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Crónica:FÚTBOL | Última jornada de Liga de la primera vuelta

El Madrid vuelve a dimitir en Anoeta

Un error de Casillas propicia el gol de una Real Sociedad que jugó con muchas cautelas

Un imprevisto de error de Casillas, que vivía en estado de gracia, dio la victoria a la Real, que está en las antípodas del equipo intrépido que estuvo a punto de conquistar el último campeonato. Ahora bordea posiciones peligrosas y vive entre precauciones. En cambio, el Madrid fue el mismo de siempre en Anoeta: una birria. No tuvo juego, ni orden, ni coraje. Se resignó a un partido infame, como le ha sucedido en las últimas temporadas. Fracasó de principio a fin, irremediablemente, con la particularidad de no encontrar al milagroso Casillas de otros días. De lo otro, de su poder ante el gol, nada se supo.

REAL SOCIEDAD 1 - REAL MADRID 0

Real Sociedad: Alberto; López Rekarte, Kvarme, Schürrer, Potillon; Aranburu (Xabi Alonso, m. 58), Alkiza (Mikel Alonso, m.74); Karpin, Nihat (De Paula, m. 79), Gabilondo; y Kovacevic.

Real Madrid: Casillas; Salgado, Pavón, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Helguera, Guti (Solari, m. 72); Figo, Raúl, Zidane; y Ronaldo.

Goles: 1-0. M. 64. Centro bombeado de Nihat desde la izquierda, Casillas rechaza en corto y el balón le cae a Karpin, que marca desde el punto de penalti.

Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó a Alkiza, López Rekarte y Raúl Bravo.

Unos 30.000 espectadores en Anoeta.

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Las tradicionales preocupaciones del Madrid en Anoeta se disiparon antes de comenzar el partido. Denoueix eliminó de un plumazo a Xabi Alonso, Aranzabal y De Pedro, decisión más que cuestionable. No hace un año, en un encuentro memorable, la Real destrozó al Madrid con la geométrica precisión de Alonso y con la pujanza de su banda izquierda. De aquello queda muy poco. Del equipo que combatió hasta el último aliento por el título se ha pasado a otro muy diferente. Sometido a penurias impensables, la Real afrontó el duelo con precauciones evidentes. Convirtió el partido en un asunto fundamentalmente táctico, a la espera de las equivocaciones del Madrid, cuyas concesiones defensivas suelen ser clamorosas. El partido, en definitiva, tuvo poca vibración.

Por deficiente que sea el estado de Alonso, Aranzabal y De Pedro, son tres excelentes jugadores, con una cualidad añadida: son complementarios. Su capacidad de asociación fue decisiva en la última temporada. Sin ellos, el equipo aceptó su condición sufriente. Denouiex lo blindó y esperó noticias del Madrid. Hubo muy pocas en el primer tiempo. Con un juego moroso y trivial consideró que la portería no era su objetivo. Su producción se limitó a un mal remate de Raúl después de un error de Alberto. Nadie se tiraba el pliego: Ronaldo no encendió los motores, Zidane se tapó en el medio campo y Figo no superó nunca a Potillon. Este abandonismo suele coincidir con grandes noches de Casillas, obligado a reparar los problemas milagrosamente. No esta vez. Por lo visto se siente más cómodo en los partidos donde alcanza un protagonismo masivo, Casillas contra el mundo, o algo así. En esta ocasión, apenas fue exigido y, cuando ocurrió, no se vio al portero invulnerable de otros días. Falló en dos despejes en el primer tiempo y se equivocó gravemente en la acción que generó el tanto de la Real. Palmeó con ingenuidad un centro sencillo y dejó la pelota a pies de Karpin, que no encontró a nadie alrededor. Roberto Carlos, por ejemplo, no reaccionó al mal despeje de su portero y permitió el remate de la victoria.

La Real justificó en ese momento la estrategia de su entrenador. Esperó el error del Madrid y no desperdició su oportunidad. Del resto se encargó la defensa, impecable durante todo el encuentro. Schürrer parecía un mariscal, bien acompañado por Kvarme y López Rekarte. A Potillon le correspondió medirse con Figo, que respondió con una nueva decepcionante actuación en Anoeta. Sólo en el arranque del segundo tiempo se observó un conato de juego en el Madrid. Alberto detuvo una media vuelta de Raúl y Michel Salgado no embocó un remate relativamente sencillo. Todo se quedó en un amago. Las dificultades para llegar al área fueron directamente proporcionales a la ausencia de juego. Sin fútbol por los costados, sin claridad en Zidane, Guti y Helguera, sin las contundentes apariciones de Ronaldo, el Madrid se abocó a una rumia que apenas comprometió a la Real.

Nada interesante sucedió después del gol de Karpin. La Real se retiró a su campo, desactivó uno por uno los débiles ataques del Madrid y se ganó el derecho a un par de oportunidades. Salgado sacó junto al palo un cabezazo de Kovacevic y Roberto Carlos persistió en sus últimas calamidades con un error que estuvo a punto de aprovechar De Paula. Algo quiso decir la inactividad de Alberto, que observó en la distancia el caótico partido del Madrid. El público lo vio de otra manera. Celebró entre olés la victoria, crucial para un equipo que se parece muy poco a la abrumadora Real que aplastó al Madrid la pasada temporada. No importa. El Madrid se pareció a aquél del fracaso. En realidad, así escribe su destino en Anoeta, escenario de sus invariables desastres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004