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Reportaje:Eurocopa 2004 | Grecia, el campeón más inesperado

Charisteas vive iluminado

El delantero del Werder Bremen amarga la existencia a Portugal tanto en la primera fase como ayer y corona su actuación con el gol

Si hubo un jugador que amargó la vida a Portugal, tanto en el principio del torneo como en la final, fue Charisteas, decisivo en los dos partidos en los que se enfrentaron griegos y lusos. Otto Rehhagel pidió en ambos encuentros a su espigado ariete que penetrara por la banda derecha y hurgara en el que es sin duda alguna el punto débil del cuadro de Luiz Felipe Scolari: su lateral izquierdo. Tanto el primer día, Rui Jorge, como ayer, Nuno Valente, fueron pan comido para el estado de inspiración del heleno.

- Charisteas. Afilado. Llegó tan fino a la Eurocopa que ha podido actuar indistintamente de ariete, su puesto natural, y de interior derecho aprovechando su gran cabalgada para sorprender desde atrás. El delantero, de 24 años, apenas participó este curso en el Werder Bremen, campeón de Alemania, y eso ha sido una bendición para Grecia. En la segunda parte aprovechó su estatura, 1,91 metros, para entrar a cabecear con gran decisión un córner sacado por Basinas. Fue su tercer gol en el torneo y el segundo de cabeza, ya que así le había marcado también a Francia en los cuartos de final.

Tan incómodo se sintió Figo que a la media hora se cambió de botas por si variaba su suerte

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- Katsouranis. Símbolo del antifútbol. Se supone que este central del AEK llegó a Portugal para jugar, pero se conformó con que no jugaran los demás. Obedeció órdenes. Ejerció de sabueso durante todo el torneo. Primero secó a golpes la creatividad del checo Nedved, en la semifinal, y ayer le tocó el turno a Deco. Con el mismo resultado.

- Seitaridis. El jugador más dotado de Grecia. Y el que más revalorizado sale de la Eurocopa. Tiene tan sólo 23 años y un acuerdo con el Oporto. Notable técnica y físicamente. Larga zancada, buen regate y pase, además de ser un marcador pesadísimo. Devuelto ayer por Rehhagel a su hábitat natural en el lateral derecho, pudo entrar más en contacto con el balón que ante la República Checa.

- Figo. Aburrido. Intercambió constantemente su posición a fin de encontrar un atajo hacia la meta de Nikopolidis. Pero no hubo manera. Se sintió tan incómodo que, a la media hora, se cambió de botas a ver si le cambiaba la suerte. Desesperado, se dejó llevar por su tendencia natural. Cayó a la derecha y allí se las vio con Fyssas, el lateral izquierdo del Benfica, que fue un muro. Y que le atizó unas cuantas patadas de consideración. Figo cambió otra vez de banda, pero allí estaba Seitaridis. ¡Qué pesadilla! Scolari resopló, frustrado, desde la banda.

- Deco. Neutralizado por el pegajoso marcaje de Katsouranis. Eventualmente, dejó constancia de su excelente toque y siempre buscó una jugada individual que resultara definitiva. Sin éxito.

- Costinha. Sólo dejó una durísima entrada a Seitaridis y se marchó a la ducha maldiciendo a Scolari al ser sustituido tras el gol griego. Como si fuera una injusticia. Entró Rui Costa, que se despedía de la selección y dio más recursos ofensivos a Portugal.

- Vryzas. Sorprendente. Pese a su perfil de media punta, este zurdo del Fiorentina ha actuado como el hombre más adelantado de los griegos. Con suficiente calidad para retener el balón mientras sus compañeros llegaban al galope. Y con suficiente inteligencia para pasarlo a la zona más conveniente.

- Dellas. El gigante del Roma volvió a defender su zaga con serenidad y limpieza, tal y como hiciera en la semifinal ante los checos.

- Basinas. El hombre invisible. No está en ningún sitio y está en todas partes. Siempre dispuesto en las ayudas a sus compañeros. Tan sencillo en su juego como efectivo. Suyo fue el centro enroscado en el córner en que marcó Charisteas.

- Cristiano Ronaldo. Sus interminables regates con el cuerpo fueron la mejor esperanza portuguesa para romper el cerrojo griego. Aun así, ha ido perdiendo electricidad a medida que avanzaba el torneo, probablemente por el desgaste físico.

- Maniche. Empezó con su dinamismo habitual, pero al cabo de 15 minutos ya estaba atrapado en la telaraña que forma el medio del campo heleno. Manchó su gran Eurocopa.

- Miguel. Sufrió una bronca tremenda de Scolari porque se pasó casi cinco minutos renqueando para marcharse del campo. Felipão le preguntaba y él, sin dejar de arrastrarse, hacía como si oyera llover.

- Pauleta. Superado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 2004