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Crónica:

El Betis desahucia al Valladolid en un pésimo partido

El partido jugado en la bonita tarde de ayer en Heliópolis fue feísimo, aunque no se puede negar que fue consecuente con lo que hoy por hoy pueden aportar Betis y Valladolid a la competición liguera.

Los castellanos necesitaban ganar para tener alguna oportunidad de mantenerse en Primera. Jonathan de cabeza en el primer minuto, un disparo lejano de Óscar un rato después, una vaselina demasiado elevada de Losada poco antes de la media hora o Xavi Moré en el último tercio estuvieron a punto de encaminar el logro. Pero el Valladolid de ayer -mermado por las lesiones de varios de sus futbolistas- tenía más cara de Segunda que de otra cosa, su aparente superioridad en la primera mitad tan sólo fue fruto del fútbol impresentable, desprovisto de orgullo o profesionalidad, del Betis. Assunçao les quitó toda esperanza a los castellanos con un golazo que le regaló incomprensiblemente el lateral Marcos tras una alocada carrera en su propia área.

BETIS 1 - VALLADOLID 0

Betis: Contreras; Cañas (Varela, min. 75), Lembo, Juanito, Rivas; Arzu (Assunçao, min. 55), Benjamín; Joaquín, Fernando, Denilson (Ismael, min. 55); Dani.

Valladolid: Bizarri; Torres Gómez, Julio César, Jonathan, Marcos; Zapata, Caminero (Figueredo, min. 46); Sales, Óscar, Óscar Sánchez (Xavi Moré, min. 60); Losada.

Gol: 1-0. M. 74. Assunçao aprovecha un fallo defensivo y marca de fortísmo tiro.

Árbitro: Moreno Delgado. Amonestó a Marcos, Caminero y Fernando.

31.500 espectadores en el Ruiz de Lopera. Se rezó un Padre Nuestro en memoria de Jesús Gil y del futbolista fallecido el 2 de mayo en un partido de Preferente, Francisco Manuel Sánchez Parra.

El conjunto verdiblanco menospreció una vez más a su afición. Los millonarios del club (entre los que no se puede olvidar al entrenador, Víctor Fernández) le han tomado el pelo durante toda la temporada a las personas corrientes y molientes que abonan los moralmente -por mucho que se asegure que se justifican en el plano económico- más que cuestionables sueldos pagando entradas, abonos o partidos en televisión. Jugadores como Denilson o Joaquín cobran en millones y aportan juego de céntimos. Lo menos de lo que se les puede calificar es de desagradecidos.

El fútbol es lo que es por el caudal afectivo de los aficionados y hasta que los jugadores no se enteren o les expliquen que lo suyo no es de origen principesco y que son trabajadores con un compromiso y unas determinadas obligaciones, el fútbol será algo antipático. En el Betis ni presidente, ni jugadores ni el entrenador han sabido ver más allá de sus egos y han despilfarrado ese afecto con sus luchas intestinas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de mayo de 2004