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Reportaje:

Desafío extremo

La rica heredera del imperio Hilton se somete a una 'prueba de supervivencia' en una granja de la América profunda para un 'reality show' de la conservadora cadena Fox

Ante un panorama televisivo que permite buscar marido, comer gusanos o meterse bótox en el ceño delante de las cámaras, era sólo cuestión de tiempo que un producto añadiera elementos de la lucha de clases al mero placer voyeurista. Lo ha conseguido The simple life (La vida simple), un reality que acaba de estrenar en Estados Unidos la cadena Fox, que es conservadora en sus principios, pero desenfrenada en su programación. El espacio parte de una idea perversamente atractiva: sacar a dos jóvenes ricas de su lujo cotidiano para trasplantarlas en la más profunda de las Américas: Arkansas.

En realidad, Paris Hilton y Nicole Richie son más que ricas y atractivas. Como dice el eslogan del programa, "De asquerosamente ricas a una vida simplemente asquerosa". La primera es una de las herederas del imperio hotelero Hilton. Si esa biografía parece escueta, la de Nicole es aún más somera porque se reduce a ser hija de Lionel Richie, el cantante que una vez fue famoso, lo cual parece también sociológicamente indescifrable. Sea por lo que sea, Nicole y Paris son ricas de verdad, de las que nunca han hecho una cama. Sólo calzan Manolo Blahnik y consideran deshonroso viajar en otra cosa que no sea un avión privado.

Paris y Nicole aceptaron vivir durante cuatro semanas en un pueblucho llamado Altus, un lugar en el que los vídeos todavía son Betamax y las mujeres van a la peluquería para hacerse peinados que se quedaron antiguos cuando Cary Grant empezaba a buscar trabajo en la industria del cine. La familia que las acogió ni sabía quiénes eran ni entendían por qué demonios la cintura de sus pantalones estaba tan por debajo del ombligo.

El reality retransmite la adaptación de las ricachonas a un hogar en el que se despluman pollos y se ordeñan vacas. La adaptación, obviamente, no se produce: la vida de las jóvenes se convierte en una mera supervivencia. Cuando entran en su habitación, preparada con un esmero rural tan adorable como falto del más mínimo gusto, comprueban que hay un pozo: "¿Qué es eso?", pregunta Paris. "Un pozo", dice la dueña de la casa. "Ya. ¿Para qué vale?". La mujer se encoge de hombros, y responde: "Pues para sacar agua". Paris se queda mirando atónita, hasta que dice: "Ah", como si hubiera descubierto la teoría de la relatividad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de diciembre de 2003