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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

Mista desatasca un hueso de partido

El Valencia gana a un Sevilla defensivo en que Caparrós dejó a Reyes de inicio en el banquillo

Ante un Sevilla armado hasta los dientes, el futbolista más tenaz del mundo encontró un agujero. Mista, claro. El delantero murciano cabeceó por encima de una nube de defensores que no impidieron el gol a pesar de estar plantados en la misma raya. A partir de ahí el Valencia sí fue mucho mejor que un Sevilla sólo preparado para defender. Porque pese a que Caparrós quiso reaccionar con la inclusión de Reyes cuando estaba en desventaja, su equipo le contestó que ya era demasiado tarde. Que no sabía cómo cambiar la tendencia irrefutable del choque. También porque el cuadro de Benítez, con más espacios, pudo demostrar su mayor categoría. Especialmente el central Marchena, un ex sevillista que estuvo imperial, salvo en el último suspiro, cuando se regodeó en su regate en la luna del área, le arrebataron el balón y el Sevilla estuvo a punto de empatar. Destacó, además, la figura del joven Sissoko, que suplió al lesionado Albelda y cumplió el papel de mediocentro de cierre con una gran solidez.

VALENCIA 1 - SEVILLA 0

Valencia: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Garrido; Jorge López (Angulo, m. 65), Albelda (Sissoko, m. 19), Baraja, Vicente; Aimar; y Mista (Xisco, m. 78).

Sevilla: Esteban; Redondo, Óscar, Pablo Alfaro, David; Gallardo (Reyes, m. 63), Martí, Podestá (Hornos, m. 68), Antonio López (Jesús Navas, m, 78); Baptista; y Darío Silva.

Goles: 1-0. M. 60. Mista cabecea a gol un córner lanzado por Vicente.

Árbitro: Losantos Omar. Amonestó a Redondo, Podestá, Pablo Alfaro, Cañizares, Garrido, Óscar y Ayala.

Unos 30.000 espectadores en Mestalla.

Joaquín Caparrós se dejó a Reyes en el banquillo en una clara declaración de intenciones del tipo de partido que iba a plantear. Duro, físico, sin concesiones. Asfixiante en el centro del campo, en el que le ganó la partida al cuadro local. Por puro físico. Especialmente por lo que respecta a Baptista. El brasileño fue una mole imparable cada vez que arrancaba desde la zona de tres cuartos. Lesionado Albelda al cuarto de hora, desaparecido Baraja y desenfocado Aimar, el Valencia no sabía cómo hincharle el diente a este adversario tan incómodo.

El equipo de Benítez se halló desencajado. E incluso Cañizares dio muestras de desestabilización cada vez que le llegaba un centro al área. No cazaba el balón en el intento por despejarlo de puños. El Sevilla, en cambio, estaba en su salsa. Se sentía fuerte, dominador, contundente. Si bien falló en el remate. Primero Martí cabeceó fuera tras uno de los patinazos de Cañizares; después Darío Silva disparó desviado a escasos metros del meta local.

Como consecuencia, el choque resultó muy áspero. Hubo más incidencias que fútbol en la primera parte. Primero la lesión tras un estiramiento de Albelda y después lo peor: un codazo de Redondo a Aimar en un salto que dejó medio inconsciente al media punta argentino y con una secuela en su ojo. Hubo de aplicarse hielo en el rostro mientras corría y su aturdimiento se dejó notar en más de una acción, en la que le fallaron los reflejos que habitualmente exhibe. Erró controles muy fáciles para él. Y es que se desplazaba con el hielo agarrado en su mano izquierda, lo que no dejaba de ser un escollo para la coordinación de sus movimientos con el balón. Por si fuera poco, cada vez que Aimar controlaba el cuero, tres sevillistas se lanzaban, agresivos, a los pies del media punta argentino.

El Valencia arrancó la segunda parte a lomos de Sissoko, que crece cada jornada ante la sorpresa de Mestalla. El joven africano ha pasado en dos semanas de ser un pardillo futbolístico, incapaz de dar un pase a dos metros, a convertirse en un medio centro defensivo a tener en cuenta. En todo caso, el partido de romperse, sería por las bandas. Y ahí Vicente asumió su responsabilidad. Rodeado de tres contrarios, en el rincón del córner, Vicente salió de la emboscada. Y estableció una conexión con Mista que sería definitiva. Su primer centro, lo cabeceó Mista y lo repelió a córner Esteban. Del saque de esquina llegaría otro centro y otro cabezazo, éste inalcanzable para el portero sevillista. El noveno tanto en lo que va de Liga de Mista, delantero de un mérito extraordinario. Pues no sólo marca, sino que trabaja y defiende como si de un zaguero más se tratase, sin importarle que ese desgaste pudiera restarle claridad en la definición.

Tras el gol, Caparrós mandó dio paso a Reyes y lo situó por la derecha, para que tratara de aprovechar la inexperiencia de Garrido. Pero lo máximo que le sacó fue una tarjeta. Garrido defendió dignamente el duelo y sus compañeros, eso sí, le echaron una mano en las ayudas. Se vio entonces que el Sevilla es un equipo hecho para defender y poco dotado para atacar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 2003