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Crónica:LA CRÓNICA | NACIONAL

Momento decisivo para el PP

Las elecciones europeas del próximo 13 de junio pueden marcar un momento decisivo para el Partido Popular, no sólo porque representan la primera ocasión para sopesar la situación de su electorado, tras la dura derrota del 14-M, sino también porque pueden ayudar a despejar muchas de las dudas que se plantean algunos de sus actuales dirigentes sobre su propio futuro dentro de la organización.

Un resultado razonablemente bueno alentaría la llamada línea Mayor Oreja y afianzaría a quienes defienden que el político vasco debe seguir desempeñando un papel importante en la dirección del partido. Un mal resultado, por el contrario, daría fuerzas a quienes ya están proponiendo un cambio importante no sólo en la imagen corporativa del PP (se ha cambiado el color de los carteles de la campaña electoral europea), sino también en su equipo de dirección. "No ponemos en duda el liderazgo de Rajoy, pero creemos que necesita un equipo renovado y con más ánimos", asegura uno de los representantes de ese sector.

Se perfilan dos análisis distintos sobre la estrategia popular. Nadie pone en duda a Rajoy, pero un sector quiere un equipo "renovado y con más ánimos"

A pocas semanas de las elecciones, parece muy claro que dentro del PP existen diferentes análisis y que la mayoría de sus dirigentes está esperando al 14 de junio para empezar a reunir y a valorar sus fuerzas y su capacidad de influencia. "Todos estamos de acuerdo en dos cosas: defender una idea de España y presentarnos como los representantes de la buena gestión económica", explica un diputado favorable a una mayor renovación interna. "Pero no todos vamos a estar de acuerdo en cómo planificar estos cuatro años".

Segun el mismo diputado, los dirigentes populares que comentan en privado la necesidad de introducir cambios están dispuestos a plantar batalla antes del congreso, previsto para otoño. "Éste es el mejor momento del PSOE. A partir de las elecciones europeas, sólo podrá ir a menos. Pero no servirá de nada si para entonces nosotros no hemos hecho ya algunos cambios. La experiencia demuestra que de nada sirve el desgaste del partido en el Gobierno, si el partido en la oposición no es capaz de recoger los beneficios. Y para eso tenemos que modificar bastantes cosas".

Travesía del desierto

Según ese sector, muchos de los apoyos externos del PP (económicos o empresariales) comparten buena parte de este análisis. Admiten, sin embargo, que el sector "más clásico" del propio PP no está de acuerdo. "Para estos compañeros, el resultado electoral del 14-M es anómalo y sólo es necesario tener paciencia porque el Gobierno socialista se va a complicar él solo la vida con la reforma de los Estatutos de Autonomía y de la Constitución", explica uno de los críticos. "Desde ese punto de vista, el PP no se enfrenta a ninguna travesía del desierto. Las alternativas, prometen, son ahora mucho más rápidas".

Los "aperturistas" piensan, sin embargo, que ese es un análisis erróneo, parecido al que hicieron los responsables socialistas tras su derrota de 1996 y que les costó una seria crisis interna. "Esa es una manera de ver las cosas muy peligrosa. Nadie pide una refundación del PP ni cosa parecida, pero sí un cambio perceptible que responda a una situación distinta y que sea una señal no sólo para nuestros votantes de siempre, sino para los que nos han abandonado".

Aunque nadie lo admite, es posible que algunos dirigentes populares tengan sensaciones ambivalentes sobre las próximas elecciones europeas. Un resultado razonable sería bueno para animar al partido y a sus distintas organizaciones, pero también podría tener un efecto secundario no deseado si se interpreta, o exhibe, como un éxito de quienes consideran que no es momento de hacer cambios. Para mucha gente dentro del PP parece claro que un buen resultado de Jaime Mayor le impulsaría dentro de la dirección del partido, mientras que un mal resultado le confinaría en Estrasburgo.

Curiosamente, si en algo coinciden los dos líneas de análisis es en que el PP tiene una imagen muy mala de antipatía que ha provocado la "falta de afecto" de los electores. "En los últimos días de campaña ya nos dimos cuenta de ese problema, y por eso Aznar intentó convencer de que era un problema personal suyo y no del partido en su conjunto. Pero reaccionamos tarde y la imagen de antipatía ya se había extendido a toda la organización". Ahora, con vistas a la nueva campaña electoral, los responsables del partido se han planteado como algo prioritario aliviar esa imagen de dureza. Aznar no acompañará a Jaime Mayor Oreja en ninguno de los mítines. Rajoy, a quien algunos atribuyen un cierto "bajón" anímico, se ha comprometido a acompañar al cabeza de lista en seis o siete mítines en toda España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de mayo de 2004

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