UN PAÍS DE CINE 2

La fuerza de Paz Vega

Paz Vega (Paz Campos Trigo: tomó el apellido Vega de su abuela), sevillana de 1976, se ha convertido en una de las grandes revelaciones del reciente cine español. Su belleza racial ("soy de campo y tengo mucho de silvestre", dice de sí misma), su naturalidad en el desnudo, su afán de mejora ("quisiera tener el coraje de Vivien Leigh, la fuerza de Susan Sarandon, la versatilidad de Meryl Streep y la fragilidad de Audrey Hepburn"), han hecho de esta chica, "hija de un banderillero que llegó a Madrid con 90.000 pesetas y ganas de comerse el mundo", el icono de las nuevas generaciones.

Había abandonado Sevilla donde cursaba Ciencias de la Información mientras colaboraba en el Centro Andaluz de Teatro, para encontrar en Madrid, "una ciudad que te abre la mente", el lugar donde triunfar como actriz. Debutó rápidamente en series de televisión (Menudo es mi padre, Más que amigos, Compañeros o Siete vidas), alternando estos papeles con pequeñas intervenciones en películas (Zapping, de Chumilla Carbajosa (1999), Sobreviviré, de Albacete y Menkes (1999), Nadie conoce a nadie, de Mateo Gil (1999), y con su ocupación de camarera cuando los trabajos escaseaban.

El reconocimiento le llegó en muy poco tiempo con Lucía y el sexo, por la que obtuvo el Goya a la mejor actriz revelación (a señalar como curiosidad que ese mismo año estuvo igualmente nominada por su papel de mujer maltratada en Sólo mía, de Javier Balaguer.) Le siguieron Hable con ella, de Pedro Almodóvar; El otro lado de la cama, de Emilio Martínez-Lázaro; Novo, de Jean-Pierre Limosin; Carmen, de Vicente Aranda; Di que sí, de Juan Calvo; Spanglish, de James L. Brooks... Pero ella dice que no quiere "quedarse sólo en una actriz que hace películas". Tras una discoteca, quiere "montar más empresas: un restaurante, un hotel... Ahora me falta tiempo, pero el éxito no me agobia".

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