Ir al contenido
_
_
_
_
Columna

Marinero en Sierra

A estas alturas, ya andará la ceniza apasionada montándose toda una coreografía por Sierra Maestra: de la cordillera a los manglares, del Comandante a Cienfuegos, del Che a Raúl, de la honestidad y la decencia a la ausencia, de Pilar a Rafael y a Pablo, acariciando la tierra con los pies, y la voz condecorada con la insignia marinera. Y tú, como si te viera, destinando las maletas de la memoria a la Sierra, y recitando como un verso, esa frase a su compadre, escrito en la vecindad de la urna cineraria: "Quiero que sepas que lo único que siento es no haber hecho más por la Revolución". Y lo hizo, por las calles de Madrid y de Alcoi y de Elda y de Alicante y de Valencia, y lo hubiera hecho en el 59, por las de la Habana, con ese compás de sus tacones, que sonaba como todo un pueblo en pie y airoso, si aquí no hubiera habido un pueblo sometido a punta de fusil y sentencia.

Ahora que llega agosto, te prevengo como siempre, amigo, del sol, guárdate del sol y del vendido, del desleal, del secuaz enmascarado, aunque aún no sé dónde irás a pasar tus días de asueto y silencio. Imagino que, tal vez, escribas en un cuaderno de hule lo que no escribiste en un cuaderno de bitácora: aquella travesía atlántica que te propuso Antonio, cuando su mal malo era un aviso remoto de señales náuticas, y tú venías de Cuba, con una bandeja de plata antigua, cubierta de poemas y relatos, y un nombramiento de profesor de la escuela La Edad de Oro, en Bejucal. ¿Y el rumbo?, le preguntaste entonces. Mira lo que te digo: el rumbo queda, mitad por mitad, entre la estrella polar y el 26 de julio. El barco ya se lo sabe. El barco y Antonio que siempre iba para allá y regresaba siempre, porque todo era, en medio de tantos embargos y bloqueos, ay, inquilinos de la Casa Blanca y sicarios de Miami, del color de la dignidad que no despinta. Te has quedado, de golpe, tendido en la carta de las navegaciones imperiosas, y la brújula te indica el paso de calambre de la ceniza, por las escarpaduras, donde, una vez, se cocieron los sueños. Amigo, me pido uno, si es que aún se templan.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_