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VISTO / OÍDO

Noticiario religioso

Mientras el príncipe heredero, don Felipe de Borbón, iba a visitar a la Virgen de Covadonga con su novia, el pretendiente, don Carlos Hugo de Borbón Parma, tenía una revelación en misa. Los musulmanes apedreaban al diablo en La Meca (ganó el diablo: mató a cientos) y sacrificaban millones de corderos en la Pascua Grande para seguir indemnizando a Dios porque Abraham no mató a su hijo. Simultáneamente, José Antonio Vaca de Osma, historiador y diplomático, expresaba su creencia de que Isabel la Católica será beatificada este año: antes del 26 de noviembre, fecha en la que cumpliría 500 años (la reina, no él). Y hebreos y musulmanes de Palestina mataban inocentes; y los sunitas de Irak mataban a los kurdos, culpables de haber entregado a Sadam Husein por 25 millones de dólares.

Las revelaciones de don Carlos Hugo durante la misa son conocidas: España va mal, y es necesario que vuelva el carlismo. Recordé a su padre, muerto el año pasado: era afable y heroico, sordo por las torturas alemanas porque fue miembro de la resistencia. Sería curioso que el independentismo vasco terminase en monarquía carlista. Ya tiene algo, con sus boinas rojas; y con sus requetés franquistas. El heredero legal, puesto que su padre fue nombrado por Franco y ratificado por la Constitución y los republicanos, debió pedir a la Santina un hijo varón, para evitarse los problemas sálicos con los que los carlistas se enfrentaron a la reina llamada liberal. Un número importante de cardenales celebrará su boda, y seguro que esa magia funcionará. Lo más interesante es la beatificación de la reina de Falange a través de Pilar Primo de Rivera. Vaca de Osma dice que el principal obstáculo, la oposición judía por la expulsión y la quema inquisitorial (los moros no cuentan ahora), está vencido: "Expulsó a los judíos porque todo el pueblo se lo pedía; además, los judíos de hoy han perdonado aquella decisión. Y la han perdonado por dos razones: porque han transcurrido muchos años y porque los españoles hemos sabido rectificar; a quien no perdonan es al papa Pío XII, al que acusan de colaboracionismo con Hitler". La prisa es porque otro papa no lo haría y éste tiene poco tiempo. El paso del tiempo: alguno ha de pasar para la beatificación de Franco. Creo que desde un punto de vista católico sería justa, como la de Pinochet: ángeles exterminadores de ateos, heterodoxos, rojos. A los suyos les premiaron, y sus descendientes corresponden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de febrero de 2004