Reportaje:AIRE LIBRE

Los Roques, el Caribe más natural

Playas asombrosas y fondos marinos en el archipiélago venezolano

Un lugar con una temperatura media anual de 29º C y ausencia casi total de lluvias parece a primera vista inhóspito y desértico. En Los Roques se dan estas características climáticas, pero este archipiélago, que rodea una laguna marina de 400 kilómetros cuadrados, es lo más parecido al paraíso. Inmensas playas blancas, aguas cálidas y claras y un sol casi perpetuo convierten este rincón del Caribe venezolano, a 30 minutos de Caracas en avioneta, en un retiro portentoso.

El aeródromo de Los Roques se halla en la única isla habitada, Gran Roque. En su pequeña población de calles de arena no hay apenas comercios más allá de los colmados, algunas tiendas de souvenirs, una plaza con un banco y posadas. Los restaurantes en primera línea de playa con sus terrazas para tomar cócteles son la única concesión al turismo convencional. Parte del encanto de Los Roques reside en que todo es ligeramente precario. El agua dulce llega del exterior, aunque existe una planta potabilizadora. El combustible para los generadores eléctricos y los productos básicos también son traídos desde el continente, con la lógica dependencia. Durante la huelga general de este año, por ejemplo, se suspendieron algunos vuelos por falta de combustible.

Pequeños problemas para el paraíso. El Gobierno venezolano declaró esta zona parque nacional en 1972. Por eso es un ejemplo de turismo sin masificar. Dividido en diferentes zonas, sólo una parte está abierta por completo al visitante. El resto es prácticamente virgen, y su acceso, limitado a investigadores de la naturaleza. Porque la naturaleza es salvaje. En los islotes apenas crecen unos pocos tipos de árboles, especialmente manglares, y casi no hay mamíferos, sólo reptiles, sobre todo tortugas. Pero el mar es distinto. Las condiciones del agua (clara, cálida y poco profunda, con un máximo de 40 metros), rodeada de las simas del océano, crean un ecosistema de arrecifes formados por corales con nombres como Estrella, Cavernoso o El Abanico de Venus. Ellos dan cobijo a una fauna aún más exótica, con especies como el cangrejo moro, la vieja azul y los peces loro, mariposa o ángel.

Todo está ahí, prácticamente a simple vista. Desde el embarcadero de Gran Roque salen constantemente pequeñas embarcaciones a motor que se dirigen a los diferentes cayos. Esos cayos que fueron cartografiados por primera vez en 1529 y por los que han pasado españoles, holandeses e ingleses. Del idioma de estos últimos transcrito al castellano deriva el nombre de la mayoría de los islotes. El ejemplo más claro es Nordisqui, que proviene de North East Key (Cayo Nordeste), pero ese mismo método puede ser aplicado a nombres como Francisqui o Madrizqui. En todos ellos, las playas son espectaculares. De hecho, algunos islotes, como Cayo Muerto, son tan sólo una playa sin vegetación.

Entre las actividades, una opción natural es el buceo, tanto con bombonas como con un simple tubo y unas aletas. La fauna, que incluye algunos peces de gran tamaño como las imponentes barracudas o los atunes, atrae a gran número de visitantes. Y las escuelas de buceo funcionan durante todo el año.

No hay que olvidar tampoco la pesca, para la que no es necesario acarrear material ni tener experiencia. Algunos pescadores locales alquilan su barca por días a los turistas. Es muy sencillo pescar una barracuda de un metro y 16 kilos de peso mientras la embarcación recorre las costas. Y una experiencia de lo más emocionante. Más aún si en la posada lo convierten en una brocheta para degustar en una terraza, con la brisa nocturna y terminando con una copa de ron. El final más habitual de un día en Los Roques.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción