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Reportaje:FÚTBOL | La crisis de los modestos

Miserias del balón

Jugadores del Compostela, el Avilés, el Jerez, el Mérida o el Pájara Playas, algunos de los equipos que no pagan a sus plantillas, cuentan cómo les ha cambiado la vida y cómo es el día a día sin un euro en el bolsillo

A unos, simplemente, les han cortado el teléfono. Otros incluso se han visto incorporados a las listas negras de los morosos. El colegio de los niños, la hipoteca del piso, las letras del coche... Todo, en suspenso. En casos extremos, hasta les falta dinero para lo más elemental: comer. En esas circunstancias, sólo les queda recurrir a los padres, a su amparo, o a los amigos, a sus préstamos. Es la otra cara del mundo profesional del balón, la menos atractiva, la negra. Sus clubes, en crisis, no les pagan sus sueldos. Y ellos, sus víctimas, por no poder, no pueden ni ponerse en huelga, ya que perjudicarían deportivamente al equipo. Unos han buscado otro trabajo y otros aguardan a final de curso para colgar las botas.

Los futbolistas españoles han denunciado deudas por valor de 175 millones de euros a lo largo de los últimos 14 años. "Y la cosa va a más", según el análisis de Gerardo González Movilla, el presidente de su sindicato. En la sede de la AFE se amontonan, en efecto, los documentos legales que constituyen la pantalla que oculta las tragedias personales de los jugadores que no cobran por el trabajo que realizan. Durante mucho tiempo, el modo de evitar la crisis y maquillar las cuentas de los clubes consistía en contabilizar sus fichas federativas en las casillas del haber. El pinchazo del mercado ha hecho saltar, sin embargo, esa estrategia por los aires y se han disparando los números rojos en todas las tesorerías. Casi todos los futbolistas cobran tarde y mal y muchos de la Segunda División A y la Segunda B son incapaces de resistir más de dos meses sin percibir su sueldo.

Álvarez: "Lo peor no es el dinero, sino la situación personal. Me ha cambiado el carácter"

Jesús: "Voy siempre con el maletín de las colonias. Al menos, saco para la luz y el agua"

Vilches: "No me puedo mover de casa y me paso el tiempo, alelado, delante del televisor"

VILCHES "No tengo ni para

una chocolatina"

En medio del cruce de acusaciones entre el Avilés y las instituciones asturianas, acorralados, los futbolistas y los empleados del club lleva cinco meses sin cobrar. Unos padecen crisis de ansiedad y creen que se van a morir, como Uriel Bartolucci. Otros repasan con el dedo índice los anuncios por palabras de los periódicos buscando trabajo y se apuntan a los cursos laborales del Ayuntamiento, como el argentino Esteban. Vilches, de 24 años, está atrapado en una paralizante depresión: "Me había ido de casa hace dos años y he tenido que volver a Gijón con mis padres. No puedo ni irme a tomar una cerveza. No tengo un euro ni para comerme una chocolatina. Además, cuando estás así, te entra la apatía. No te apetece hacer nada. No me puedo mover de casa y me paso el tiempo, alelado, delante del televisor. Tampoco puedo dormir. Además, al volver a casa de mis padres, estoy incómodo porque ya me había hecho a mis manías, a mis hábitos. En los entrenamientos te cambia la actitud, incluso después de sólo un mes sin cobrar. Es muy duro no tener para el recibo del coche o para el alquiler. Eso de decirle a tu casero que no le puedes pagar porque a ti no te pagan. El mío era un amigo, pero, aun así, me fue difícil explicarle que no podía abonarle el recibo. Al final, me tuve que marchar del piso. Dependes de la buena voluntad de la gente, de que te fíen o te presten. He solicitado trabajo en una empresa de aislamientos y estoy a la espera de que me conteste. Encima, no tengo una novia que me invite a tomar una copa o ir al cine".

SAÚL ÁLVAREZ "Es terrible empezar de nuevo a los 37 años"

