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Crónica:LA CRÓNICA | NACIONAL

Desconfianza en las campañas

Se supone que en buena teoría sociológica las campañas electorales son "un momento privilegiado de relación entre los ciudadanos y la política", "el momento de mayor contacto informativo entre los gobernantes y los aspirantes y los gobernados, "el mayor instante de comunicación entre el estamento político y los ciudadanos" (Ismael Crespo. Campañas electorales y sus efectos en la decisión del voto).

Sin embargo, según Eva Anduiza y Pedro Oñate, profesores de las universidades de Barcelona y Valencia, respectivamente, en los estudios cualitativos realizados en España se observa "una considerable reticencia a reconocer el efecto que la campaña puede haber tenido sobre el elector, dado que tal vulnerabilidad es entendida como una manifestación de debilidad de carácter y como contraria a la consistencia de las propias ideas políticas".

Los dirigentes populares no tienen la menor duda: "No habrá debate entre Rajoy y Zapatero. Es una regla aplastante cuando tienes ventaja. Olvídense"

La idea es que en España las campañas son percibidas como algo negativo, "como si se tratara de actividades políticas mercantilistas para captar el voto de manera ilegítima o engañosa". "Es difícil extrapolar estas percepciones al conjunto de la población", indican Anduiza y Oñate, pero aseguran que se han puesto de manifiesto en varias entrevistas y grupos de discusión.

Es curioso, sin embargo, que en otros estudios incluidos en el mismo trabajo se llegue a la conclusión de que en 2000 un 36% de los ciudadanos vio alguna de las entrevistas que se realizaron en televisión a los principales líderes políticos y que un 23% creyera que habían influido en su decisión final.

Parece como si los electores españoles pensaran que las campañas están llenas de mentiras y que, sin embargo, concedieran crédito a las declaraciones personales de los dirigentes de los partidos ante las cámaras de televisión. Por eso, una mayoría aplastante de españoles es partidaria de un debate televisado entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.

Ninguno de estos argumentos conmoverá, sin embargo, al Partido Popular. Por el contrario, cada vez está más claro que el PP se va a negar en redondo a que se produzca ese debate. Es posible que intente mantener la duda hasta el final, para evitar el efecto negativo de la insistencia socialista, pero, según un directivo del PP, "en este momento no tenemos ni la menor duda dentro del partido: no habrá debate Rajoy-Zapatero". "Nunca lo haremos mientras tengamos varios puntos de ventaja en las encuestas. Es una regla aplastante", asegura. Para colmo, las entrevistas a los líderes políticos se realizarán en la segunda cadena de TVE, con un nivel de audiencia mucho menor que la primera.

Estrategia de incertidumbre

Aunque queda todavía un mes completo antes de las eleciones, cada vez se van marcando más las líneas centrales de las dos campañas. El PP jugará con las ideas de un "gobierno de estabilidad" y de "certidumbre" propia frente a la "incertidumbre" socialista". El PSOE luchará por garantizar la estabilidad con "modernización", la idea de que es posible mejorar, ser más activo en las políticas sociales y prepararse para el futuro, sin poner en peligro nada de lo que existe.

Dirigentes del Partido Popular admiten que han bajado el tono en las últimas semanas en lo que se podría llamar la "estrategia España", pero aseguran que volverá a estar en un primer plano en el momento que consideren adecuado. Los expertos creen que no es posible mantener el tema "en activo" durante tantas semanas, pero que los electores populares, al final, no se van a movilizar para darles la mayoría absoluta a cambio de más o menos ordenadores por aula, sino como reacción ante alguna incertidumbre o preocupación. "En eso consiste nuestra obligación: en hacerles percibir una preocupación", explica un experto electoral del PP.

En el PSOE, quienes consideran que la primera obligación socialista es arrancar la mayoría absoluta al PP, quieren que la organización concentre "todo el fuego" en las ocho o nueve circunscripciones donde es más factible que los populares pierdan escaños. "Tenemos que convencer a los votantes de centro-izquierda de que quitarle la mayoría absoluta al PP está realmente al alcance de la mano", explica uno de los miembros del equipo técnico. "Le vamos a arrebatar la mayoría absoluta. Es seguro", anima.

Será importante recordar a los ciudadanos que no se trata de dar un primer mandato a Rajoy, sino de mantener al PP -y a lo que representa Aznar- en el poder durante nada menos que 12 años seguidos. "Nos perjudica la idea de que Rajoy merece una oportunidad, y además es mentira: ya la tuvo durante ocho años", añade el especialista del PSOE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2004

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