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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

El bello arte del contragolpe

El Valladolid encumbra el juego a la contra y hunde a la Real

Anoeta se vacío en un suspiro. No había muchos fieles, pero salieron pronto, con prisa, escalonadamente, casi a ritmo de contragolpe del Valladolid que dio toda una lección de esa forma de jugar al fútbol. El Valladolid tiene los elementos adecuados para realizarlo: un puñal por la derecha (Fernando Sales), una referencia en el centro (Makukula), que te fija a dos centrales donde quiere, un jugador inteligente en la izquierda (Sousa), que pone criterio a cada acción y un futbolista zascandil (Óscar), experto en jugar entre líneas. Entre los cuatro se bastaron para desquiciar a la Real que no supo tranquilizarse ni jugando con ventaja (Nihat marcó a los seis minutos) y que se ha quedado en un derroche de voluntad y en una soberana falta de acierto.

REAL SOCIEDAD 1 - VALLADOLID 3

Real Sociedad: Alberto; López Rekarte, Jauregi, Schürrer, Aranzabal; Karpin, Xabi Alonso (De Paula, m. 76), Aranburu, De Pedro (Gabilondo, m. 76); Nihat y Kovacevic.

Valladolid: Bizarri; Torres Gómez, Jonathan, Julio César, Marcos; Caminero (Zapata, m. 61), Richetti; Fernando Sales (Peña, m. 79), Óscar (Losada, m. 76), Sousa; y Makukula.

Goles: 1-0. M. 6. Centro de López Rekarte desde el pico del área y cabezazo de Nihat. 1-1. M. 30. Saque de falta de Torres Gómez, cabecea Caminero y Makukula marca desde el suelo. 1-2. M. 72. Contragolpe de Fernando Sales que asiste a Óscar y éste bate a Alberto. 1-3. M. 85. Contragolpe de Losada, quiebra a Aranzabal y marca.

Árbitro: Megía Dávila. Expulsó a Aranzabal (m. 91) y amonestó a Marcos, Richetti, Jonathan, Schürrer, Xabi Alonso, Makukula, Sousa, López Rekarte y al técnico del Valladolid, Fernando Vázquez.

Unos 25.000 espectadores en Anoeta.

El Valladolid no se inmutó cuando la Real marcó su gol en el primer ejercicio de impotencia de sus centrales. El Valladolid ya sabe que su defensa es tan débil como poderoso su ataque. Siguió jugando igual, a pesar de que perdía y acumulaba tarjetas con riesgo de caerse al precipicio. Jugaba con su alternancia habitual, balones largos a Makukula y salidas impetuosas por los costados.

El gol de Nihat, tras una preciosa acción de López Rekarte, le dejó indiferente. Poco a poco, Richetti y Caminero fueron sujetando al equipo, poniendo la barrera en el centro del campo, que la Real superaba con dificultad. Y llegó el gol de Makukula, un gol que sólo puede marcar un futbolista de su envergadura al que el central (Schürrer, en este caso) nunca sabe por dónde atacar aquel corpachón que protege el balón. Así, Makukula marcó desde el suelo.

La Real era un caso de impotencia por los costados. Karpin y De Pedro ponían tanta voluntad como inoperancia, lo que obligaba a los laterales a incorporarse continuamente al ataque, desguarneciendo su casa. Por allí se escapó como un fórmula 1 Fernando Sales para asistir a Óscar, que resolvió con frialdad y elegancia. Sólo le dio tiempo a celebrar el gol porque poco después de sacarse del centro, Fernando Vázquez lo sustituyó por Peña ya que Denoueix había metido a De Paula para jugar con dos delanteros centro.

Fieles al arte del contragolpe, Losada lo redondeó con un jugadón. Arrancó desde su campo, lo atravesó en un par de segundos, quebró a Aranzabal (agotado de su impagable trabajo), se perfiló a la derecha y dibujó un disparo seco, clavado, que llegó a la red con la misma velocidad con la que él había cruzado el campo.

La Real no se explicaba nada de lo ocurrido. Por qué su defensa es tan blanda, por qué su centro del campo tan rutinario, por qué sus delanteros huyen del área. Llena de preguntas, la Real saluda desde el abismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 2003