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Entrevista:TOUR 2004 | Diálogo entre bastidores

"Admiro la mentalidad de Armstrong"

Iban Mayo se confiesa a Pedro Horrillo, su compañero de entrenamientos y amigo de correrías

Charleroi
Sexto en la pasada edición, en la que se impuso en la etapa de l'Alpe d'Huez, Iban Mayo (Euskaltel-Euskadi) se ha preparado este curso para el Tour, para intentar llegar a lo más alto en el final de París. En su charla con su amigo y colega Pedro Horrillo, plantea sus ambiciones en la prueba más importante por etapas del ciclismo, pero con los pies en el suelo, sabedor de las grandes dificultades y los grandes contrincantes que tiene ante sí, empezando por el estadounidense Lance Armstrong. "Después de todo lo que ha pasado [su grave enfermedad], demuestra que tiene una voluntad de hierro", dice. Pero también advierte de que su equipo y él han ganado mucha experiencia.

Segunda semana de junio. Martes de Dauphiné Libéré. Dos días antes de la cronoescalada al Mont Ventoux. El Quick Step, el equipo de Pedro Horrillo, ciclista de Ermua, y el Euskaltel-Euskadi, el de Iban Mayo, de Igorre, también en Vizcaya, duermen en Saint Étienne. Horrillo, en un hotel de plástico a las afueras de la ciudad vacía, muerta; Mayo, a una decena de kilómetros, en la residencia de la escuela deportiva. Han quedado en verse en territorio Mayo -habrá que llevar a Horrillo en coche- después de cenar. Conociendo los horarios, uno piensa que eso son las nueve y media o las diez de la noche como mucho, pero, pese a que son ciclistas, sus horarios son otra historia. Calma y tranquilidad. Hay tiempo para todo y el ex lehendakari José Antonio Ardanza, actual presidente de la empresa Euskaltel, y familia están de visita donde Mayo y cenan en la mesa, frente a los ciclistas, y éstos, disciplinados, alargan la sobremesa. Así que las once serían cuando Horrillo, que entonces aún pensaba que correría el Tour, y Mayo, que ya sabía que lo correría como favorito, se pusieron a charlar de pasta, pasteles, de la grupeta del Duranguesado -la cuadrilla de corredores amigos que salen todos los días a entrenarse juntos-, de disfraces y de lo ricas que son las chocolatinas. ¡Ah! Y también del Tour.

Horrillo: "El norteamericano parece que es de otro mundo. En el pelotón tiene sus amigos, habla con sus amigos. Pero después es muy cerrado"

Horrillo: "Veo a Mayo más centrado de lo que estaba el año pasado. Entonces llegó al ciento por ciento, le salió bien y se dio cuenta de lo que podía hacer"

Mayo: "Yo sabía que llegaba muy bien, pero no tenía tanta experiencia y tenía mis dudas. Ahora, si tengo suerte en todo, igual lo puedo conseguir"

Mayo: "Quiere que le dejen tranquilo. Quiere controlar a los rivales que le hacen la competencia. No quiere y no entiende que nadie le gane"

Mayo. [Curioso, pregunta al periodista por la grabadora] ¿Y eso qué es? ¿Un MP3?

Horrillo. Yo, el ordenador que tengo, el iPod este, tiene un accesorio grabadora... Le pones el cacharro en un lado y es como un magnetófono.

M. [Curioso, pregunta al periodista por Horrillo] ¿Y a éste qué? ¿Lo tienes también este año de corresponsal?

H. No sé, no sé... De todas maneras, según él, la entrevista aquella del año pasado me la inventé yo.

Periodista. Pero quedó muy bien, ¿no?

M. Bueno... Intenté ayudar un poco al chaval. Acababa de empezar y tal. Iremos exigiéndole más.

H. Pero luego, cuando la vio, me dijo: 'Pero si yo...'.

P. A [Lance] Armstrong le gustan los espaguetis al dente, siete minutos cociendo y no más, y con un rieguito de aceite de oliva virgen...

M. A mí también me gustan un poco duros, muy poco pasados, aunque aquí, en Francia, tienen la manía de pasarlos mucho. Pero donde estén así, enteritos con un rieguito de aceite y un poquito de parmesano...

