Columna
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Instinto de conservación

IU es una opción política permanentemente amenazada de extinción. Lo es desde su nacimiento. IU es la fórmula política a través de la cual el PCE se ha presentado ante los electores desde 1986, una vez que las siglas PCE habían pasado a ser casi extraparlamentarias en las elecciones de 1982, en las que los comunistas pasaron de los 23 escaños de 1979 a cuatro.

Aunque desde el principio se pretendió que IU fuera algo más que el PCE y se esperaba que ese algo más acabaría convirtiéndose en algo distinto de lo que había sido el PCE, nunca consiguió IU liberarse de la tutela comunista, que pudo ser ejercida con más o menos intensidad según la coyuntura, pero que nunca ha dejado de dominarla.

IU dilapidó bajo la dirección de Julio Anguita la confianza que en ella había depositado la sociedad española

Precisamente por eso, la opción política IU ha estado permanentemente amenazada de extinción. El comunismo ha dejado de ser una opción política. El comunismo puede ser una opción personal, pero no política. El resultado del ensayo de la fórmula comunista en Rusia a partir de 1917, en donde está el origen de todos los partidos comunistas europeos, ha liquidado de manera definitiva e irreversible cualquier posibilidad de hacer uso políticamente de la misma en cualquier país europeo. Ya se intuía con claridad antes de 1989, pero se despejó cualquier duda a partir de ese año.

Inicialmente parecía que el PCE se anticipó con IU a la caída del Muro de Berlín y que iniciaba con esa fórmula una opción poscomunista, que eventualmente podría resituarlo con posibilidades de operar con cierta normalidad en el sistema político español. Y efectivamente así fue. No todavía en 1986 y apenas en 1989 en las elecciones generales, pero sí en las elecciones autonómicas andaluzas de 1986 y 1990 y, a partir de 1991, en las elecciones municipales primero y en todas las demás elecciones celebradas durante la década, fueran generales, autonómicas, municipales o europeas.

Este crecimiento de IU, muy vinculado al deterioro de la posición política y electoral del PSOE, provocó el espejismo en la dirección de la federación de que era posible ocupar el lugar hegemónico que había venido ocupando en el interior de la izquierda española el PSOE desde las elecciones constituyentes de 1977. El coordinador general de IU, Julio Anguita, dejó de pensar simplemente en ocupar un espacio razonable en el sistema político español y puso en circulación la teoría del sorpasso, es decir, de la sustitución del PSOE por IU como punto de referencia electoral de la izquierda española. En lugar de pensar qué podían hacer conjuntamente PSOE e IU, Julio Anguita llegó a la conclusión de que había posibilidades de acabar con la hegemonía socialista en la izquierda española y de sustituirla por la hegemonía de IU. De ahí que pusiera en marcha una estrategia exclusivamente antisocialista, en la que valía todo, incluso la coincidencia con el PP liderado por José María Aznar.

La estrategia de Julio Anguita tuvo un cierto rendimiento electoral, aunque ni de lejos se aproximó nunca a lo que el coordinador general había previsto. IU no llegó nunca a alcanzar el techo electoral del PCE de 1979 ni tampoco llegó a tener el poder municipal de ese mismo año. Hubo un crecimiento importante de IU, pero en ningún momento se vio amenazada la posición hegemónica del PSOE en la izquierda española.

Pero ese rendimiento electoral era pan para hoy y hambre para mañana. Lo que se está viviendo en este comienzo de siglo en IU es el despertar del espejismo de la época de Julio Anguita. IU perdió en aquel periodo su instinto de conservación. Olvidó que es una opción política de origen comunista y que como tal está permanentemente amenazada de extinción. Olvidó que no puede cometer errores y menos errores graves. Y error gravísimo era intentar ocupar el lugar del PSOE en el sistema político español.

Es posible que los militantes de IU tengan la sensación de que es sumamente injusto que el PSOE pueda cometer errores, que pueda incluso cometer muchos errores, sin que su supervivencia se vea comprometida por ello y que IU pague tan caro los errores que comete. Es una sensación que se puede perfectamente compartir. Pero la vida es como es y una opción política de origen comunista no debería olvidar nunca que, como decía Carlos Marx, los seres humanos hacemos la historia en condiciones independientes de nuestra voluntad.

Para sobrevivir IU tiene que tener activado permanentemente su instinto de conservación. Cualquier formación política que intenta dar un salto por encima de sus posibilidades acaba dándose un batacazo. Pero en el caso de IU el salto puede acabar en un batacazo mortal. El error en IU activa todas las reservas, todas las desconfianzas que existen en la sociedad respecto del comunismo como opción política. De ahí que no sea suficiente que se corrija el rumbo, sino que sea preciso algo más. Algo más sobre lo que la dirección de IU carece de control.

Esta es la razón de la perplejidad con la que la dirección de IU se está enfrentando a sus resultados electorales de este año. Si hemos venido trabajando bien y si hemos participado en todas las batallas importantes de estos últimos años en una buena dirección, ¿por qué este trabajo no se traduce en buenos resultados electorales?

Pues porque no. La evidencia empírica de que disponemos indica que IU tiene un núcleo de votos propios de algo menos del 5% y que, por encima de ese porcentaje, los votos que tiene son votos prestados. Pero prestados de verdad y no como ellos piensan que los tiene el PSOE. Ahora bien, como todo el mundo sabe, el préstamo es una operación que descansa en la confianza. Si ésta desaparece, no hay préstamo. IU dilapidó bajo la dirección de Julio Anguita la confianza que en ella había depositado la sociedad española. No sé si podrá recuperarla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 26 de junio de 2004.

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