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EL 10º CONGRESO DEL PSOE DE ANDALUCÍA

Chaves logra pleno apoyo para una ejecutiva marcada por el equilibrio interno y territorial

El presidente de la Junta evita ratificar la continuidad del portavoz del grupo parlamentario

Manuel Chaves volvió ayer a cosechar el apoyo casi unánime de su partido a la nueva comisión ejecutiva regional del PSOE de Andalucía, a la que dieron su voto afirmativo el 97% de los delegados socialistas del 10º Congreso Regional. La dirección, que es paritaria, responde fielmente al estilo de Manuel Chaves, al combinar los equilibrios internos y territoriales, una fórmula con la que las agrupaciones dijeron sentirse satisfechas. Chaves optó para número tres del partido -cargo al que aspiraban los sevillanos- por el todavía secretario general de Juventudes Socialistas, el cordobés Rafael Velasco.

Los socialistas cumplieron fielmente con la liturgia de todos sus congresos y no dieron a conocer los nombres de los nuevos ejecutivos hastas pasadas las tres de la madrugada del sábado, tras nueve horas de negociaciones. Los miembros de la dirección responden a los acuerdos que alcanzaron, en varias rondas de contactos, los jefes de las delegaciones con Manuel Chaves y el secretario de Organización, Luis Pizarro, quien subrayó ayer que la ejecutiva refleja que el secretario general, que el día anterior fue elgido con el 99,6% de los votos, "no iba a aceptar imposiciones, sino acuerdos sobre los nombres".

De este modo, Pizarro, que ha salido muy reforzado, aludía a lo que ha sido el único conflicto: las exigencias -un pulso, a juicio de la dirección regional- planteadas por la mayoría de Sevilla y su principal referente, José Caballos, quien no han visto satisfechos los planteamientos con los que entró en el cónclave.

El punto de partida de esta agrupación era la de situar a uno de los suyos "en el puente de mando" de la dirección andaluza y para eso no bastaba tener acreditado que se era de Sevilla, sino que además tenía que contar con todas las bendiciones del aparato provincial sevillano.

Chaves, que a la hora de hacer equipos puede ser frío como un témpano, dio ayer respuesta a estas pretensiones cuando reveló la lista de la ejecutiva. En el núclero duro del PSOE andaluz no está ningún sevillano, ya que en la presidencia del partido, a la que esta agrupación intentó optar, mantuvo al granadino José Mortalla, y en la recuperada secretaría de Política Institucional -de la que apeó a Caballos hace cuatro años- situó al cordobés Rafael Velasco, quien en pocos días dejará la secretaría de Juventudes Socialistas.

Además, incluyó a dirigentes sevillanos que eran de su exclusiva cosecha como Antonio Gutiérrez Limones, Carmen Tovar, Elia Maldonado y Miguel Ángel Vázquez. Sí aceptó la presencia al frente de la secretaría de Economía y Empleo de Luis Navarrete, una apuesta que va a tener como efecto inmediato el abandono de la secretaría general del PSOE de Sevilla, una exigencia de Chaves que nunca ha querido tener a los máximos responsables provinciales en la direccion regional.

La apuesta de los sevillanos parece improvisada -Navarrete tenía decidido optar a un nuevo mandato y además sin contestación interna-, pero permite al aparato provincial escenificar que no sale derrotado del congreso, como creen muchos, una opinión que rebatió Caballos de manera altanera: "Me resbalan las lecturas pequeñas que hablan de que voy de derrota en derrota".José Caballos, que cada vez se parece más a Alfonso Guerra cuando se trata de sobrepasar a la realidad, dijo sentirse "feliz" porque "lo que estaba en juego era la estabilidad y la cohesión del proyecto para Andalucía". Y este riesgo, en su opinión, se ha solventado con "el encaje de Sevilla".

De manera radicalmente distinta lo vio el secretario general del partido, Manuel Chaves, cuando se enfrentó ayer por primera vez a las preguntas de los periodistas acerca de las presiones ejercidas por los sevillanos: "No ha ocurrido nada anormal", afirmó. Sin embargo, dio a entender su perplejidad por lo sucedido: "Creo que no tenía por qué haber ocurrido y no encuentro ninguna razón para que haya ocurrido".

Cuando se le preguntó insistentemente de si "el pulso" de los sevillanos tendrá más consecuencias en el congreso provincial del sábado o si mantenía la misma confianza en Caballos, su repuesta fue la evasiva: "No voy a mirar hacía atrás, sino que quiero mirar hacia delante". Este tipo de contestaciones son muy poco habituales en Manuel Chaves cuando se trata de defender a los suyos, por lo que dejó entrever un evidente malestar con el portavoz parlamentario, como dirigentes de su entorno se han encargado de airear en los últimos días.

"Ni sí ni no"

Y más infrecuente fue aún la respuesta a una pregunta directa sobre si Caballos será ratificado por la ejecutiva regional como portavoz parlamentario en septiembre, como ocurre siempre que se elige una nueva ejecutiva: "Es un tema que se verá en su momento. Con esto no quiero decir ni sí ni no". De esta forma Chaves, como ya hizo Luis Pizarro hace una semana, evita de manera clara respaldar en su cargo a Caballos, dando pábulo a los que piensan que el distanciamiento con el político sevillano vivirá otros episodios a corto y medio plazo, que sacarán a relucir que la columna vertebral de lo que ha sido el equipo dirigente del PSOE andaluz en los últimos 10 años no va a ser la misma.

Si no llega a ser por el conflicto creado por los sevillanos, el 10º Congreso Regional habría pasado a la historia como el más tranquilo de todos los que se han celebrado, el que más abrazos y besos se han intercambiado, el de las unanimidades en torno a la gestión, la ejecutiva y el secretario general y el de los aplausos. Y en cierta medida ha sido así porque, como admitía un destacado dirigente: "Si Pepe Caballos cree que no ha perdido y todo el mundo están contento, entonces es que el congreso ha salido bien".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de julio de 2004