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Necrológica:

Antonio Parra, abogado y poeta

Antonio Parra Cabrera (Orcera, Jaén, 1926), importante abogado que cultivaba, entre otras inquietudes culturales, la poesía, falleció el 7 de junio en Madrid, a los 78 años, víctima de un tumor de pulmón que se le descubrió hace tres años.

Como resaltó, tras el funeral celebrado el 18 de junio, su amigo Óscar Alzaga -actual abogado que fue diputado centrista en las Cortes Constituyentes-, Parra destacó por "su lealtad y su rigor en el trabajo".

La vida de Parra se sustentó en dos pilares: su sólida fe cristiana y su apasionada e insobornable rebelión contra la injusticia, especialmente cuando la producía la burocracia de la Administración. Tenía auténtica "inquina" a las ventanillas, según confesó en 1994 a este periódico.

En su etapa de funcionario municipal en Úbeda (Jaén), en plena época franquista, y actuando a contracorriente de algunos jerifaltes locales, promovió el reconocimiento y homenaje a un intelectual ubetense republicano y de izquierdas, José Gallego-Díaz, fallecido en Caracas en 1965.

La dedicación profesional de Parra superó siempre las exigencias normales y se convirtió en una generosa entrega total.

El Antonio Parra oficial mayor del Ayuntamiento de Úbe-da en los años cincuenta y sesenta fue un animador cultural que regeneró la biblioteca municipal y fomentó tertulias literarias; el Parra profesor de un estudiante de Derecho que cursaba la carrera por libre fue, en realidad, el tutor profesional de aquel alumno; el Parra trasladado a Madrid como abogado de la empresa constructora Fábrega, fue a la vez el hombre de confianza del empresario, Benito Fábrega, y el conseguidor y amigo de aquel colectivo de empleados; el Parra ubetense adoptivo se dejó hasta las cejas en el fomento del ubetensismo en la casa de Úbeda en Madrid y en la promoción de la revista Gavellar.

Entre las aficiones culturales de Parra, escritor de pluma incisiva y audaz, destacó la poesía y, dentro de ella, su pasión por el mar Mediterráneo y por los itinerarios y vivencias de Antonio Machado o del frailecico san Juan de la Cruz, que "quiso morir en Úbeda", como Parra aseguraba.

Parra desperdigó su tremenda capacidad literaria en multitud de conferencias, juegos florales, poemas, artículos, pregones, pero no llegó a publicar un libro propio, aunque fue prologuista de muchos ajenos.

Ayudó a los demás, se regaló a los otros, pero no tuvo tiempo para ocuparse de lo suyo personal. Por eso, la muerte de Antonio Parra no es sólo una pérdida para su mujer, Luisa Ruiz, y sus hijos Pilar, Antonio, José Luis e Isabel, sino una gran tristeza para los muchos que seguimos en deuda con él. Descanse en paz.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 2004