Entrevista:Anne-Hélène Suárez

"El buen gobierno no es tanto un arte político como el reflejo del orden cósmico en el mundo"

Tengo ante mí ejemplares de diversas versiones del Tao te king. Me digo que Borges soñó con un libro infinito sin darse cuenta de que se escribió hace como dos mil quinientos años. Abro los distintos volúmenes por el primer capítulo y leo. No dicen lo mismo. O dicen lo mismo de diversas maneras. Contemplo la escritura china. Entiendo que el infinito (que puede ser pensado pero no imaginado, según decía Descartes) se propone aquí, en la grafía, a modo de metáforas gráficas. ¿Es el chino una forma poética de construir el mundo?

Anne-Hélène Suárez ha traducido a poetas como Bai Juyi, Wang Wei, Su Dongpo, Li Bai, pensadores como Confucio, y también es responsable de la versión del Tao te king reeditada ahora por Siruela.

"Tao es una palabra muy corriente en chino aunque desde hace siglos se la ha cargado con un sentido metafísico"

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PREGUNTA. ¿Por qué traduce

Tao por "curso"?

RESPUESTA. Dejar Tao sin traducir no me gusta, porque el lector tiende a darle un sentido especial, a menudo erróneo, lleno de misterio y exotismo, cuando en chino se trata de una palabra muy corriente; significa "camino", "vía", "lecho de río", "curso de una corriente"..., y me parece que para el lector occidental la palabra por la que se traduzca tiene que ser igual de corriente, independientemente de que desde la antigüedad se haya ido cargando este término con sentidos figurados, abstractos o metafísicos, relacionándolo con el orden cósmico, el orden natural, el insondable e inagotable origen del universo, etcétera. Es evidente que "curso" no abarca el calidoscopio de significados de Tao, pero también lo es que casi ninguna palabra del chino antiguo tiene un equivalente exacto en nuestros idiomas y, si tal fuera el criterio para no traducir Tao, prácticamente no podría traducirse nada.

P. ¿Por qué "curso" y no "vía", que es la opción más habitual?

R. Porque "vía" remite a algo más bien estático, mientras que "curso" es dinámico, implica perpetuo movimiento, tal como se describe el Tao en el libro. Además, por las numerosísimas referencias al agua y a la comparación que se hace del curso con una fuente impetuosa, de inagotable caudal, a la vez origen y confluencia de todo. La referencia al agua aparece en muchos capítulos y los adjetivos que se emplean para decir que el Tao es inmenso, abismal..., a menudo tienen como clave semántica (o radical) la grafía de lo acuático. Por último, me decidió definitivamente la primera frase del primer capítulo, donde se hace un juego de palabras de difícil traducción.

P. ¿"El curso que se puede discurrir no es el curso permanente"?

R. Sí. En chino, en esta frase, la palabra dao (Tao) se lee tres veces: dao ke dao fei chang dao, la primera y la tercera como sustantivo ("curso"), la segunda como verbo ("discurrir"). En chino antiguo, una palabra puede poseer varios valores gramaticales y diferentes sentidos dependiendo de dónde se coloque. El carácter dao no sólo es el camino o el curso, sino también "hacer camino", "seguir el curso", o sea, estar en conformidad con el orden cósmico. Pero en esta frase, dao como verbo también significa "decir" y "pensar", de ahí que haya optado por "discurrir", que abarca ambas ideas además de la de "andar", "correr" etcétera, y tiene la misma raíz que "curso", con lo cual el juego de palabras queda razonablemente bien reproducido.

P. Me gustan los comentarios con los que acompaña su traducción. Al contrario de otros traductores, cuyas anotaciones se centran en explicaciones metafísicas y en comparaciones conceptuales, se fija en el aspecto ideográfico.

R. Me gusta fijarme en esto, quizá por influencia de las traducciones que hago de poesía clásica. El poema no sólo tiene una cadencia, una musicalidad, sino que puede recurrir al juego visual que permite la escritura china. En los textos antiguos, la forma gráfica de los caracteres puede dar mucha información.

P. Hay, tanto en sus notas como en su versión del

Tao te king una voluntad de desmitificación del sentido esotérico del libro, ¿no es así?

R. Lo que quise ofrecer es una traducción lo más parecida al texto original, que emplea un lenguaje extremadamente conciso y sencillo. Esa concisión (además de las posibles erratas, variantes e interpolaciones que aparecen en las diferentes versiones chinas del texto) constituye, paradójicamente, su dificultad a la hora de interpretarlo y traducirlo. Su lenguaje es simple, duro a veces, pero cadencioso y poético, y eso es lo que quise reflejar, tratando en lo posible de no insertar en el texto explicaciones ni nada que no fuera indispensable.

P. Muchos capítulos tienen que ver con la labor del gobernante. ¿Entiende que es un libro fundamentalmente orientado al gobierno?

