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Crónica:

El Atlético, sólo de penalti

Los rojiblancos superan al Málaga y se llevan el Trofeo Carranza tras un partido discreto

Fernando Torres jugó poco. Pero, en realidad, fue el que más jugó. El delantero rojiblanco es especial y zarandeó la bahía de Cádiz con sólo dos regates, una carrera y un par de disparos. Torres removió los posos espesos del ritmo trotón de los bolos veraniegos, introdujo en el partido otra velocidad y se convirtió en la referencia clara del Atlético. En un destino razonable para la pelota, en una autopista llena de salidas hacia algún lugar. Y eso que entró cuando el partido había traspasado ya la línea del desorden y la apatía y los dos equipos ensuciaban la pelota sin dar un pase a derechas.

ATLÉTICO 0 - MÁLAGA 0

Atlético: Sergio, García Calvo, Santi, Hibic, Pinola; Colsa (Simeone, m. 54); Movilla, Jorge, Nano (Javi Moreno, m. 73); Paunovic (Rodrigo, m.46); y Nikolaidis (Fernando Torres, m. 59).

Málaga: Arnau; Gerardo, Mario (Valcarce, m. 90), Fernando Sanz, Alexis; Manu (Josemi, m. 51), Miguel Ángel (Romero, m. 59), Leko, Duda; Edgar y Canabal.

Árbitro: Esquinas Torres. Amonestó a Mario.

Unos 7.000 espectadores en el Ramón de Carranza. El Atlético se proclamó campeón del torneo tras el lanzamiento de penaltis (4-2). Los anotadores fueron Jorge, Rodrigo, Javi Moreno y Fernando Torres para el Atlético, y Luque y Leko para el Málaga.

En los primeros cuarenta y cinco minutos, el Atlético había tenido mucho la pelota. Y no la había movido mal. Pero sólo conseguía desentrañar el laberinto hasta el área rival. Todo era predecible. Y las jugadas acababan en un tiro lejano o un centro inexacto al punto de penalti.

Y es que, aunque en el Atlético sólo juega un medio centro, la pelota se adormece en tres cuartos pasando de lado a lado. Eso, contra equipos como el Málaga, basta y sobra para controlar el juego contrario y para asegurar una enorme posesión de la pelota. Además, la disposición táctica rojiblanca tenía truco. Se suponía que Movilla hacía méritos como interior derecha. Pero el centrocampista crea juego en cualquier parte del campo. Incluida la banda. Y desde esa posición, casi fuera del encuadre, el madrileño tuvo algunas de las mejores ideas del Atlético. Entre ellas, meter pases en diagonal a las entradas, rápidas de Nikolaidis, Paunovic o Fernando Torres.

Sin embargo, la tendencia a refugiarse en zona conocida, el centro, de Movilla y la escasa aportación como lateral derecho de García Calvo, lastraron la capacidad de llegada por esa banda. En la izquierda, Nano lanzó guiños de ganas, cierta habilidad para el regate y fuerza. Pinola, el lateral izquierdo de la cantera, dejó claro que es central y que su aparición por el costado no deja de ser un parche circunstancial, como el de García Calvo. Paunovic, que se suponía que debía jugar tras Nikolaidis, se dejó caer por las bandas sin profundizar y Jorge, que debía ayudar a Colsa a crear juego conectó con Nano y Nikolaidis, pero apenas colaboró en la creación del juego.

El Málaga tuvo pocas ocasiones pero buenas. El juego largo, esquivando jugadores y alargando metros que postula Juande Ramos, favorece que sus equipos apenas se acerquen al área rival. Que no muevan la pelota cerca del portero adversario. Que apenas haya acciones a balón parado en las proximidades de la línea de gol. Pero, sin embargo, propicia que cuando llega un balón y, además, un jugador a la zona de peligro, lo hagan juntos y, sobre todo, solos.

Así, Sergio, el portero olvidado de la nómina rojiblanca, tuvo que estirar su alargada figura para salvar dos oportunidades muy claras. Sobre todo, una en el minuto 42. Un cabezazo desde el área pequeña de Alexis que el asturiano, en un arranque de inspiración y reflejos dejó en un susto. También un disparo de Duda desde fuera del área requirió de las dotes voladoras de un meta que habitualmente es más bien sobrio en el escorzo y economizador en el gesto hacia la grada.

En esa táctica de mover el balón deprisa destacó Edgar. El delantero se movió rápido entre líneas y aprovechó algunos desajustes defensivos, principalmente de Hibic. Es éste un jugador veloz, que entiende bastante bien el concepto de juego de su técnico. Desde luego, mucho mejor que Canabal, muy lento y con tendencia a liarse entre sus propias piernas. También demostró adaptarse a la perfección al juego condensado en un suspiro Manu. Un extremo habilidoso de los que consiguen llegar hasta la línea de fondo.

En los últimos minutos, ya con Simeone en el campo, el Atlético perdió algo del control casi absoluto que había mantenido sobre la pelota. El Málaga movió más, pasó con facilidad el medio campo rojiblanco y despistó con cambios de juego y jugadas individuales a los centrales del Atlético.

Ninguno de los dos equipos consiguió marcar un solo gol. En el segundo periodo, de hecho, salvo los destellos de Fernando Torres, el juego degeneró en un vaivén soporifero que los espectadores gaditanos castigaron con algunos pitos. Las ocasiones se volvieron fruto del barullo y del cansancio.

Al final, los penaltis decidieron lo que nadie supo resolver en el campo. El Atlético se llevó el Carranza. Pudo haber sido al revés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de agosto de 2003