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Crítica:FERIA DE MÁLAGA | LIDIA

La diferencia se llama Hermoso

Estar en la piel de Pablo Hermoso de Mendoza debe ser para gozar, mientras que ocupar la de los demás, debe ser francamente complicado. No importa lo buen rejoneador que seas y apenas cuenta la cuadra, dado que, por muy bien que te salgan las cosas, el otro es mejor, y es posible que duela, pero hay que admitirlo.

Pablo, con Chenel, rozó lo imposible en el segundo de la tarde pero en el quinto, con Campogrande, lo alcanzó: era de ver el caballo, que empezó dando los pechos y terminó presentando la cara al toro, colocando el hocico entre los pitones. No es de extrañar que la locura llegara a ser colectiva.

La diferencia viene en el plano del toreo, porque Pablo sabe templar a los toros, a los que previamente ha ido encelando, usando el caballo. De esta forma, toros tan sosos como los que lidian sus compañeros terminan adoptando una actitud mucho más positiva. Y eso que el navarro no estuvo muy fino a la hora de reunir sobre los lomos de sus dos enemigos, pero nunca dejó de hacerlo todo en la cara, pasando de buscar ovaciones fuera de cacho.

Tassara / Bohórquez, Hermoso, Domecq

Toros de la Viuda de Flores Tassara, mansos en diverso grado. Fermín Bohórquez: vuelta, (ovación). Hermoso de Mendoza: dos orejas y una oreja. Antonio Domecq: (ovación y ovación). Plaza de La Malagueta, 15 de agosto, 4ª de feria. Lleno.

Fermín Bohórquez trabajó mucho en el primero, un manso que le hizo pasar en falso varias veces; siempre hubo ortodoxia y buen hacer en las banderillas a una y dos manos y en las cortas. Estuvo premioso en el cuarto, que le infirió un doloroso golpe en la rodilla derecha, de tanto como se arrimó, espoleado, sin duda, por la competencia.

Antonio Domecq se mostró muy decidido en el tercero, si bien sobró algún caballazo. Clavó de manera irregular, una vez a la grupa y dos al estribo y terminó de un metisaca. La mansedumbre del sexto deslució sus buenas intenciones, pero siempre ha aparecido muy recuperado y en trance de conseguir una buena cuadra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 2004