R. En las creencias chinas antiguas, el mundo natural y el mundo humano estaban íntimamente trabados; el orden humano tenía que reproducir el orden celeste. El inmenso desfase que se observaba entre ambos, con el caos y la violencia que esto acarreaba, constituía la gran preocupación de los pensadores de la época.

P. Bastante opuestas, sin embargo, las directrices del libro del

Tao a las confucianas...

R. Digamos que Confucio y Lao zi estaban de acuerdo en ciertas cosas básicas que pertenecen a las creencias de la antigüedad china. Que el rey ideal (o "santo") tenía que actuar igual que el Cielo, igual que el curso es algo que nadie ponía en duda.

P. Esto proviene del

I King ( Libro de las mutaciones), ¿no?

R. Proviene, por lo menos, de la antigüedad Zhou. Sobre lo que sí discrepaban las diversas tendencias era el cómo llegar a parecerse al Cielo. Confucio pensaba que la perfección del "santo" es innata, como la del Cielo, y que de haber existido un rey así el orden celeste se habría establecido espontáneamente.

P. ¿No puede adquirirse la perfección?

R. Según Confucio, uno puede perfeccionarse para tender lo más posible a esa figura arquetípica. Para ello había que cultivar los ritos, las virtudes como la benevolencia, la justicia, las relaciones armoniosas entre superiores e inferiores, la música, etcétera. En cambio, para Lao zi, dado que el Cielo no es bondadoso, ni social, ni necesita los ritos ni la música, dado, en definitiva, que es inhumano, indiferente e inexorable, el soberano o el aspirante a la sabiduría debe vaciarse de deseos, afectos, preferencias y aversiones, y ser capaz de abarcarlo todo, como el Cielo, que contiene absolutamente todo, tanto lo bueno como lo malo. El rey perfecto tiene la mente como un espejo que refleja todo el universo, al igual que el Cielo. Según Lao zi, de ser así el soberano, todo se armonizaría, se equilibraría espontáneamente.

P. Hablaba antes del "santo". ¿Por qué utiliza esta palabra? ¿No sería más adecuada la de "sabio"? ¿No está la palabra "santo" demasiado lastrada?

R. Sí, pero estamos ante un texto chino de varios siglos antes de Cristo; es evidente que no debemos leerlo con parámetros cristianos. Además, la palabra sheng, que aquí se utiliza, es aquella con la que los chinos traducen "santo" (cristiano, budista o lo que sea).

P. Dice el

Tao te king que el "santo", el que posee el conocimiento del Tao es un inmortal pues se identifica con el curso y comprende que la vida y la muerte no son sino facetas de lo mismo. ¿Qué es comprender?

R. El carácter de escritura para "santo" representa un hombre con una oreja desmesurada: es el hombre que oye. Resulta curioso observar que muchos de los caracteres relacionados con la inteligencia superior poseen el elemento semántico de la oreja, o sea, la acuidad para percibir las señales del mundo. Captar el Tao se dice literalmente "oír el Tao"; de ahí la célebre frase de Confucio: "Quien por la mañana capta el curso, al anochecer puede morir contento".

P. Dos maneras de concebir el conocimiento superior: el oído y la visión. Ciertamente, la sabiduría es más un saber oír que un saber decir; aquí solemos pensar que alguien tiene sabiduría cuando habla bien... Para oír el

Tao, parece que el libro establece un método: varios capítulos hacen referencia al cierre de las puertas de los sentidos...

R. Todas las cosas han de tener cabida en la mente del buen gobernante, por lo que debe mantenerla nítida y lisa como un espejo. Tanto él como el sabio que practica la meditación deben ser impermeables a los estímulos externos y apagar cualquier atisbo de deseo manteniendo concentrada su energía que, de otro modo, podría disiparse; por eso se habla de cerrar las puertas y los orificios. Deben llegar a la serenidad absoluta, incluso a cierta "idiotez", como dice Lao zi, librándose de todo conocimiento adquirido -o sea, de prejuicios- y de toda complejidad. Se trata de desaprender ("quien se dedica al estudio crece día a día, quien se dedica al curso mengua día a día", dice el texto) hasta alcanzar la inacción.

P. La inacción es un concepto muy similar al que encontramos en la India en el

Bhagavad Gita: actuar sin atención a los resultados. Actuar sin deseo.

R. Sí, no se trata de quedarse quieto, sino de no interferir en la virtud del curso, de identificarse con él. De este modo, uno actúa con total imparcialidad -puesto que el curso no tiene preferencias ni aversiones-, actúa "sin actuar" (wuwei), al igual que el Tao. El rey ideal practica el wuwei porque el buen gobierno no es tanto un arte político como el reflejo del orden cósmico en el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de agosto de 2003.

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