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Reportaje:TOUR 2004 | Primera etapa

Ciclistas de plutonita

Triunfo al 'sprint' del estonio Kirsipuu a pesar del control del Fassa Bortolo

Se le acerca un guiri con un micrófono a Mayo y le suelta un chorreo en inglés. Impávido Mayo le mira a los ojos tras sus gafas. Termina el chorreo y le dice, en castellano, atropellado, no sé lo que has dicho. Y se le queda mirando. Alguien al lado ayuda al desconcertado guiri y le traduce a Mayo. Que quiere que le digas como se pronuncia tu nombre porque se hacen un lío en las transmisiones, "maillo", "malló", "meiyo", "aivan"... "Ah, vale. Se dice IvnMyo". ¿Sorry? "Sí", muy bajito, "IanMio". El ciclista de moda corre muy deprisa y habla más deprisa aún. Será para acabar rápido con todo. Con la carrera. Con las charlas.

Venden por ahí unas gafas de ciclista que son como los ciclistas. Son las que usan Mayo y Armstrong. Si no se tiene cuidado, sus cristales se rayan con mucha facilidad. Están hechos de plutonita, un material que han inventado los de la NASA a base de policarbonatos, o algo así. Aguantan golpes de objetos metálicos volando a más de 150 kilómetros por hora y nunca se rompen. Todo lo más se desgarran. Como la carne de los ciclistas. Su cuerpo. Lleno de mataduras. A la plutonita, para que no se raye, la pueden recubrir de teflón; a los ciclistas les daban mercromina, les dan Betadine y un achuchón.

Tour 2004 1ª Etapa

ETAPA DE HOY

Charleroi-Namur, de 197 kilómetros

GENERAL

1. F. Cancellara (Fassa Bortolo) 4h 47.11m

2. Thor Hushovd (Credit A.) a 4s.

3. Lance Armstrong (US Postal) a 10s.

5. José Iván Gutiérrez (Illes Balears) a 16s.

ETAPA

1. Jaan Kirsipuu (AG2R) 4h 40.29m

2. Robbie Mc Ewen (Lotto) m.t.

3. Thor Hushovd ( Credit A.) m.t.

19. David Etxebarria (Euskaltel) m.t.

Lieja-Charleroi, de 202 kilómetros

La carrera pudo ser como la de hace 20 años: un corredor, Flecha, tirando del pelotón.

El vencedor vive en Francia y en 12 años de profesional ha ganado 116 carreras

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¿Su alma? El ciclismo no tiene alma. O si lo tiene está muy escondida. El ciclismo, la etapa de ayer, por ejemplo, pero podría haber sido también la de hace 10 años, 20 o 50, es Flecha, un corredor con corazón aventurero, uncido a un yugo durante cuatro horas. Tirando del carro. Él solito. Todo el pelotón cargado en sus espaldas dobladas sobre el manillar. Hay directores que mandan mucho. Casi todos. Y no preguntan nada. Todos. Son directores míticos. Hacen historia, dicen. Encierran a los ciclistas en el autobús y les dan la chapa. Atan a los ciclistas con el pinganillo y no permiten durante toda la carrera que se olviden de su aliento, que debe de ser su pensamiento. Hay directores que les ponen a todos el mismo plato, con 55 dientes, que son muchos para tan poca boca, aunque se les atragante en el prólogo. Son de plutonita, sólo se rayan.

Hay directores que de jóvenes adoran el neocapitalismo, el mercado libre, el más rápido gana, el más listo también, regulación espontánea del pelotón, liberalismo para todos, como el agua. Se forjan su reputación. Se convierten en maestros. Hacen un trabajo perfecto. Un nivel de eficiencia increíble. Multiplican por 100 la inversión.

Pasan los años y el mismo pragmatismo entierra la teoría individual. Siglo XXI. El ciclismo se colectiviza. Resumida, y trampeada quizás, esa es la vida del viejo Ferretti, un superviviente del ciclismo, el patrón de Flecha.

Ferretti ha convertido al Fassa Bortolo de Petacchi una factoría de victorias increíble que durante el Giro rozó la perfección. Convirtió todas las etapas llanas en una bis repetitia -y fueron 11- y logró ganar nueve. Consiguió que ni una sola etapa llana evitara el sprint. Convirtió a Petacchi, un sprinter muy fuerte e infalible cuando le hacen ocho bien el trabajo, cuando se encuentra en espado de gracia, en el hombre invencible que acabó en un par de pedaladas con el mito Cipollini -ése gigante cuyos restos aún se arrastran por las cotas de cuarta-. Ferretti llegó al Tour. Hojeó el libro de ruta. Calculó los sprints posibles. Convocó a los corredores. Petacchi, a un lado. Los ocho restantes a otro. Olvidaros de quiénes sois, les dijo, de lo que pensáis que podéis ganar, de vuestras ambiciones. Todos estáis aquí por Petacchi aunque alguno, como mucho, Cancellara, quizás, podrá expresar sus ambiciones en el prólogo.

Luego unció a Flecha y a Bruseghin al yugo. A tirar del carro. Tiraba Flecha ayer por las carreteras valonas, delante de él cuatro fugados a los que no había que dejar respirar, detrás de él el caos. La lluvia, el viento, los nervios, los codos, los roces, los empujones, los acelerones, los frenazos, las curvas, los patinazos. Toda la plutonita del mundo rayándose en el asfalto. Óscar Sevilla se hace un huevo en la cadera derecha. Bruseghin también. El culotte desgarrado lo muestra, la carne rayada y roja. Se caen también Hamilton, Pereiro, Beltrán, Noval, Cipollini y Fofonov. Bisel, uno de los fugados, se cae por delante, cuando, torpe, intenta hablar con su director. Cipollini también se queda en una cuesta. McGee, la revelación del Giro, el ganador del prólogo del Tour 2003, dice que se le ha desajustado la cadera, que no siente las piernas, que no puede doblar la espalda... A veces, Flecha se aparta. Deja pasar a Cancellara, el líder, que quiere esprintar en las metas volantes para mantener el amarillo, que quiere conducir a Petacchi a falta de dos kilómetros para la victoria. A los fugados les cogen, a Petacchi le lanzan y no ganan la etapa. La gana Jaan Kirsipuu, un estonio veterano y cabezón que vive en Francia y que en 12 años de profesión ha ganado 116 carreras. Y que también es de plutonita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 2004