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Crónica:FÚTBOL | 37ª jornada de Liga

A un centímetro del título

El Madrid, con Ronaldo en plan estelar, arrolla a un decepcionante Atlético en un partido que da el vuelco al campeonato

El Madrid salió del Manzanares con el título en la mano, después de un partido imprevisto, donde el Atlético concedió una goleada escandalosa. Lejos de complicar la vida a su viejo rival, asistió perplejo a la exhibición de Ronaldo y compañía. Las figuras del Madrid funcionaron como tales, sin distracciones, con el poderío que se supone en gente como Raúl, Zidane, Guti o Figo. No hubo partido porque la tarde no fue cosa de dos. Uno se pareció a la idea que se tiene del mejor Madrid y el otro se pareció al Atlético de esta temporada.

Pocas veces ha ofrecido menos resistencia el Atlético al Madrid en el Manzanares, donde la parroquia presumía un duelo apasionado que no se vio por ninguna lado. Fue un partido de carril que el Madrid se llevó con la autoridad que le había faltado en los últimos tiempos. Jugó bien, no cometió sus habituales errores defensivos y encontró a sus figuras en el lugar exacto y en el momento preciso. Eso ocurre cuando Ronaldo se perfila frente a la línea defensiva, cuando Zidane le ve, cuando Figo oficia de extremo y desborda, cuando Raúl hace de muelle y se mueve entre el medio campo -para ayudar en la elaboración- y el área pequeña -para marcar goles-, cuando Guti maneja el juego con su facilidad para producir pases, cuando Makelele ofrece su mejor versión de aguador. Eso ocurrió, en definitiva, frente a un adversario decepcionante. El Atlético, que se ha extraviado en los momentos críticos de la temporada, fracasó en un partido que debía exculparle de sus pasados errores. Así lo pensaba su hinchada, que acudió en masa al Manzanares, confiada en darse el gustazo de quitarle la Liga al vecino detestado.

ATLÉTICO 0 - REAL MADRID 4

Atlético: Esteban; Otero (Jorge, m. 19), Coloccini, García Calvo, Sergi; Albertini, Emerson; Aguilera, José Mari, Luis García (Movilla, m. 67); y Fernando Torres.

Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Helguera, Roberto Carlos (Pavón, m. 84); Makelele, Guti; Figo (McManaman, m. 72), Raúl, Zidane (Solari, m. 74); y Ronaldo.

Goles: 0-1. M.7. Pase profundo de Zidane a Ronaldo, que marca con un tiro violento.

0-2. M.18. Figo desborda a Sergi, centra y Raúl se adelanta a la defensa en el segundo palo.

0-3. M.31. Gran pase de Guti a Roberto Carlos, cuyo centro lo remata Ronaldo.

0-4. M.73. Raúl remata una falta.

Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Coloccini y Sergi.

56.000 espectadores en el Calderón.

Lo que vio el Manzanares fue una infame actuación de su equipo, que manifestó una extrema debilidad en todos los aspectos del juego. Su defensa invitó al desastre desde la primera jugada del Madrid, es decir, el gol de Ronaldo. Le encontró Zidane con un pase maravilloso, pero en la rigidez, lentitud y blandura de la defensa rojiblanca se observaron todos los síntomas del descalabro. El tanto acabó con cualquier dramatismo: el Real Madrid recorrió la primera parte con un aire marcial, sin sentirse importunado en su juego, con Ronaldo imperial. En el partido que pone la Liga en las manos del Madrid, Ronaldo se desató ante la mirada perpleja de los defensas del Atlético. Cada una de sus intervenciones manifestó su incomparable capacidad para infligir daño en el área. De nuevo fue decisivo en un momento trascendental, como ha sucedido durante todo el año. El mejor Ronaldo ha aparecido en los partidos donde se miden a los grandes futbolistas: en Manchester, frente al Valencia, ante la Juve. En el Manzanares provocó el terror con el primer gol y no hubo manera de apearle. La defensa del Atlético asistió paralizada a su exhibición, que tuvo un efecto expansivo sobre el resto del Madrid. Cuando Figo recordó sus días de gran extremo, se acabó el encuentro.

Figo ha perdido velocidad, pero su papel es crucial para el equipo. Desborde o no, y todavía tiene recursos para hacerlo, su presencia en el costado derecho es más que necesaria. El Madrid necesita abrir el campo como pocos equipos, primero para dar espacios creativos a Zidane y Guti, segundo para amenazar a las defensas y tercero para conceder oportunidades a Raúl y Ronaldo en el área. Figo, competitivo y orgulloso como es, lo ha olvidado más de la cuenta esta temporada, pero el segundo gol frente al Atlético demostró la importancia del extremo.

El segundo tanto explicó lo que significa Figo, y también la inoperancia del Atlético, que no tuvo ningún recurso que oponer. Luis sustituyó a Otero por Jorge ante la catástrofe que se adivinaba, aunque más sorpresa produjo la titularidad del lateral, jugador vulgar donde los haya. Tampoco se explica muy bien la reticencia de Luis con Movilla, al menos en el medio campo actual del Atlético, que no se distingue ni por su ingenio, ni por su quite. Albertini pareció más veterano que nunca y Emerson no tuvo la oportunidad de mostrar el lado caótico que le caracteriza. Simplemente no apareció. Cada línea era una calamidad. No había manera de pensar en los delanteros, o en un milagro de Torres. El Atlético no tenía manera de llegar al área del Madrid. Su única preocupación era salvarse de los ataques del Madrid. Cuando Guti y Raúl se incorporaron al baile, el partido se hizo baile. Llegaron los goles, se quebró el ánimo de la hinchada rojiblanca, fracasó el Atlético y el Madrid salió del Manzanares con un resultado sensacional. Con la Liga a un centímetro, nada menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de junio de 2003