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VISTO / OÍDO

Mil leches

Quizá Rajoy tenga que acudir a la cirugía estética para que le deshagan el rictus de felicidad. En otros tiempos, incluso en la época de Franco, era normal que el presentido o el nombrado afectasen gravedad y hablaran de "la pesada carga del poder" para prometer que harían lo mejor posible; y muchos pedían al Altísimo (en público, que es lo que tiene efecto) que les ayudara. Pone éste cara de monja recién confesada; las manchitas rojas se le han borrado, o ha sido obra del maquillador del PP. Cuidado: está demasiado contento para ser bueno.

Como en los iconos griegos, donde la máscara de la comedia se enlaza con la de la tragedia, contrasta el rostro de Mayor Oreja grave, despectivo, huidizo: como si también a él los suyos le hubieran robado, como a Simancas y a los madrileños. No quiere ser ministro, con lo cual no lo será ya nunca, y deberá abandonar la política. Podrá fundar una empresa de policía privada. A menos que se vaya de tránsfuga al PNV, que es una salida para alguien con vocación y con la sangre que en el análisis da pureza vasca, del que algo nos reímos los mil leches. Él debía saber, como lo supimos los demás, que su carrera había terminado cuando provocó las elecciones vascas para perderlas en mayo de 2001. Ha tenido un permiso, y lo ha hecho mal: el vasquismo se ha ido agrandando hasta estosenormes límites. Pero ¿fue él quien inclinó a Aznar a esa política de ruptura o Aznar a él? ¿Fueron los coros de ¡Basta ya! y la justa cólera y la necesidad de venganza de las víctimas supervivientes del terrorismo, que han pasado de ser una asociación solidaria con la que estamos todos a convertirse en un grupo de presión que llega a impedir la gira de Manu Chao por España porque lleva un cantante nacionalista, lo cual es rebajar a lo ridículo la grandeza de sus vidas rotas? Me salgo del tema, aunque nunca es inoportuno: el hecho es que Mayor lleva dos años perdido, con Redondo, y se acaba para siempre. Y no se le pone la cara feliz del que se suelta de la "pesada carga", sino la desgraciada de aquel a quien quitan algo suyo. Y así pone cara de boca circunfleja.

(Mil leches: "Patria pequeña y fronteriza, mil leches hay en tus cenizas, pero un soplo de libertad revuelve el monte, el campesino, el marinero y la ciudad", canta Serrat; yo vengo de Madrid, de Palencia, de Jerez; yo vengo de Irlanda y de Francia; y algunos judíos de Tierra de Campos se hicieron cristianos por mí, para que sus descendientes pudiéramos levantarnos y llamarnos ateos. Con riesgos; pero vale la pena).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de septiembre de 2003