H. A ti lo que te gusta son los pasteles de la Puri.

M. Tenemos la costumbre de que siempre que gana uno de los que salimos a entrenarnos, la grupeta de Durango, invita a los demás a pasteles. Y tenemos allí justo, en Amorebieta, un bar en el que paramos bastante y la chica ya nos conoce de tanto ir. Cuando gana uno de los que vamos, nos prepara y nos invita a una tarta para todos. Tomamos las Coca Colas y demás... Pasteles de chocolate, de San Marcos, de hojaldre, de todo un poco...

H. Cuando ganó éste en Asturias, nos hizo una San Marcos muy buena.

M. Muy buena y enorme. Además, nos invita ella. Lo hace con todos menos con Horrillo, que ganó una etapa en la París-Niza y no lo hizo porque no le tiene mucho aprecio. No le cae bien a casi nadie y a ella tampoco. Queremos invitar a todos menos a éste. Le decimos que es a las once y media y vamos a la once. Pero, no sé cómo se busca la vida, se entera y siempre pilla.

P. Pero si Horrillo es un chaval muy agradable y cae muy bien a todos...

M. Pero es un agarrado. No nos invita ningún día a merendar.

H. Lo que pasa es que Puri es amiga de todos, pero sobre todo de Mayo.

P. Será que le gustan sólo los que ganan.

H. Hombre, es de cajón... Pero tiene una opinión diferente sobre la estética.

M. Le gusta el pelo corto. Pero, bueno... Hacemos unas risas... Hay que reconocer que la pastelería es muy buena.

H. Y está muy bien situada. En un sitio muy tranquilo. No nos molesta nadie. Sacamos sillas de plástico a la terraza y está bien.

P. Pues, si saca una San Marcos por ganar en Asturias, cuando vuelva Mayo con el maillot amarillo del Tour... Tendrá que hacer una tarta de boda, tamaño Felipe-Letizia.

M. Seguro que lo haría. Haría una de dos metros de diámetro por dos metros de alta.

P. Y, tal como celebran en Euskadi las victorias, una semana de fiestas seguidas.

M. Seguro que sí. Aquello se alargaría día y noche todos los días. Bueno, bueno... De cumplir...

H. No estaría mal, con éste de amarillo, la juerga.

M. De amarillo no se sabe, pero de juerga seguro que sin amarillo también.

H. No, hombre; si éste la lía en el Tour, habrá que montar una grande... Por menos cosas se ha liado una grande. Ya te caería una buena. Pero con Mayo lo mejor es improvisar. Con Mayo no hace falta preparar nada. Sobre la marcha se hace bien.

M. Sí, como la despedida de soltero de Horrillo, que la va a recordar toda la vida.

H. La hicimos el último lunes de Gernika, que es una feria que hay allí, con artesanos, concursos de quesos y tal. Éstos tuvieron la brillante idea de disfrazarme de..., bueno, se supone que de cordero y ellos de pastores. Y éste tuvo la suerte de que se encontró por ahí un megáfono no sabe cómo y, nada..., le hizo ilusión hablar por el megáfono y... hasta que reventaron las baterías.

M. Y así estamos en carretera, comentando 'este año, cuando acabemos, vamos a hacer otra, esto y lo otro', y luego se acaba y no hacemos nunca nada. El año pasado, en una comida normal, nos dio por disfrazarnos un fin de semana cualquiera y salir por la calle sin que nos conociera nadie. Allí, en el País Vasco, nos conoce mucha gente...

H. El día de los Inocentes era.

M. Y pudimos ir sin que nos conocieran, vacilando a la gente, a los conocidos.

H. Íbamos bailando y nos echaban dinero.

M. Lo pasamos bien y hablamos de repetirlo. Pero luego nos rajamos siempre. Se rajan muchos.

H. Lo que pasa es que durante el año, entre carreras y entrenamientos, compartes un montón de horas con los mismos ciclistas. Y cuando llegan las vacaciones te gusta estar con los amigos, o sea, con ellos, y hay cenas, fiestas, cumpleaños, bodas, despedidas..., cualquier historia

P. Y vosotros, los ciclistas, sóis una casta reverenciada y muy seguida. Así que os viene bien el disfraz.

M. La gente te conoce un poquito e igual si sales mucho tienes la sensación de que te están mirando. El disfraz era como si nadie te conociera. Puedes hacer el tonto sin que nadie te señale y te diga: 'Mira, mira, ése es Horrillo'. Bueno, Horrillo es normal. Siempre está haciendo el tonto. Pero los demás tenemos un poco más de dignidad.

