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Reportaje:Eurocopa 2004 | La maldición del lateral zurdo español y los despistes de Rusia

El templario Bravo

El lateral izquierdo, que tiene un alto grado de autoestima, desconfía de los medios de comunicación por entender que no creen en él

Caldas das Taipas

"Estoy concentrado". A excepción de TVE, por una cuestión de patrocinio, Raúl Bravo (Gandía, Valencia; 1981) procura mantener a raya a los medios de comunicación, de los que desconfía por entender que dudan de su capacidad para defender el lateral izquierdo de la selección, huérfano desde hace tiempo tal que un agujero negro. Tampoco hay expectación por conocer sus inquietudes. Así que en la sala de prensa no se le espera hasta después del partido contra Rusia.

Para saber de sus andanzas hay que remitirse al entrenamiento, en el que se emplea con determinación más que con buen gusto. Iñaki Sáez le tiene confianza y a ella se remite Bravo, que, por lo demás, tiene un alto grado de autoestima. Acabó la sesión del martes, por ejemplo, mostrando el signo de la victoria frente a Casillas tras haberle colado los dos penaltis que le tiró y calentado las manos de Cañizares y Aranzubia con un surtido de remates desde larga distancia. Desafía a los porteros y responde a su falta de currículo con el porte confiado de un veterano. Le interesa combatir cualquier sospecha con vistas a la cita con los rusos.

Un puesto maldito desde que lo dejó Sergi y que se ha tragado a Juanfran, Aranzabal y Romero

Jugador de físico notable, sus debilidades técnicas con la pelota quedan en evidencia en los partidos de fútbol-tenis como el organizado ayer por la mañana. Debutó hace dos años en Budapest y, al cabo de once encuentros, se encuentra con una titularidad inesperada por la lesión de Salgado, lateral derecho, circunstancia que aumenta todavía más el confusionismo sobre una demarcación que pasa por ser la menos apetecida del fútbol o, al menos, la que tiene menos pretendientes. Todavía hoy no se sabe por qué Saéz convocó a Capdevila, un zurdo, para cubrir la baja de Salgado, un diestro, y pasar a Puyol de la banda izquierda a la suya natural, que es la derecha. El cambio tuvo un efecto dominó que ha dejado a Bravo en la titularidad.

Saéz sabrá más que nadie, pues el seleccionador fue en su época de jugador un reconocido lateral derecho que debutó en el equipo nacional en Wembley ante Inglaterra, partido en el que se desfondó a la primera carrera por el entusiasmo que puso en el estreno.

Bravo tiene un buen despliegue físico (1,78 metros y 71 kilos), es más fuerte que veloz y aguarda a que la selección acabe con su indefinición futbolística. Al igual que ocurre con muchos jugadores polivalentes, hoy no se sabe si es una cosa u otra: lateral o central, demarcación que ocupó esta temporada en el Madrid. A efectos contables, consecuentemente, España puede enfrentarse a Rusia con cuatro centrales: Bravo; Puyol, que ha formado pareja con Oleguer en el Barcelona; Marchena y Helguera, al que seguramente le gusta más ejercer de medio.

"Tiene una gran calidad muscular y una notable capacidad de recuperación. Es resistente", precisa el preparador físico, Manuel Delgado Meco, sobre Bravo, que, prácticamente, ya ha superado de la rotura fibrilar que sufrió en la parte posterior del muslo izquierdo y últimamente aplica hielo después de los entrenamientos a un tobillo lastimado.

Frente al comportamiento templario del defensa zurdo del Madrid aparece la sonrisa permanente de Joan Capdevila (Tárrega, Tarragona; 1978), que fue requerido cuando estaba de vacaciones desde el 22 de mayo y ya tenía organizado un viaje con su novia a Egipto. La lesión de Salgado, que ayer aseguró que para nada compartía la decisión de Saéz de excluirle porque cree que se puede recuperar en diez días, permitió que la zamarra española con el número 2 fuera para el lateral izquierdo del Deportivo, internacional absoluto en cuatro ocasiones y asiduo de la selección olímpica. "No me lo esperaba", reitera; "me parecía imposible ir a la selección y aquí estoy. Aunque no me obsesiona jugar, espero que haya minutos para todos e incluso para el último en llegar".

Capdevila pide que le vaya bien a Bravo, recuerda que también Puyol puede jugar por la izquierda, "aunque por la derecha puede subir más al ataque", y aspira a que, de una u otra manera, se acabe el debate sobre el puesto de lateral zurdo, por el que también han ido desfilando Juanfran, Aranzábal y Romero desde que Sergi dejó de contar para la selección.

No es sólo un problema de nombres, sino de funciones. Sáez parece más partidario de defensores que de carrileros porque para atacar ya tiene a los volantes: Etxeberria, Joaquín, Vicente y Luque.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 2004