OPINIÓN DEL LECTOR
Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Izquierda Unida cofrade

Hace tiempo, alguien con conocimiento de causa publicó un lamento acerca de la mala suerte que esta ciudad de Córdoba tiene con el deleznable gusto que sus autoridades han demostrado en los últimos 60 años en la elección de sus esculturas urbanas.

A las representaciones de nuestros antepasados andalusíes en un estilo candorosamente miliunanochesco y el aparatoso conjunto de glorificación taurina de Santa Marina, propios de la etapa franquista, se han venido a sumar en la etapa democrática y bajo la égida siempre de gobiernos municipales de izquierdas, primero los indescriptibles aparadores férrico-simbólicos de Salvador Morera que hollaron las plazas de Santa Inés y Abéjar del barrio de la Magdalena, hoy felizmente retirados, luego la canonización de Lagartijo como ejemplar figura del progresismo castizo (Rosa Aguilar dixit) en la calle Osario, más tarde el pos- folclorismo de las aguadoras feministas de la plaza Colón y algunos ejemplos más.

Pero el colmo del despropósito ético-artístico lo ha supuesto la reciente ubicación en la coqueta plaza de Las Doblas del horripilante conjunto dramático-semanasantero en honor al escultor cofrade Juan de Mesa ante cuya contemplación no se sabe si, como podría decir la copla, lo mejor para ahuyentar el espanto sería una risa o un llanto.

Pero lo que nos remueve más la indignación no es su evidente afrenta estética, sino su índole de ofensa a la ética democrática. Porque lo que hay debajo de este desaguisado no es más que otra de las defecciones ideológicas que el gobierno municipal de Izquierda Unida viene infligiendo continuamente a los progresistas cordobeses, que somos sus votantes naturales, al rendirse sistemáticamente a todas y cada una de las exigencias que las fuerzas más reaccionarias de esta ciudad -Cabildo, Asociaciones de Peñas y Agrupación de Hermandades y Cofradías- le reclaman en aras del fomento de supuestas e inviolables tradiciones.

La mayoría de éstas son claramente agresivas con los derechos constitucionales de una parte importante de la población y con el carácter nominalmente laico de este Estado, a cambio de no se sabe bien qué secretas contrapartidas y en detrimento racional y presupuestario de otras alternativas culturales menos espesas y más en consonancia con el espíritu abierto y solidario que este mundo necesita y que ellos dicen defender. Amén.

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