H. La de aquel día fue muy buena.

M. Fue muy buena. Habría que hacerla más veces. Íbamos con pelucas, máscaras, ropajes, de todo...

H. El año anterior quedamos un día para entrenarnos disfrazados. Y salió un día de lluvia. Cuando llueve, en esa época, normalmente no salimos, pero el pobre Pradera [corredor del Baleares-Santander, que también corre el Tour] se presentó allí disfrazado de sevillana y nadie venía, nadie venía, y estuvo media hora empapándose. No apareció nadie y se fue para casa. Al día siguiente, yo salí con otro, con Joseba, y nos entrenamos disfrazados. Y quedamos para salir todos al año siguiente tal día. Y volvió a salir un día de lluvia y no fue nadie. Después de entrenarnos, teníamos reservado un sitio para ir a cenar sin disfrazar y Pradera y yo, por si acaso, habíamos metido los disfraces en el coche y, al final de la cena, nos dio a Pradera y a mí por irnos a disfrazar al coche para hacer el tonto y volvimos y repartimos con los otros las pelucas, caretas y todo y salimos a la calle vestidos...

M. Lo pasamos muy bien. Íbamos con caretas y nadie nos conocía. Lo mismo te ponías a hacer el tonto en mitad de la calle para que se riera la gente... Un circo, vaya desastre...

P. Los veteranos, la gente, os echarán el alto, que hay que cuidarse, que así no se gana el Tour.

M. Hay gente que no sabe que en invierno, en noviembre, cuando puedes salir, puedes hacer tu vida, organizarte tus fiestas como cualquier joven de tu edad. Y te dicen que hay que cuidarse. Pero muchas veces es por decir algo. Y tú les dices: 'Vale, vale'. Pero sigues a lo tuyo, a pasártelo bien, que son dos meses al año.

H. Y luego hay el típico que te conoce y por decir algo empieza a tocarte las narices con el tema del dopaje, acusándote de algo, y tú estás haciendo tu vida como una persona normal y corriente, y pasas: 'Venga, tío; déjame en paz, que yo no me meto en lo que tú hagas con tu vida'. Pero eso es un caso extremo.

M. Sí; normalmente, la gente sólo se acerca a darte palmadas en la espalda y ánimos.

P. Dicen ahora que Armstrong mandó el año pasado un e-mail a la UCI pidiendo que vigilaran bien a sus rivales porque en la Dauphiné Libéré les había visto muy fuertes. Mayo se las hizo pasar moradas. ¿Ha dado explicaciones el norteamericano?

M. Sí, ya oí los comentarios que hizo. Aunque un masajista ha dicho que no son ciertos, otros dicen que sí lo son.

P. Él ha reconocido que...

M. ¿Qué pasa? ¿Se cree tan superior que nadie puede estar casi a su nivel o qué?

H. A mí, cuando me contaron la historia esta, me recordó a cuando Armstrong hacía que se descolgaba o que pasaba dificultades en la subida al Glandon y luego ganó en l'Alpe d'Huez. Te quiero decir que éste de tonto no tiene ni un pelo. Él tiene un objetivo y plantea una táctica para alcanzarlo. A mí esto me ha sonado a la táctica de meter miedo a la gente.

M. Sí, él quiere que le dejen tranquilo. Quiere controlar a los rivales que le están haciendo la competencia. No quiere y no entiende que nadie le gane.

H. En el pelotón, Armstrong es un corredor diferente a los demás y todo el mundo es consciente de ello. No por el palmarés que tiene, porque yo, por lo menos, no he coincidido con [Miguel] Indurain, pero, por lo que he oído por ahí: que si Indurain era un gran campeón, pero era uno más en el pelotón... Armstrong, sin embargo, parece que es de otro mundo. En el pelotón tiene sus amigos, habla con sus amigos. Pero después es muy cerrado en su mundo, con su equipo.

M. Yo le admiro en cuanto a su mentalidad, a su forma de plantear las cosas, sobre todo el Tour. Después de todo lo que ha pasado, demuestra que tiene una voluntad de hierro.

P. Este año hay que ganar el Tour. Por lo menos, estar un poco más adelante que el pasado, que creo que no pensaba que pudiera rendir como lo hizo.