Saúl Álvarez, ex preparador físico del Compostela, habla despacio, con la voz apagada. Confiesa que, desde que tuvo que abandonar su sueño de vivir del fútbol, algo se le ha "roto" en el interior. Llevaba 18 meses sin cobrar cuando tomó la determinación de abandonar. No podía aguantar más. Incluso notaba que su vida afectiva y personal se desmoronaba al tiempo que su cuenta corriente adelgazaba hasta desaparecer: "Llevaba ya un año sin cobrar cuando empezó la temporada, pero entonces trabajaba en un gimnasio. Me subieron al primer equipo y me prometieron un buen sueldo. Dejé mi trabajo y, al poco, el club bajó de categoría por las deudas. Me rebajaron la ficha en más de la mitad. Ya no podía regresar a mi antiguo puesto laboral. Aguante otros cuatro meses sin ver un euro y me marché. Ahora trabajo de socorrista en la piscina de un amigo, en Villagarcía de Arousa, y tengo 30 euros en el banco. Todavía arrastro las deudas de entonces. Con todo, lo peor no es el dinero, sino la situación personal. Me afectó mucho. Me cambió el carácter. No tenía ganas de nada. Todo me daba igual y me parecía monótono. Estaba muy quemado. Iba a ver al presidente, a suplicarle que me diera algo, y me contestaba: 'Dentro de dos semanas'. Luego, nada y... vuelta a empezar. Eso estaba acabando conmigo. Es terrible tener que volver a empezar a mi edad, con 37 años, y después de diez de ilusiones en el Compostela. Es como si hubiera estado tirando la mitad de mi vida, esperando algo que sólo era una ilusión".

JESÚS "Voy por los pueblos vendiendo perfumes"

Jesús, de 21 años y canterano del Compostela, ha decidido luchar contra la crisis con ingenio y buen humor. Estudia Políticas y vende perfumes de casa en casa, de bar en bar. Le cuesta mucho tomarse en serio el fútbol después de un año y medio sin cobrar y estando pendiente de las becas de la AFE. De hecho, todos en la plantilla, incluido su capitán, Txema, están convencidos de que la entidad les aboca a la huelga para precipitar la disolución del club y cargar a los jugadores la responsabilidad de la desaparición. Una estrategia bastante frecuente. Pero Jesús apela a la imaginación para afrontar los problemas: "Mi madre lleva una línea de cosméticos y un compañero suyo me propuso mover los perfumes. Yo ya se los llevaba a los compañeros a los entrenamientos y me recorría los pueblos. Pero, al quedarme sin dinero, empecé a llevarme el maletín con las colonias a todas partes. Por ejemplo, a la universidad. Vendo de 20 a 25 por el boca a boca. Cuando no tienes un euro, tienes que espabilarte. Al menos, con los perfumes me saco para pagar la luz y el agua, los gastos menores. Vivo independizado, con mi novia, pero ella es estudiante y tenemos muchos gastos. Pago el alquiler mes a mes porque procuro ahorrar en otras cosas. Por ejemplo, he tenido que dejar de usar el coche, andando de prestado con los amigos de acá para allá. Tampoco hemos podido irnos de vacaciones, apenas unos días en casa de un familiar en Villagarcía. Cuando no tienes, hay que aprovecharlo todo. Ahora, si voy a tomarme una cervecita, me llevo el maletín con los perfumes para ver si vendo alguno. Esta situación se nota mucho en los entrenamientos. Se han marchado el preparador físico y el segundo entrenador. Hacemos lo mínimo. Hay una dejadez total. Casi es como lo de los partidos de los casados contra los solteros. Pero nadie nos puede decir nada porque estamos jodidos y no tenemos la cabeza en las prácticas".

RAMÓN "Me pagaban con vales de comida"

El Mérida tiene un historial reciente de deudas realmente curioso. Hace tres años, sus dirigentes disolvieron la entidad. Desapareció. Se declararon en quiebra y, de esa manera, evitaron pagar a sus acreedores. Acto seguido, con astucia, aprovecharon que el conjunto filial no estaba ligado oficialmente al primer equipo para convertirlo en el nuevo Mérida, pero sin las trampas del viejo. Treinta y seis meses después de esa argucia, la directiva del club ha desaparecido, abandonando a la plantilla, a la que no paga desde hace cinco meses. Ramón, el portero titular, ha sido el primero en levantar la voz y mostrar su predisposición a posar en ropa interior o incluso desnudo. Todo, con tal de recaudar dinero. "A veces pienso en dejarlo todo y buscarme un trabajo normal", comenta; "mis padres me traen dinero cada vez que jugamos en Mérida. Vienen desde Sevilla. Pero son gente humilde y me sabe fatal depender de ellos. Los que mandaban se han marchado y nos han dejado colgados. A mi me prometieron tickets de comida, pero eso no figura en el contrato firmado. Antes cambiaba los vales en un bar por dinero y comida. No me echan del piso porque es de un compañero del equipo. O sea, que él también está fatal porque no sólo no cobra del club, sino que tampoco recibe el alquiler de su vivienda. Hemos hecho un calendario desnudos y unos pases de lencería, en ropa interior, para recaudar dinero. También se nos ha ocurrido hacer un telemaratón subastando camisetas de jugadores de Primera que conocemos. Yo le pedí la suya al ahora valencianista Marchena, con el que coincidí en el filial del Sevilla. Luego, el dinero recaudado lo dividiremos entre toda la plantilla, nos lo repartimos. Estamos todos de pena. Pero, por ejemplo, Benítez, que jugó en el Betis, no puede sacar adelante la hipoteca de su casa. Estamos indefensos. Yo creo que la ley no nos concede ningún derecho".

