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Reportaje:LOS DISCOS DE NUESTRA VIDA

'JT', de James Taylor

JT, publicado en 1977, es el elepé que demostró la viabilidad profesional de James Taylor. Primer disco de su contrato con CBS, marca la reconversión del atormentado cantautor de Sweet baby James en un vocalista amable, brillante en las celebraciones de la vida conyugal (Your smiling face, There we are), siempre hábil en el reciclaje de éxitos añejos (aquí es Handy man, tema de Jimmy Jones que le permite alardear de sus poderes amorosos). A partir de mañana, y durante una semana, EL PAÍS ofrece este álbum a 5,95 euros.

En Estados Unidos, James Taylor es el prototipo del cantautor. Cantautor: artista elocuente que usa preferentemente guitarra acústica, aunque le respalde un grupo discreto de rock. Cantautor: creador de una obra autobiográfica, con resonancias generacionales. La identificación parte de 1971, cuando ocupa la portada de Time.

Para el semanario, Taylor (Boston, 1948) es perfecto. De familia acomodada y musical, tres de sus hermanos grabarán discos tras el impacto de Sweet baby James. Criatura frágil, Taylor conoce los hospitales psiquiátricos, y no sólo para vencer la heroína. En 1968, instalado en Londres, es fichado por los Beatles para el sello Apple, por recomendación de Peter Asher, que se convertirá en su productor y representante.

Esas experiencias impregnan su segundo disco, Sweet baby James (1970), ya en Warner, que tiene un eco inmediato en masas juveniles agobiadas por los excesos del rock, abrumadas por la polarización de Estados Unidos, perdidas en una contracultura que desemboca en la violencia y las drogas duras. La terapia de Taylor pasa por la estabilización emocional, la recuperación de las distancias cortas y el atrincheramiento en una vida sencilla.

Que conste que la suya es una receta universal. Como explica Santiago Alcanda, su principal propagandista español, en el último número de la revista Efe Eme, "la revolución de James Taylor consiste en mostrar al prójimo la necesidad vital de soltarse, expresar y compartir emociones, dolores y fantasmas ocultos, con la suave caricia de melodías entrañables, armonías infinitas y versos de escalofrío, de humor y de reflexión".

Tras el boom, James hace cine -Two lane blacktop, de Monte Hellman- y se casa con Carly Simon, carismática cantautora perteneciente a la jet set cultural neoyorquina: su padre fundó la editorial Simon & Schuster. Como dirá Joaquín Guzmán, son el rey y la reina de las confesiones musicadas. Refugiados en los privilegiados parajes de Martha's Vineyard, giran y sacan discos, ocasionalmente con temas a dúo.

Taylor pasa a CBS en 1977. Como suele ocurrir, se luce en su estreno para la nueva compañía. JT cuenta con la engrasada eficacia del guitarrista Danny Kortchmar (autor del tema Honey don't leave L.A.), el bajista Leland Sklar, el teclista Clarence McDonald y el baterista Russell Kunkel. Los adornos de steel guitar son de Dan Dugmore, David Sanborn toca el saxo, Red Callender pone la tuba, el productor Peter Asher aporta percusiones. Los arreglos de cuerda vienen firmados por David Campbell (ahora conocido como el-padre-de-Beck). En las voces de acompañamiento, Linda Ronstadt, Leah Kunkel y, naturalmente, Carly Simon.

La fascinación de los estadounidenses por la bella pareja es alimentada en JT por esa oda a la felicidad matrimonial que es Your smiling face, aparte de la filosófica Secret o'life ("Nadie sabe cómo llegamos / a lo alto de la colina / pero ya que estamos bajando / sería mejor disfrutar del descenso"). Menos evidente es Bartender blues, un ejercicio de estilo country -Taylor volverá a grabarla con el maestro del género, George Jones- sobre la atracción de los bares. Resulta que esos tópicos tenían base en la realidad: ya divorciados, Carly contaría que James era de los que iban "a comprar unos cigarrillos" y no volvía a casa en varios días.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de junio de 2003