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Reportaje:VALENCIA 2007

Un nuevo canal y una ampliación controvertida

El impacto sobre la playa de la Malva-rosa y los planes de crecimiento del puerto de Valencia alientan el debate en torno a las principales infraestructuras de la Copa del América

Valencia
Valencia ofreció a los organizadores de la Copa del América de 2007 una dársena interior del puerto abierta al mar y al campo de regatas a través de un canal de nueva construcción. Esta obra, en fase de adjudicación, se completa con un proyecto de antedársena y de diques de abrigo que deberán contar con una declaración de impacto ambiental positiva. Los efectos de la obra sobre la estabilidad de la playa de la Malva-rosa y las posibles alternativas al diseño de la nueva bocana, ahora que el proyecto está en exposición pública para recibir alegaciones, centran un debate que se extiende a las previsiones de ampliación norte de las instalaciones del puerto de Valencia.

La oferta de Valencia para albergar la Copa del América de 2007 sedujo a sus organizadores -la empresa suiza ACM- con el potencial de transformación de la dársena interior del puerto y la promesa de una salida rápida al campo de regatas a través de un nuevo canal. Esta obra ha generado un debate que se ha intensificado con la exposición pública del estudio de impacto ambiental de la antedársena y bocana que coronarán el canal. El impacto sobre la playa de la Malva-rosa, el diseño de los diques de abrigo y las posibles alternativas son puntos de una discusión sobre la que planea la ampliación del puerto. El proyecto está marcado por las prisas: el Ayuntamiento de Valencia, gobernado por el PP, prometió que el canal estaría operativo en 2006. Su diseño quedó definido durante la candidatura al evento: el canal tendría medio kilómetro de largo y 80 de ancho y se abriría junto a la playa de la Malva-rosa. Esta parte de la obra, dentro del puerto, no exige declaración de impacto y se adjudicará próximamente por unos 140 millones de euros.

La estabilización de la playa exigirá aportes de arena durante un mínimo de 12 años

El puerto defiende la necesidad de aumentar su superficie para ser competitivo

La salida al mar por el canal se culmina con una antedársena de amarres para cruceros y se protege con un contradique perpendicular a la playa, de 812 metros de longitud, y un dique de abrigo en dos tramos de 795 metros y 426 (ver gráfico). Estas estructuras, una inversión de 66 millones de euros, sí exigen declaración de impacto positiva y se toparán con alegaciones.

Las primeras objeciones parten del propio estudio de impacto ambiental, que describe como "severas" las consecuencias de la obra sobre la playa de la Malva-rosa. La nueva bocana causará su basculamiento hacia el sur, "con un retroceso máximo de 20 metros de la línea de orilla" en pocos años, que se reducirá a largo plazo, mientras que junto a los diques se producirá "un brusco avance" de la arena de 80 metros en tres años y de 140 al cabo de 20 años. Para evitarlo y estabilizar la playa, será necesario regenerarla con aportaciones de arena, según diversas estimaciones del proyecto, durante 12 a 20 años, con cantidades de 113.000 a 500.000 metros cúbicos. La bocana, orientada hacia el norte, también controvertida, acumulará arena que deberá ser dragada.

El presidente de la Autoridad Portuaria de Valencia, Rafael del Moral, destaca que el canal "es necesario para la Copa del América" y que a partir de esa premisa, la obra prevé impacto ambiental "absolutamente aceptable". Del Moral apunta que las actuales instalaciones también obligan a dragar arena; en la nueva bocana se hará cada 40 años. Mientras, la orientación hacia el norte o sur de la bocana no varía sustancialmente, según Del Moral, las cantidades de arena que se depositarán en la zona del contradique. El impacto sobre la playa es "inevitable" con las dos variantes y "obliga a corregirlo para que quede estable". El dragado durante las obras permitirá disponer de arena "de sobra" para la Malva-rosa, sostiene Del Moral, que defiende la bocana hacia el norte "por motivos de seguridad". Con la opción sur, "una falsa maniobra podría arrojar a los barcos contra la escollera", afirma.

