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Necrológica:

José Luis Ortega Monasterio, compositor de habaneras

José Luis Ortega Monasterio, creador de la famosa habanera El meu avi, murió ayer por la tarde a los 85 años en una planta geriátrica del Hospital Clínico de Barcelona, a causa una disfunción de la glándula paratiroidea. Ortega Monasterio fue el autor de una cincuentena de habaneras y en 1999 recibió la Cruz de Sant Jordi por su labor de divulgación de este género musical que rememora los vínculos históricos de Cataluña con Cuba.

En la sala-comedor de su piso barcelonés de la calle de Pérez Cabrero, José Luis Ortega Monasterio (Santoña, 1918), alto y delgado como una escoba se sienta muy erguido en el sofá. El que fuera a la vez coronel de Infantería y compositor de habaneras (122 en total), como la famosa El meu avi, sabe sin saberlo que no le queda mucho tiempo si es que queremos acabar la biografía más o menos para Navidad. Estamos a 24 de mayo de 2003. Sin embargo, "pasados los 80 uno sólo se sabe recordar", explica, y empieza ya por señalar la fotografía que le marcó la vida, la del famoso abuelo-capitán, el de la famosa habanera.

Al quedarse huérfano de padre y madre (a los ocho años), Ortega Monasterio pasó un tiempo en Motriku para trasladarse después a la casa pairal de sus tías hermanas, cerca de Girona, llevándose consigo un sentimiento de nostalgia terrible, en cierto modo incurable, y el recuerdo imborrable de un hombre al que quiso emular: la estampa militar, montado a caballo, del abuelo al que ahora casi puede visualizar luchando hasta la muerte a bordo del Catalán, barco de guerra bloqueado en el puerto de Cuba, en 1898, sin supervivientes. Sin embargo, la circunstancia fatal de una infancia tan desgraciada se encargó de confeccionar una fuerte personalidad, armada hasta los topes lo mismo de dureza que de tierna sensualidad. En Girona empezó a tocar, a componer y a cantar en la catedral, al tiempo que inicia, y en esto Ortega es imparable, una ascendente carrera militar, una simbiosis muy peculiar que compagina la música con lo militar, y que marcaría un destino romántico-aventurero muy peculiar.

En 1940 es destinado como teniente de complemento al Cuerpo de Regulares en el norte de África (Ceuta y Larache). Escribe el bolero La Muñeca, y al poco se traslada a la Academia Militar de Zaragoza, Gualajara y posteriormente Toledo. Es destinado a Madrid, obtiene el título de capitán y se incorpora a la Escuela Militar de Montaña de Jaca. Es un hombre alto, delgado, y ya en esta época el tiempo cincela en este semblante peliculero el rostro del abuelo de ultramar, quizá perfeccionado. En este periodo también se casa con Purificación Gastón Esqués (de Huesca), a la cual van dedicadas las innumerables canciones que el coronel escribirá, y con la que tendrá seis hijos. Y aquí, en este punto de la biografía, Ortega Monasterio, aparte de la música (ha compuesto Bello Candanchú, Labradores y Artesanos y El canó de Palamós entre otras), desarrolla una idea del Ejército que, con los años, desembocará con una expulsión del mismo muy pero que muy dolorosa.

A principios de los setenta, ya compuesta la popular El meu avi, y con raíces fraternales en Palamós (canta cada verano en Calella de Palafrugell, catedral de los habaneros), un tribunal de honor pide su exclusión del Ejército por asuntos graves: tener en posesión un piso "con señoritas". Al coronel le escribieron una serie de notas y en el 76 fue expulsado, para volver a reintegrarse en el 84. El fondo de la cuestión: se había afiliado a la Unión Militar Democrática, la clandestina UMD de Julio Busquets, organización que abogaba por la modernización de un Ejército que, en palabras de Ortega, se estaba "pinochetizando" a pasos agigantados con el régimen de Franco y que había que cambiar mal que supiera. Y supo mal. Amigos suyos le abandonaron, otros le marearon, y fue acusado de algo que, se supo después, se trataba de un piso propiedad de su mujer que los Ortega Monasterio simplemente habían alquilado.

El dolor producido no cicatrizó jamás y, a pesar de que Palamós y también Motriku homenajean a su compositor, sufrió una especie de decepción de la cual no retornó. Los de la UMD fueron amnistiados y en 1984 la Audiencia Nacional exculpó a Monasterio por los cargos "inexistentes" que el tribunal de honor le había imputado. Colgó las botas, el fusil y, sobre todo, sus ideas: que el auténtico militar tiene que hacer lo que sea por la paz, y que el Ejército tiene que ser como una ONG, o sea, que tiende a desaparecer o, al menos, a hacer reinar la paz.

Al cabo de unos meses, Navidad de 2003, damos por concluida la biografía y le vamos a saludar. Yace, en esta cama de hospital, como lo hiciera en su casa cuando lo vimos por última vez: erguido, tieso como un coronel; le decimos que se recuperará, que se anime, pero sabe que es el final. Pide que nos acerquemos: unas palabras al oído, un susurro, un apretón de manos. "Ahora el público tiene la palabra", y se quedó dormido.

Genís Sinca es periodista y está escribiendo una biografía sobre Ortega Monasterio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de enero de 2004