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Crónica:FÚTBOL | 21ª jornada de Liga

Triste realismo, triste victoria

El Barcelona vence a domicilio al Sevilla en un encuentro que desnudó las carencias de ambos

El día a día es algo sustancialmente distinto de la historia, tanto de la antigua como de la reciente. El Barcelona venció ayer en uno de sus campos más malditos, con un equipo y un juego que no registrarán ninguno de los historiadores azulgranas. El fútbol de gusto -basado en el toque y la triangulación inteligente, capaz de sorprender y crear situaciones bellas, a la par que efectivas- y el complementario escudero que supone el sudor, tan sólo se vivió en Xavi y Oleguer. El Sevilla, huérfano de la inspiración indisciplinada y aún no encajada del todo de sus jóvenes fichajes brasileños, se olvidó de alardes contra los llamados grandes, se batió sobre el fango con un igual y perdió.

SEVILLA 0 - BARCELONA 1

Sevilla: Esteban; Daniel Alves, Javi Navarro, Pablo Alfaro (Hornos, min. 80), David; Martí, Torrado (Antoñito, min. 46); Redondo (Gallardo, min. 72), Baptista, Reyes; Darío Silva.

Barcelona: Víctor Valdés; Reiziguer, Oleguer, Márquez; Xavi, Cocu, Davids; Luis García (Quaresma, min. 88), Kluivert, Ronaldinho (Overmars, min 64).

Goles: 0-1. M. 30. Kluivert peina un centro de Luis García.

Árbitro: Mejuto González. Amonestóa a Reiziger, Ronaldinho, Reyes, Xavi, Luis García y expulsó a Martí por doble amonestación (min. 83).

40.000 espectadores en el Sánchez Pizjuán.

El Sevilla perdió más que el Barça ganó, al menos el Barça que se supone. Al que sólo le quedan ciertos rasgos de altivez que camuflan fallos tácticos clamorosos, como el no saber aprovechar la fragilidad de la defensa en las bandas del Sevilla para, al menos intentar darle un puntazo de navaja al contrario. Overmars no salió al campo para tratar de aprovechar un esperable despiste en las rotaciones Alves-Redondo hasta mediada la segunda parte. Quaresma salió para perder tiempo.

Ese el Barça de hoy en día, un equipo en el que hasta Ronaldinho -el profesional que más parece disfrutar del juego en esta competición- se escabulló de su calidad, eludió hasta en dos ocasiones los uno contra uno más propicios, no en cada mitad. El genial jugador acabó sustituido y malhumorado, a la par que amonestado y castigado para la siguiente jornada liguera.

El Sevilla salió desnortado y apabullado y se dejó vencer en su trabajo por unos intrusos. La indefinición táctica que supone un decatleta como Baptista en la mediapunta, facilitó la primera llegada de Darío Silva, tan pronto como el minuto 2. El propio Darío mostró su querencia marrullera y golpeó a Valdés, diez minutos después. A la par, Mejuto González castigó con amarilla una entrada de Reiziger a Reyes. Cortó por lo sano una amenaza de problema. Bien. Tan sólo cabe achacarle la falta de coraje para, al menos amonestar, a Alfaro, cuando agarró a Ronaldinho tras un regate que le dejaba la puerta franca en el minuto 35. Luego, la normal ensalada de tarjetas en un partido físico. Sí, sí, era un Sevilla-Barcelona. Un supuesto clásico.

Entre la falta de coordinación del esfuerzo de Davids, la brega de Kluivert -el anti-Ronaldo; mete pocas y lucha balones hasta en defensa, y no es una crítica- y la falta de físico de Ronaldinho, apareció fuera de lugar Luis García, que envió un pase bastante malo a Kluivert, que remató también regular y batió fenomenalmente a Esteban. La historia del Barça se desvaneció en es mismo momento. Y la del Sevilla reciente.

Tras el descanso Caparrós apostó en demagogia y quitó un bastión del centro del campo para meter un segunda punta. Las patadas de Reiziger antes de la tarjeta habían acoquinado a Reyes y Darío Silva siguió siendo el que es, indiferentemente que su ritmo de partido le conviniera la partido.

El Barça brilló en defensa, porque atacar, realmente no atacaba. Y Xavi supo jugar el poco fútbol que les gusta a los forofos de sus club. Joaquín Caparrós rozó el anatema en Nervión y quitó a Alfaro para meter otro punta; el uruguayo Hornos. El capitán sevillista no está en su mejor momento, suele llegar tarde y de espaldas a los balones comprometidos, pero su entrenador mostró una cara a favor de corriente que no le pega. Crucificó a su capitán y al más débil de su tripulación de una tacada.

El Barcelona reculó sin remedio y el Sevilla atacó sin conocimiento. Aún así, los andaluces pudieron marcar y amargar la fiesta del apresurado y, otrora, mayestático equipo que es el Barça. Xavi sacó una pelota al borde la línea cuando se acababa el partido, pero antes, en la primera parte, había fallado Luis García, y en la segunda mitad el propio Xavi.

Polémicas taberneras aparte, el partido fue demoledor. Mostró la cruda realidad de dos clubes. Uno, el Barça, heredero de lo mejor y actor de lo que puede, y otro, el Sevilla, al que aún le quedan lecciones que aprender, por mucho que hayan vapuleado a los mejores. La vida es aprender. Y sólo queda aprender.

Estímulo para Kluivert

Acosado desde varios frentes, Kluivert marcó un gol decisivo. "En un partido muy difícil, he metido un tanto importante", afirmó el delantero del Barça; "se lo dedico a mi familia". Multado el pasado lunes por llegar media hora tarde al entrenamiento -era la sexta vez que ocurría-, ha tenido como único defensor público a su entrenador, Frank Rijkaard, que ayer le alineó al grito de: "Le necesitamos".

En su partido 250 con el Barça, Kluivert estuvo determinante en el área contraria y omnipresente en la propia, especialmente en el último tramo, cuando cabeceó tantos balones como los centrales. Defendió como zaguero un gol que le convierte en el máximo goleador del equipo en la Liga: siete tantos, uno más que Ronaldinho, aunque el brasileño totaliza doce en las tres competiciones por nueve el holandés.

Deshecho el tridente -Saviola fue suplente-, con Xavi de medio centro y Luis García abierto a una banda, Kluivert estuvo más cómodo mientras que Ronaldinho fue sustituido en el segundo tiempo. El brasileño no podrá jugar contra el Albacete por sanción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 2004

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