Josep Medina, catedrático y director del Laboratorio de Puertos y Costas de la Universidad Politécnica, discrepa, y ha presentado 21 alegaciones que incluyen tres alternativas para la bocana. Estas opciones reducen o eliminan la antedársena y dibujan diques que en opinión de Medina rebajan claramente el impacto. Para el catedrático, no es admisible que se afirme que ese efecto apenas varía por la orientación de la bocana, y considera que la seguridad de los barcos puede garantizarse con las alternativas. Medina exige precisión en el estudio de la transformación de las playas y advierte, frente al optimismo de Del Moral, que "la alimentación artificial es muy difícil de aplicar en la costa valenciana".

La Dirección General de Costas, del Ministerio de Medio Ambiente, que aún emitirá un informe, también propuso un bocana hacia el sur por su menor impacto.

Para José Serra, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Politécnica, "la solución elegida es la menos mala" si la condición es situar el canal junto a la dársena interior y se prevé ampliar el puerto, pero son necesarias medidas correctoras con "trasvases de arena" que permitan mantener la Malva-rosa y el resto del frente litoral. "Si el plazo no fuera tan corto, habría tiempo para analizar más variantes", añade Serra.

El catedrático de Puertos Vicent Esteban Chapapría señala que el impacto en la playa, que deberá ser corregido, "es severo, pero no crítico" y no cree que las alternativas lo reduzcan significativamente. "La solución elegida es válida", dice este experto, que considera "irrelevante" la acumulación de arena en una bocana con un calado de 12 metros y defiende la mayor seguridad si se orienta al norte.

El efecto sobre la Malva-rosa preocupa a la Federación de Vecinos y a Ecologistas en Acción, que preparan alegaciones, piden más estudios de la dinámica del litoral y dirigen su mirada hacia las playas del sur y L'Albufera, que apenas merece mención en el estudio. "Eso nos preocupa, estamos casi convencidos de que esta obra es la primera piedra de la ampliación norte del puerto", dice el dirigente vecinal Antonio Cañuelo.

"La ampliación es independiente de la Copa del América", subraya el presidente del puerto. Del Moral explica que es necesaria para mantener la competitividad del puerto y el tráfico interoceánico, que exige instalaciones para barcos con 10.000 contenedores. "La Comunidad Valenciana ha luchado para conseguir ese estatus y para que ese tráfico tocara Valencia, y no sólo Barcelona o Marsella", dice Del Moral. La ampliación se dividirá entre Sagunto (73 hectáreas) y Valencia (187 hectáreas). "El canal de la Copa da un bocado" a la previsión de la ampliación, que también se situaba junto a la Malva-rosa. "Se hará de todas las maneras, pero con la bocana al norte los tráficos quedarán separados", y se hará "de forma que no afecte al Saler" y sin agravar el impacto en la Malva-rosa, defiende Del Moral.

Para Medina, por contra, el diseño del canal no debe marcarlo la ampliación -el estudio parte de hacer compatibles estas obras-, que multiplicará "masivamente" el impacto ambiental y visual. "Cualquier solución condiciona la ampliación, si se hace, pero ese argumento ahora no es esclarecedor", sostiene Esteban Chapapría. Coincide José Manuel Calpe, decano de los ingenieros valencianos, en que la nueva bocana incide en la ampliación, pero apunta que si el puerto no planteara ganar superficie cabría un diseño de menor impacto.

Para Rafael Rubio, portavoz del PSPV en el Ayuntamiento, que ultima alegaciones, la ampliación "tendría un coste ambiental importantísimo" en las playas del norte y posiblemente en las del sur y exigiría nuevo espacio para la actividad logística. Por ello, aboga por aumentar el puerto en Sagunto y estudiar alternativas de menor impacto para los diques del canal en Valencia.

El catedrático José Serra, mientras, opina que la ampliación "tendría efectos importantes" y recuerda que las playas de Pinedo y El Saler han sufrido un retroceso de 500 metros en su historia. Por eso insiste en que hay que actuar antes incluso de hacer obras para frenar el impacto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004