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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'La colmena', de Mario Camus

EL PAÍS presenta la adaptación al cine de la novela de Camilo José Cela

Mario Camus realiza en 1982 la adaptación cinematográfica de La colmena, una de las novelas más importantes del premio Nobel español Camilo José Cela, filme que podrá comprar mañana, sábado, por 1,95 euros al adquirir EL PAÍS. El espléndido guión de José Luis Dibildos, su productor, el buen hacer de su director y uno de los repartos corales más brillantes del cine español la convirtieron en un éxito de público además de conseguir el máximo galardón, el Oso de Oro, del Festival de Berlín.

"La colmena fue una de las primeras películas que llevaron a algunos a proclamar el cine español como el mejor de Europa, y una de las pocas que justificaban ese triunfalismo. Es un fresco de la vida, o de la miseria cotidiana de la España de posguerra dominada por el hambre, agobiada por el oscurantismo, poblada de picardía, estrechez y esfuerzo", comentó Francisco Marinero en Diario 16. No fue el único en entusiasmarse con la versión cinematográfica que el productor y guionista José Luis Dibildos y el director Mario Camus habían hecho de la famosa novela de Camilo José Cela. Entre otros, Felipe Vega hizo lo propio en la revista Casablanca: "¿Qué es lo que distingue esta película de la mayoría de nuestro cine? Su honestidad, su sentido de la limitación, su ausencia de trampas o guiños, el dominio de la narración, la disposición de la cámara, el ritmo de montaje y, sobre todo, la dirección de actores".

"El personaje real es un personaje colectivo que pasa miedo, hambre y frío"

La película se presentó a concurso en el último tramo del Festival de Berlín de 1983, cuando el jurado, con Jeanne Moreau y Joseph L. Mankiewicz, entre otros, había finalizado ya sus discusiones. Pero La colmena les sorprendió tanto, y muy especialmente el clamor con el que el público la había recibido, aplaudiendo incluso en diversos momentos de la proyección, que rectificaron su palmarés concediendo a La colmena el Oso de Oro, ex aequo que el título que ya tenían seleccionado, Ascendancy, de Edward Bennett.

El productor José Luis Dibildos, enamorado de la novela de Cela, "porque en ella se cuenta una tragedia a través del humor y del esperpento", y estimulado por las ayudas que la televisión prestaba en aquel momento a "proyectos culturales", trabajó durante dos años para condensar en un guión de poco menos de dos horas lo que Cela contaba en 400 páginas, y propuso su realización al director Mario Camus, que acababa de obtener un gran éxito con la adaptación televisiva de Fortunata y Jacinta. Ambos vieron luego compensado su esfuerzo con el éxito de Berlín, y el millón y medio de espectadores que aplaudieron la película.

Cela consideraba que La colmena, que no pudo publicar hasta 1951 tras sufrir dos veces la prohibición de la censura, "ya es una especie de historia, esto es, que quien quiera estudiar la historia de España de aquellos tiempos, no bastará con que se vaya a las hemerotecas o a los libros de historia; tendrá que leer La colmena también: el espíritu de aquel tiempo está en las obras literarias, en La colmena y en las obras que la acompañaron en aquel trance".

Varios de los estudios que la novela ha merecido destacan su carácter de estructura cinematográfica; así lo sugiere Utrera Macías en La literatura española en el

cine, refiriéndose, citando, entre otros, a Paul Ilie: "Para este investigador, el procedimiento celiano no es otro que el de la cámara dispuesta a ofrecer una multiplicidad de perspectivas". Sin embargo, su adaptación al cine ofreció más de una dificultad, no siendo la menor el censo de personajes, 300 en la novela, imposibles de condensar en la película. "Lo que de bueno tiene el guión es la síntesis", comentó Mario Camus: "El personaje real es un personaje colectivo que pasa miedo, hambre y frío. Y lo centré en el café".

Ese café, protagonista de la película, fue descrito así por Juan Tébar: "Estamos en el invierno de 1942, en Madrid, recién instaurado el caudillaje de Franco sobre un millón de muertos. Algunos, quizá los mismos a los que doña Rosa, la dueña, robó las lápidas para las mesas de su café. Algunos clientes no lo saben, pero en este café muchos de los mármoles de los veladores han sido antes lápidas en las Sacramentales; en algunos, que todavía guardan las letras, un ciego podría leer los nombres de los muertos pasando las yemas de los dedos por debajo de la mesa. En el amplio local hay clientes fijos: los menos deseados por doña Rosa son literatos, pobres de solemnidad, que no piden más que agua fresquita y sólo toman café si lo paga un primo o un alma caritativa". Alrededor de ese café se tejen las vidas de los numerosos personajes de La

colmena, cuyo reparto suponía todo un reto.

Afortunadamente, algunas de las máximas figuras del cine español se avinieron a intervenir en esta película coral, donde su capacidad de lucimiento personal estaba constreñida por el tiempo. Pero nada menos que Victoria Abril, Francisco Algora, Rafael Alonso, Ana Belén, José Bódalo, Mary Carrillo, Queta Claver, Luis Escobar, Fiorella Faltoyano, Agustín González, Emilio Gutiérrez Caba, Rafael Hernández, Charo López, José Luis López Vázquez, Mario Pardo, Encarna Paso, María Luisa Ponte, Elvira Quintillá, Francisco Rabal, Antonio Resines, José Sacristán, José Sazatornil Saza, Elena María Tejeiro, Ricardo Tundidor, Concha Velasco y Manuel Zarzo conformaron el espectacular reparto principal.

A señalar igualmente las apariciones del propio Cela, Antonio Mingote o Antonio Senillosa, entre otros cameos. "Todas estas figuras del cine español aportan su mejor hacer, amando a cada personaje con la sinceridad que no siempre pueden encontrar en otros géneros cinematográficos. Sería injusta una parcelación de su labor", se dijo en este periódico. "Cada espectador, si quiere comparar sus interpretaciones, tiene opción al capricho personal, pero sólo será un capricho: todos hacen un trabajo espléndido. No hay papeles pequeños".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de febrero de 2004