el portugués de la plata del sábado, el único que aguantó a Bettini, el 34º.

Mejor ha tratado la UCI a Joane Somarriba, la actual campeona del mundo de contrarreloj, que saldrá la quinta por detrás, mostrando sus fuerzas y sus debilidades a sólo cuatro: a la gran favorita, la tremenda suiza Thürig; a la holandesa Van Moorsel, vigente campeona olímpica; a la alemana Arndt, plata el sábado, y a la rusa Zabirova, que saldrá la última.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de agosto de 2004