UNÁNUE "Hay compañeros en la lista negra de morosos"

De manera intermitente, el Jerez no paga desde hace años a sus jugadores. Lo paradójico es que éstos lo saben y, sin embargo, caen en su trampa temporada a temporada. Futbolistas de cierto caché, como Unanue, han perdido sus ahorros almacenados durante toda una larga carrera profesional. "Tenía una hipoteca", relata, "y he tenido que solicitar una ampliación después de estar seis meses sin ningún tipo de ingresos. Yo tengo una familia, mujer y tres hijos, y eso supone muchos gastos. A mis 34 años, después de haber llegado a jugar incluso en la selección española, nunca creí que fuera a perder mi colchón económico. Sí, claro, tengo inversiones, pero, si no las alimentas de vez en cuando, se van muriendo poco a poco. La cosa ha llegado al extremo de que, a mi edad, he tenido que pedir dinero a mis padres. Gracias a esa ayuda, mis hijos pueden seguir yendo al colegio. No obstante, hay gente que está todavía peor. Por ejemplo, a un compañero que no quiere dar su nombre le han incluido en la lista negra de los morosos. Lo peor es que no puedes hacer nada. Ni siquiera desahogarte con las declaraciones. Si te pasas, el club te abre un expediente y puede echarte sin pagarte nada de lo adeudado".

DANI PENDÍN "Tengo que mirar con lupa los precios en el súper"

El argentino Pendín está muy sorprendido. Le cuesta cambiar la idea de que los futbolistas en Europa son unos privilegiados que pueden entrar en las tiendas y comprar sin echar una ojeada a las etiquetas de los precios. Ahora no sólo no puede darse "caprichos", sino que ni siquiera puede pagarse un viaje a Argentina para que sus padres conozcan a la menor de sus nietas, nacida en agosto pasado: "No tengo dinero para pagarme los billetes de este verano. Las cosas están cada día más feas. Tal y como está la cosa, veo imposible disponer de la cantidad necesaria para comprar los pasajes. El año anterior me quedé en España porque nació mi segunda hija. Mis padres aún no la conocen y están muy enfadados, pero ni ellos pueden venir ni yo marchar para allá. Tengo que ir como sea y la única solución que se me ha ocurrido es pedir dinero en préstamo a alguno de los jugadores argentinos de la Liga que son amigos. Me estoy adaptando poco a poco a la situación. Es lamentable, pero tengó que mirar con lupa el precio de las cosas en el súper. Nunca me había pasado algo así".

YEROU "Nos han cortado el teléfono por falta de pago"

El Pájara Playas, de la isla canaria de Fuerteventura, es el club deportivo de España, tras el Barcelona, con el mayor número de licencias federativas. Tiene equipos de todo. Y pistas y campos de entrenamiento para todos. Lo que no tiene es dinero para pagarlo. Hasta el momento, ha dependido de las instituciones insulares. Pero éstas le han dicho "basta". Los que ahora lo pagan son los jugadores del equipo de fútbol. Miguel Bercianos, su capitán, se asombra de que el equipo, a pesar de llevar ya tres meses sin cobrar, marche en los puestos de cabeza de su grupo de la Segunda División B. Dice que el mal afecta a todo el deporte de la isla: "El Corralejo está igual". A Yerou, de 26 años, le ha afectado principalmente en la dieta: "Pasta y arroz. Arroz y pasta. Comemos siempre lo mismo. No se puede hacer más con el dinero que tenemos aunque lo juntemos para hacer la compra en común. Antes vivía por mi cuenta, en un apartamento, pero me tuve que mudar al de otros dos compañeros. Incluso nos cortaron el teléfono por falta de pago. Si no entra dinero en el banco, pero siguen llegando puntualmente los recibos, pasan esas cosas. Llevamos todo el año sin cobrar un solo euro. Lo único bueno de la situación, por decir que algo es bueno, es que es más divertido vivir con otra gente. Por contra, tres tíos solos tenemos el piso, hay que reconocerlo porque es verdad, hecho un auténtico asco. Se me ha pasado por la imaginación buscar otro trabajo, pero me tropiezo con la imposibilidad de compaginarlo con los entrenamientos. Además, estamos entre los primeros de la Liga. En fin, está claro que el curso que viene me tendré que marchar y buscarme la vida".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de mayo de 2004