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Shooglenifty apuesta por el 'folk bizarro' en su cuarto disco

Desde su primera encarnación, allá por 1994, el sexteto escocés Shooglenifty ha destacado en la escena celta por su espíritu transgresor y la contundencia demoledora de sus directos. Ahora, con un par de novedades en la formación, los Shoogles prosiguen su camino con un álbum menos electrónico que sus antecesores, pero repleto de sagacidades. The arms dealer's daughter nos sitúa en la categoría del folk bizarro, resume su guitarrista, Malcolm Crosbie.

Shooglenifty se erigió en superbanda céltica desde su mismo debú, Venus in tweeds, en el que ya participaban maestros de la escena escocesa como el violinista Angus R. Grant y el batería y percusionista James MacKintosh. La polémica llegó con su tercera entrega, Solar shears (2000), una propuesta ultraelectrónica que generó encendidos debates entre sus seguidores de todo el mundo. "Es cierto, con ese álbum no dejamos lugar para el término medio", reflexiona Crosbie. "O lo adoras o lo aborreces. Pero en el grupo tenemos ahora la sensación de que se nos fue un poco la mano...".

Por ello, The arms dealer's daughter reduce los elementos sampleados de forma significativa, aunque no renuncia a los arreglos intrincados que tanto le gustan al grupo, a los ritmos irregulares o a la singular presencia de metales en el tema The nordal rumba. "Es un disco extraño, como de costumbre", bromea uno de los nuevos integrantes de la banda, el bajista Quee MacArthur. Y añade: "Por fortuna, ahora contamos con nuestro propio estudio de grabación en el apartamento que James MacKintosh tiene en Glasgow y eso ha facilitado mucho las cosas. The arms... se ha madurado sin prisas y sus méritos o deslices son de nuestra entera responsabilidad. En cambio, Solar shears se había registrado en un local diminuto que terminó convirtiendo aquel trabajo en una experiencia claustrofóbica".

Una mujer asturiana

El extraño título (La hija del traficante de armas), proviene de una mujer a la que Angus Grant conoció en una taberna de Asturias. "Cuando empezó a darme detalles sobre el oficio de su padre, yo no podía dar crédito", rememora. En su honor, el tema central del álbum presenta un agradable aroma astur. "Ya en nuestro primer disco", recuerda Grant, "incluíamos una pieza titulada Two fifty to Vigo. La España celta siempre ha sido una fuente de inspiración y nos ha permitido conocer a gente fantástica. Berrogüetto, Llan de Cubel o el gaitero Xosé Manuel Budiño figuran en nuestra lista de debilidades personales".

El segundo nuevo fichaje de la banda, el jovencísimo Luke Plumb, ha aportado un aire refinado con sus banjos y mandolinas. Entre unas cosas y otras, los Shoogles del siglo XXI se saben al tiempo más acústicos y sofisticados que antaño. "Sobre todo", recapitula Malcolm Crosbie, "hemos aprendido que nuestra música no tiene que ser necesariamente rápida para resultar bailable. El secreto está en no obsesionarse con la velocidad, sino con el ritmo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de diciembre de 2003