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Reportaje:

El cardenal acosado

La fiscalía mexicana investiga la relación de un arzobispo con los narcos

Desde la guerra cristera (1926-1929), no sucedía en México un hecho semejante. El caso del cardenal Juan Sandoval, de 70 años, asombra e ilustra: ha sido acusado por su enemigo jurado, el ex fiscal general Jorge Carpizo, de lavar dinero del narcotráfico e integrar una supuesta estrategia de la Iglesia católica para financiarse con fondos de turbia procedencia en todo el mundo. El prelado, arzobispo de Guadalajara, no es manco y llamó asesino al jurista. El cruce de cargos no se sustenta con pruebas, pero el escándalo es mayúsculo y la justicia investiga. El presidente, Vicente Fox, católico practicante, se reunió con el acusado en su rancho de Guanajuato para garantizarle, según la versión oficial, que las pesquisas se atendrán a derecho. El expediente del cardenal y las narcolimosnas llegó hasta la Santa Sede y la ONU.

Afirma que le persiguen porque siempre ha sostenido que su predecesor fue víctima de un crimen de Estado

"¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! Cristo también fue juzgado. ¡Por Dios, hasta el martirio!", animaron este domingo al purpurado, con pancartas y rezos, miles de feligreses de la archidiócesis de Guadalajara. Desde el balcón de la catedral, Sandoval agradeció la solidaridad del rebaño: "Nuestra patria tiene hambre de justicia y unidad, pero las fuerzas del mal se han empeñado en impedirlo". Más del 80% de los 100 millones de mexicanos se confiesan católicos. Ha pedido la ayuda del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, argumentando que se le persigue sañudamente por haber defendido siempre la tesis del crimen de Estado en la muerte de su antecesor, el cardenal Juan Jesús Posadas, durante un tiroteo registrado el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara cuando era presidente de México Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

Jorge Carpizo, que fue magistrado del Supremo, era fiscal general entonces y la atribuyó a un accidente: al fuego cruzado entre bandas de narcotraficantes. Sandoval, mencionado en alguna ocasión como papable, insiste en endosar el asesinato a instancias gubernamentales asociadas con la mafia de los estupefacientes. El fiscal de Salinas, afirmó, habría sido el autor intelectual del asesinato. La filtración al diario Reforma, el pasado día 9 de septiembre, de la investigación de las cuentas bancarias del cardenal y de algunos familiares activó la polémica sobre los límites del fuero cultural y político, que no legal, de la curia. El arzobispo primado de México, Norberto Rivera, piensa que la Iglesia saldrá fortalecida de un brete que desencadenó una polémica de las relaciones Iglesia-Estado.

"Yo creo que todos los obispos y su servidor apoyamos al señor cardenal y creemos en su inocencia", declaró. "Estoy seguro de que no le encontrarán nada; a mí también me acusaban de que había vendido a la Virgen, de tratos millonarios, y cuando la Procuraduría dijo que no había ninguna investigación, ya nadie publicó nada". Las averiguaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) (Fiscalía General) se fundamentan en un documento de Carpizo, ex ministro de Gobernación también, quien inculpa a Sandoval y a Posadas en el auge de los carteles de Juárez y Tijuana a cambio de narcolimosnas.

El informe es endeble, según fuentes jurídicas, y las fuentes más inculpadoras lo hacen desde el anonimato. Según Carpizo, el cardenal compadreó con los capos, bendijo sus residencias y familias, y utilizó el caso Posadas como escudo para desviar la atención sobre su supuesta connivencia con el delito. Son indagadas otras 15 personas, entre ellas un diputado del oficialista y conservador Partido de Acción Nacional (PAN).

Independientemente de las amistades bajo sospecha del jerarca, no parece previsible que las pesquisas vayan a ser concluyentes y lleven a un proceso penal. No obstante, "es de dominio público", señala el especialista Roberto Blancarte, "que muchos de los narcotraficantes, como buenos católicos, contribuyen con dinero en sus localidades a la construcción de templos y otras obras de caridad o de beneficio social administradas por la Iglesia".

El arzobispo de Monterrey, cardenal Francisco Robles, también denunció el proceso: "Es una cortina de humo, porque el pueblo sabe dónde están los verdaderos blanqueadores de dinero, los verdaderos corruptos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de octubre de 2003