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Tribuna:DESDE MI SILLÓN | TOUR 2003 | Decimocuarta etapa

Noche en el Tourmalet

"Mira Igor, nunca en mi vida hubiese pensado que caben tantas estrellas en el cielo". El que hablaba era yo, aunque un poco más joven. El otro era Igor Astarloa, también ciclista hoy en día (del equipo del ganador de ayer, Gibo Simoni), y también un poco más joven.

La conversación tenía lugar de madrugada en un lugar indeterminado del final de la subida al mítico Tourmalet, tumbados boca arriba y cubiertos por un saco de dormir en el mismo asfalto por el que pasarán hoy los corredores camino de Luz Ardiden.

Era el año 1991 y las verdaderas estrellas estaban por llegar al día siguiente. Como manda la tradición, en todo el País Vasco la conjunción de Tour y Pirineos era sinónimo de excursión para no perderse detalle y dejar la carretera blanca inmaculada. Se juntaban las cuadrillas de amigos en los pueblos, preparaban toda la infraestructura (ikurriñas, cámaras de fotos, refrescos y cervezas y los imprescindibles botes de pintura y aparejos para la barbacoa) y arrancaban en la víspera camino de Lourdes, que una vez allí solo era cuestión de seguir la caravana.

Nosotros tuvimos suerte. Los mayores de nuestro barrio tenían dos plazas libres en un coche, así que dijeron: bueno, pues les decimos a estos dos que andan siempre arriba y abajo con las bicicletas. Y nosotros no lo dudamos lo más mínimo, es más, fuimos los primeros en ocupar la plaza por si acaso había sorpresa de última hora.

Y allí estuvimos en un día maravilloso. Y vimos a Indurain seguido a muy pocos metros de Chiapucci camino de Val Louron, donde cimentaría su primera victoria en el Tour. Y vimos a Lemond sufriendo, perdiendo unos metros y despidiéndose del que sería su último Tour. Y vimos al líder, un tal Leblanc. Y a Marino, y a Perico, y a Bugno, y a todos, porque vimos y animamos a todos y cada uno de los corredores. Y cómo no, soñamos en ser algun día como ellos...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de julio de 2003