M. Hasta que estás ahí, no sabes cómo vas a estar. Yo sabía que llegaba muy bien, pero no tenía tanta experiencia en el Tour y tenía mis dudas. Pero, en el día a día, al verme tan bien y ganar en l'Alpe d'Huez... Pues, si algún día lo preparo especialmente y tengo suerte en todo y llego bien, igual lo puedo conseguir... Con esa idea vamos. Y, si luego no sale bien, pues... igual no soy un hombre Tour, capaz de resistir tres semanas, y me tengo que dedicar a ganar otras cosas en el ciclismo.

H. Iban, tras lo que hizo el pasado, este año puede volver a repetirlo. Él ha firmado un contrato por varios años y en ese sentido tiene tranquilidad... Este año todo el mundo andaba nervioso a principios de temporada por competir en las primeras carreras del calendario mientras que a Mayo le faltaban dos meses para la primera y se entrenaba al mismo nivel que nosotros y no tenía ninguna presión por los resultados. Eso es porque ya tenía en la cabeza el Tour y daba los primeros pasos poco a poco. Le veo mucho más centrado de lo que estaba el año pasado. El año pasado llego al ciento por ciento al Tour, le salió bien y se dio cuenta de lo que podía hacer.

P. El año pasado, el director tampoco sabía que podía tener aquel rendimiento. En la etapa del Tourmalet, cuando atacó [Jan] Ullrich, os podíais haber marchado en el descenso con Vinokurov.

M. Sí, sí, pero este año ya sabemos cómo hacerlo. Todos aprendemos con eso. Si el corredor ha ganado experiencia, pues creo que el director también.

P. Tú, como corredor, eres todo lo contrario que [Julián] Gorospe... Él, gran miedoso. Tú, más atrevido.

M. Bueno, esto es la forma de hacer de cada uno... Él aguantaba en la montaña. Y en las contrarreloj era luego donde sacaba tiempo. Un poco la escuela de Banesto... Igual se le ha quedado algo de eso. Yo también pasé por aquella escuela, pero no me entendía con el jefe. Yo he firmado por tres años y pienso rendir al máximo desde el primero. No quiero acomodarme como hace gente por ahí.

H. Es que eso depende de la mentalidad de cada uno. Habrá gente que es fría y diga: 'Mira, tengo tres años firmados; me toco los huevos los dos primeros y el tercero funciono y me renuevan. Pero eso tiene que tener continuidad. Si tu estas aquí y te gusta el trabajo que haces, al final harás tu trabajo lo mejor posible. Si tu carácter, como el de Iban, es agresivo, da igual que tengas tres años o se termine el contrato. Al final, si las piernas no van, va a estar agresivo.

Son casi las doce. Medianoche en el sur de Francia. Calor agobiante aún. Se levanta la sesión, pero Mayo no enfila hacia el dormitorio, sino hacia el camión de los mecánicos.

M. Antes de dormir, me gusta un poco el vicio. Como chocolatinas, pero las tengo que tener escondidas en el camión porque el médico no me deja. Normalmente, me las traigo de casa. Pero empiezas a repartir entre los compañeros y... ya no te queda ninguna.

P. Pero está más fino que nunca. ¿Cuánto pesa? ¿59 kilos?

M. No sé... No me gusta pesarme porque, en función de los kilómetros que hagas, unos días pesas dos kilos más y otros dos menos.

H. No, pero estás fino, fino...

P. Me han dicho que hasta se te ven las venas de la tripa.

M. No me peso, pero tú sabes cuando estás encima de la bici cómo estás de piernas. La verdad es que tengo una constitución que se me nota muy delgado. Armstrong también está muy delgado. Le vi ayer rodar y está delgado también este cabrón... Además, tiene una espalda espectacular. Ahora está muy fino, pero tiene mucha musculatura también: unos brazos, unas piernas...

P. También se entrena con el SRM, la biela que mide los vatios.

M. Sí, yo lo usaba antes, pero prefiero entrenarme a sensaciones y me agobia mucho.

H. No te ha contado que le salvé la vida, a Iban; que ahora tendría que estar en el hospital... Había un repecho y venía a rueda mía y, haciendo el tonto, se quedó... E iba José Silloniz por detrás y aprovechó y se metió en el hueco libre. U kilómetro después, había un paso estrecho en una curva, vino un camión y Silloniz, el que iba en el hueco habitual de Mayo, se empotró contra el camión. Fue un susto, pero no pasó nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 2004